Un problema de salud que afecta a los patrones de sueño. Unsplash.

Es normal encontrarse cansado a veces. Tras estar trabajando intensamente todo un día, cuidando de los hijos o estudiando para los exámenes finales, el cuerpo se fatiga y necesita un buen sueño reparador.

Dormir es una de las mejores curas, dado que ayuda a regenerar el organismo, calma la mente y el cuerpo y permite estar desconectado durante unas horas. Sin embargo, las ganas de dormir pueden ser un problema si se experimentan durante todo el día a lo largo de varias semanas. Pueden ser el indicador de que algo no anda como debería y es necesario ver qué es lo que sucede.

Por eso, hay mucha gente que considera esto una señal de alerta y se hace una pregunta típica con la que a menudo acuden a la consulta del psicólogo: ¿por qué solo tengo ganas de dormir? Vamos a ver cuáles pueden ser las causas detrás de estas ganas de descansar llevadas a un extremo, además de ver algunas estrategias y buenos hábitos para hacer frente a esta situación.

"Solo tengo ganas de dormir": posibles causas

Cuando solo se tienen ganas de dormir y este problema se prolonga por mucho tiempo es posible que haya un problema al que se le debe prestar importancia.

En principio, dormir es algo necesario para que el organismo pueda recuperarse. Mientras se está dormido, el organismo segrega la hormona del crecimiento, la cual, además de contribuir en el desarrollo del cuerpo, ayuda a regenerarlo. Al alcanzarse el sueño profundo el organismo adquiere una situación de profunda calma y tranquilidad, lo cual permite desconectarnos del estrés del día a día, además de servir para poder reestructurar el pensamiento y poder dar lo máximo de nosotros al día siguiente. Es por todo esto que dormir bien es tan importante, dado que nos permite hacer frente a las demandas cotidianas y llevar una vida plena y feliz.

La falta de sueño es algo acumulativo. Sacrificar horas de sueño por la noche repercute en el día siguiente. El organismo necesita recuperar las horas que no se han dormido. Si esta situación se repite de forma continuada por un largo período de tiempo, se puede llevar a una situación de hipersomnia bastante grave, en la que interferirá en la vida laboral y familiar de quien la padece al dormirse en la oficina o no poder pasar tiempo con sus seres queridos porque necesita urgentemente una siesta.

Además de no tener una buena higiene del sueño, se puede dar el caso de que se tenga un estilo de vida con malos hábitos. La falta de hidratación, además de tener una dieta en la que abundan los azúcares y escasean los nutrientes pueden llevar a un estado de desnutrición que produzca fatiga y somnolencia diurna.

El estrés no es un buen amigo del sueño. El estar viviendo por un proceso en el que hay ansiedad puede dificultar conciliar un buen sueño nocturno. Tras estar tumbado durante horas sin poder dormir, al llegar el día, aparecen las ganas de dormir de golpe, cosa que no se puede satisfacer si se tienen una vida laboral u otras obligaciones que se deben realizar durante el día. Otra cosa que puede ocurrir es que se logre dormir, pero no de forma profunda y, por tanto, no se beneficia de un sueño reparador.

Algunos trastornos relacionados con el exceso de sueño

Además de todas las causas aquí comentadas, más de tipo conductual y relacionadas con unos hábitos de salud inadecuados, cabe indicar que los trastornos psicológicos y las enfermedades médicas también pueden estar detrás de querer dormir todo el día.

La depresión es uno de los trastornos mentales en los que es más frecuente que la persona manifieste síntomas de hipersomnia. Las personas que sufren de un estado anímico deprimido pueden dormir más de lo que es normal, yéndose pronto a la cama y despertándose bastante tarde al día siguiente. Dormir muchas horas puede ser una forma de “hacer desaparecer” su problema durante un rato. Otra razón por la que se puede hacer esto es que dormir, para algunas personas, es lo más parecido a estar muerto.

La hipersomnia, como trastorno en sí, es el hecho de tener gran necesidad de dormir durante el día, sin que el sueño nocturno se haya visto afectado. Es habitual que se de cuando se está ante una situación monótona, aunque las veces que se bosteza y se siente la necesidad de echar una cabezada es preocupante. Además, si se duermen durante el día, puede que el sueño no sea del todo reparador.

El síndrome de Kleine-Levin es otro trastorno del sueño, muy poco común, que se da habitualmente en hombres. Quienes lo manifiestan pueden sufrir episodios una vez al año en los que se pasan entre 16 y 18 horas seguidas durmiendo.

Otro caso es la narcolepsia, en el que se pasa de estar despierto a estar dormido rápidamente y de forma súbita, aunque este sueño es reparador y dura unas 2 o 3 horas, pese a lo peligroso que resultan estos ataques de sueño si se está conduciendo, por ejemplo.

Entre las enfermedades médicas asociadas a problemas con el sueño están la anemia, la diabetes, enfermedades cardiovasculares y sufrir obesidad mórbida. Además, el abuso de según qué sustancias, como lo son la marihuana, pueden contribuir a tener unas extremada necesidad de dormir.

¿Qué hacer ante tanto sueño?

Hay diferentes formas de hacer frente a esta gran necesidad de querer dormir, sin embargo estas no van a ser muy efectivas si primero no se averigua cuál es el origen de aquello que lo causa. A continuación explicamos algunas estrategias para poder disminuir las ganas de dormir durante el día.

1. Consumo de cafeína

Por todos es sabido que bebidas como el café o el té son activadoras. La cafeína es una sustancia excitadora que puede ser la aliada para hacer frente a un día agotador y atrasar las ganas de dormir.

No obstante, es importante indicar que, pese a que no es una sustancia peligrosa, sí que es adictiva y consumirla en grandes cantidades puede tener como efecto rebote no poder dormir por la noche, provocando todavía más ganas de dormir al día siguiente. En la moderación está la clave.

2. Organización y disciplina

Muchas veces, los estudios y el trabajo pueden descontrolarse, llegando el día en el que tenemos que entregar un trabajo o un informe y que, pese a que nos dieron mucho tiempo de antelación para preparlo, nos toca hacer el día antes de su entrega. Debido a esto, trabajamos hasta bien tarde, sacrificando horas.

Seamos sinceros, la culpa de esto es nuestra. La mejor forma de evitar este tipo de situaciones es organizarse y tenerlo listo con la suficiente antelación como para no tenernos que preocupar hasta las tantas de la madrugada.

Si nos vamos a dormir cuando debemos, disfrutaremos de más horas de sueño, podremos alcanzar con mayor facilidad el sueño profundo y disfrutaremos de un sueño reparador.

3. Meditación, ejercicio y relajación

No es un misterio que la meditación ayuda a calmar el cuerpo y la mente. Meditar o practicar técnicas de relajación antes de irse a dormir puede ayudar a destensar el cuerpo, facilitando un mejor sueño.

Si se duerme bien por la noche, es más probable que al día siguiente no se sufran tantas ganas de querer ir a dormir.

El ejercicio físico, especialmente el cardiovascular, ayuda a segregar endorfinas en el cerebro que inducen a una sensación de bienestar y menos estrés. Esto ayuda a conciliar el sueño y permite despertarse al día siguiente totalmente recuperado y con energías.

4. Alimentación sana

La desnutrición y la deshidratación pueden estar detrás de sentir mucho sueño durante el día. Una dieta rica en frutas y verduras, además de consumir en cantidades saludables proteínas, carbohidratos y grasas, ayuda a que el organismo cumpla con todas sus funciones básicas.

Para evitar tener ganas de dormir durante todo el día es recomendable empezarlo con un desayuno equilibrado dado que, pese a que ya se ha desmitificado lo de que es la comida más importante del día, sí que es cierto que se trata de la primera comida.

5. Acudir a profesionales

Si la causa detrás de este problema es un trastorno del estado anímico o una enfermedad médica como es la anemia, es muy importante acudir a un psicólogo o médico para que pueda elaborar un diagnóstico y un tratamiento adecuado.

Entre los tratamientos que se pueden utilizar, se ha apuntado que la terapia lumínica puede ayudar a reajustar los ciclos circadianos, los cuales son la clave para poder disfrutar de un sueño saludable.

Referencias bibliográficas:

  • Erro, M. E. y Zandio, B. (2007). Las hipersomnias: diagnóstico, clasificación y tratamiento. Anales del sistema sanitario de Navarra, 30(1), 113-120.
  • Dauvilliers, Y., Lopez, R., Ohayon, C. y Bayard, S. (2013). Hypersomnia and depressive symptoms: methodological and clinical aspects. BMC Medicine. 11(78), 1-9.