Una fobia vinculada al mar. Unsplash.

A pesar de que el ser humano es una especia animal adaptada a la vida terrestre, los mares y océanos están muy presentes en nuestras vidas.

El simple hecho de que la mayoría de la superficie de nuestro planeta esté cubierta por agua marina hace que debamos adaptarnos a la presencia de estas grandes superficies líquidas, grandes masas que pueden servirnos para navegar y para encontrar en ella recursos naturales, pero que en ciertos contextos pueden ser una amenaza.

En este artículo hablaremos de la faceta del océano que experimentamos con más sensación de peligro y ansiedad: la talasofobia.

¿Qué es la talasofobia?

El concepto de talasofobia hace referencia a un tipo de fobia específica en la que aquello que produce un miedo extremo es el océano o el mar. Es decir, que una persona que experimente esta alteración mental sentirá terror y una gran ansiedad por la simple exposición a este entorno, a veces incluso aunque no esté cerca de verdad y simplemente esté mirando un vídeo en el que aparezca esta inmensa masa de agua.

Al tratarse de una fobia, ese nivel de malestar debe ser clínicamente significativo (lo cual significa que hay un deterioro de su calidad de vida claro y evidente que le impide hacer muchas cosas y frecuentemente le lleva a sufrir) y aparece en contextos en los que el océano o el mar no supone un peligro razonable u objetivo.

Evidentemente, si estamos a punto de caer por la quilla de un barco seguramente sentiremos terror, pero las personas con talasofobia se sienten de un modo similar simplemente al contemplar el océano o una masa de agua similar. Como trastorno de ansiedad que es la talasofobia, sus mecanismos van más allá de la racionalidad.

Síntomas

Tal y como hemos visto, la talasofobia es una fobia específica que aparece cuando el sujeto se expone a estímulos que interpreta como la señal de que cerca hay un océano o un mar (o cuando ve directamente estas masas de agua). Por lo demás, sus diferencias con el resto de fobias de este tipo desaparecen, lo cual significa que los síntomas son los típicos de estos trastornos de ansiedad y que solo varía aquello que los desencadena.

De manera resumida, se puede decir que los principales síntomas de la talasofobia son los siguientes: taquicardia, sudores, temblores, pensamientos catastróficos, crisis de estrés, pérdida de control sobre los propios movimientos, y una gran sensación de peligro.

A nivel neurobiológico ese estado de alerta injustificado implica la activación del sistema nervioso simpático, el cual prepara a la persona para reaccionar ante el más mínimo estímulo y predispone la reacción conductual de la huida.

A nivel conductual, la persona tiende a reaccionar de dos maneras: huyendo de manera descontrolada y casi automática, y evitando la exposición al estímulo fóbico para prevenir la aparición de estos ataques de ansiedad ante la presencia real o ficticia del océano.

Causas

Del mismo modo en el que ocurre con el resto de fobias, no hay una causa clara que provoque la talasofobia, sino que más bien hay una multiplicidad de factores que pueden tener como consecuencia su aparición.

En primer lugar debemos considerar la posibilidad de haber vivido experiencias traumáticas. Estas son experiencias en las que una huella emocional muy desagradable queda asociada a una variedad de estímulos que, al ser percibidos, pueden desencadenar en tiempo real la experimentación de un estado fisiológico y emocional similar a lo que se sintió en la experiencia traumática original.

Por ejemplo, haber estado a punto de morir ahogado, o haber perdido a alguien querido de esta forma, puede predisponer a la experimentación de este trastorno de ansiedad. Además, hay que tener en cuenta el aspecto biológico, y más concretamente las predisposiciones genéticas a reaccionar con grandes cantidades de ansiedad ante situaciones en las que se siente que hay o va a haber una pérdida del control. En las fobias, uno de los mecanismos de estrés más habituales tiene que ver con la expectativa de sufrir una crisis de ansiedad, lo cual genera un efecto bucle de profecía autocumplida y esa experiencia desagradable que se temía y se esperaba pasa a ser una realidad.

Diferencias con otros trastornos de ansiedad similares

Hay dos fobias que se parecen a la talasofobia: la batofobia, o miedo a las profundidades, y la hidrofobia, o miedo al agua. Aunque a la práctica es muy frecuente que los estímulos que las desencadenan sean casi las mismas, hay matices a tener en cuenta.

La talasofobia se da ante la presencia real o imaginaria de mares y ocñeanos, es decir, masas de agua que normalmente se extienden hasta el horizonte, y que podemos sentir muy cerca a pesar de que nos separen kilómetros de su orilla. El miedo es a estas masas de agua en sí, independientemente de su profundidad.

En la hidrofobia, en cambio, el miedo es al agua, la cual puede aparecer muy alejada de los mares y océanos: por ejemplo, en cuevas, restaurantes, piscinas, grifos, lagos, etc.

En la batofobia lo que genera terror es la noción de profundidad. Es decir, la sensación de que hay una masa de materia de estabilidad precaria que nos separa del fondo de un abismo. Esta experiencia puede aparecer en el mar, pero también en la nieve, en la arena o incluso en una piscina de bolas.

Tratamiento

Afortunadamente, la talasofobia tiene buen pronóstico en la mayoría de las ocasiones, ya que las fobias específicas responden muy bien al tratamiento psicológico. Tras varias sesiones y algunas actividades a realizar de manera autónoma, la mayoría de casos en los que se dan esta clase de trastornos de ansiedad dan paso a una mejora relativamente rápida, hasta el punto en el que el nivel de ansiedad causado por el estímulo fóbico deja de ser clínicamente significativo.

Una de las técnicas que más utilizan los psicólogos para tratar la talasofobia es la exposición, que consiste en exponer el sujeto a aquello que le da miedo de manera controlada, y habiéndose fijado una serie de objetivos. A medida que se van dando los progresos se incrementa la dificultad de estas experiencias, que en la mayoría de los casos se producen bajo la supervisión directa del profesional de la salud mental.

Se puede trabajar usando paisajes reales en los que haya mar u océano, o simulaciones experimentadas mediante gafas de realidad virtual, aunque al principio también es frecuente utilizar solo la imaginación.

Referencias bibliográficas:

  • Robert Jean Campbell (2009). Campbell's Psychiatric Dictionary (en inglés). Oxford University Press. pp. 375.
  • Snyder, Kari (2003). "Attack of the Water Monster". Boating. New York: Hachette Filipacchi Media. 76 (4): 44.
  • Robert Jean Campbell (2009). Campbell's Psychiatric Dictionary. Oxford University Press. pp. 375.