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Uno de los trastornos mentales más conocidos y comunes en nuestra sociedad es la depresión. Aunque este desorden del estado de ánimo es ampliamente conocido, se suele hablar poco sobre sus causas.

¿Qué es la depresión?

La depresión es un trastorno afectivo mediante el cual se expresa el dolor y malestar psicológico. Esto incluye síntomas tanto psíquicos como somáticos, de forma que para diagnosticar y aplicar el tratamiento adecuado es esencial evaluar el entorno del paciente (situación familiar, laboral, sentimental o conyugal...).

La depresión es un trastorno clínico agudo que afecta al cerebro. Va más allá que sentirse "hundido" o "triste" algunos días, hay que diferenciar la tristeza de la depresión. La diferencia esencial es que la tristeza es una respuesta natural ante un estímulo doloroso, esta expresión del dolor manifestado emocionalmente es un mecanismo de respuesta necesario. Sin embargo si la tristeza perdura en el tiempo volviéndose crónica, sin o con causa aparente y con una modularidad severa, afectando el funcionamiento normal del paciente en todas las áreas de su vida cotidiana, entonces estamos refiriéndonos a una depresión. 

La depresión no es una respuesta natural sino que se trata de una patología que puede derivar en incapacidad. Estudios epidemiológicos revelan que por ejemplo en los Estados Unidos el 20% de la población padece esta enfermedad.

¿Cuáles son las causas de la depresión?

Las principales causas de la depresión se deben a factores genéticos (predisposición genética) por lo que es muy importante evaluar si el paciente tiene antecedentes familiares

Asimismo, los cuadros depresivos también pueden deberse a factores fisiológicos, tanto como a la situación personal y a causas ambientales. A continuación explicaremos cada uno de estos factores.

1. Factores genéticos

Si en el ámbito familiar próximo (progenitores y/o hermanos) se halla la presencia de antecedentes de depresión, esto puede aumentar las probabilidades de padecer esta enfermedad desde un 25% hasta un 30%. Hay estudios con gemelos monocigóticos (provenientes de un único cigoto que se divide en dos posteriormente a la fertilización) que demuestran que en uno de los hermanos la probabilidad de padecer depresión aumenta hasta un 50% en el caso de antecedentes en el otro. La probabilidad, sin embargo, se reduce considerablemente en los mellizos (gemelos dicigóticos), hasta un 25% menos.

Conforme la ciencia avanza en materia de genética, se han hallado genes relacionados con la predisposición de que un individuo sea más o menos susceptible a la depresión (como por ejemplo: SERT­s ­gen transportador de serotonina corta). Se estima que hasta 214 genes pueden estar implicados con el riesgo de padecer depresión.

2. Factores fisiológicos

La depresión está relacionada con la disminución de un neurotransmisor llamado serotonina, concretamente en las dendritas que transmiten los impulsos del axón de una neurona hasta el soma de otra. Por esta razón los psiquiatras emplean en ocasiones un grupo de fármacos, los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina, cuya función, principalmente, es aumentar la predisposición de los niveles serotonérgicos de los pacientes con depresión, el más famoso de ellos sin duda el que se comercializa con la marca Prozac cuyo principio activo es la fluoxetina. 

También pueden usarse otros medicamentos como los ansiolíticos que actúan sobre otro neurotransmisor: el GABA (ácido γ­aminobutírico), la ansiedad está considerada la hermana de la depresión y generalmente van unidas en mayor o menor medida según el cuadro, los medicamentos ansiolíticos como las benzodiacepinas son los que más comúnmente se recetan.

Entre otras causas se encuentran las alteraciones endocrinas, estas son otra de las causas más frecuentes con las cuales se asocia la depresión, entre las cuales destacan la diabetes y el hipertiroidismo.

3. Factores personales

Está comprobado que la prevalencia de esta enfermedad es significativamente superior en el caso de las mujeres, sobre todo durante el embarazo y el posparto (DPP) debido a las variaciones hormonales.

La depresión posparto (DPP) se define como un trastorno transitorio cuya aparición se da entre dos y cuatro días después del parto y que desaparece de forma espontánea en un periodo de dos semanas. Hay dos tipos de DPP, la depresión baby­blues y el trastorno depresivo en sí mismo.

En medicina se denomina baby­blues a la alteración leve en el estado de ánimo de la madre, con síntomas depresivos leves. Se manifiesta por falta de concentración, ansiedad, tristeza, pero sobre todo por una inestabilidad del humor con gran tendencia al llanto. No requiere tratamiento ya que desaparece espontáneamente al poco tiempo.

Sin embargo, en el caso del DPP, los síntomas se manifiestan a las 12 semanas y presentan un cuadro más agudo, pueden darse síntomas tanto psicológicos como físicos, por ejemplo en el primer caso se pueden dar sentimientos de inutilidad, ideación suicida o pensamientos vinculados con la muerte, y en el caso de los síntomas físicos, estos pueden incluir dolor de cabeza y molestias intestinales entre otros. En este caso si se requiere tratamiento médico.

La edad también es un factor determinante. El periodo comprendido entre los 35 y los 45 años, es el de más incidencia de esta enfermedad. Aunque también cabe destacar la depresión en menores, principalmente en el periodo de la pubertad y la adolescencia, edad en la cual experimentamos cambios hormonales muy importantes a la vez que psicológicamente nos definimos como personas. En el caso de las conductas depresivas durante la infancia, hay que prestar mayor atención ya que puede tener una manifestación muy diferente a la de los adultos y en ocasiones se camufla bajo otro tipo de trastornos, sin embargo es sumamente importante prestar especial atención al ámbito familiar.

4. Factores ambientales

Se consideran causas ambientales todos aquellos estímulos externos que influyen en la persona y que pueden actuar como catalizadores de la depresión

Situaciones negativas, familiares y/o laborales, pueden producir estrés y desencadenar en depresión, especialmente si la persona tiene un historial de dependencia etílica o de consumo de drogas. La escasa relación con otras personas, tanto como la dificultad de comunicarse y el aislamiento son factores clave que potencian la probabilidad de que un individuo desarrolle un cuadro de depresión.