Según diversas teorías psicoanalíticas, de corte lacaniano, el ser humano nace con la necesidad de mirar, de subjetivar su contexto a través de la mirada. Es lo que se llamaría pulsión escópica. Para estas corrientes los humanos somos seres escópicos, tenemos la necesidad de mirar y gozamos con ello.

Cuando este goce de mirar al otro se convierte en excitación sexual, entonces ya podemos hablar de voyeurismo, el cual se caracteriza por alcanzar la excitación sexual mediante la observación de personas desnudas o realizando alguna actividad sexual, sin el conocimiento de estas.

¿Qué es el voyeurismo?

La palabra voyeur, de origen francés, deriva del verbo voir (ver), junto con el sufijo de agente -eur, y su traducción literal es “el que ve”.

Según el ámbito clínico, un voyeur o voyeurista es aquella persona que busca obtener excitación sexual observando a personas desnudas o que realizan alguna actividad sexual, sin embargo, esta conducta no implica ninguna actividad sexual posterior por parte de la persona que observa.

El voyeurismo puede llegar a alcanzar el grado de parafilia, considerándose en ocasiones como un trastorno. El llamado trastorno de voyeurismo implica llevar a cabo los impulsos y fantasías de tipo voyeurista sin el consentimiento de la otra persona; experimentando un malestar significativo o un deterioro funcional debido a tales deseos o impulsos.

El voyeurismo según la práctica clínica

Pero no todas las prácticas voyeuristas pueden considerarse patológicas. Es cierto que si nos ceñimos a la definición tradicional de parafilia: comportamiento sexual cuya fuente principal de placer se sitúa fuera del coito, el voyeurismo puede ser considerado como tal.

Ahora bien, ni todo comportamiento voyeurístico es parafílico, no las todas las parafilias pueden considerarse patológicas por sí mismas. Todo dependerá del grado de interferencia en la vida sexual y no sexual de la persona, y del posterior malestar o deterioro de esta.

La mayoría de personas que tienen intereses parafílicos no cumplen los criterios clínicos para el trastorno parafílico. Estos criterios se resumen dos puntos:

  • Los comportamientos, deseos o fantasías de la persona le provocan un malestar clínicamente significativo, un deterioro funcional o causen daños a terceros.
  • Este conjunto de comportamientos debe darse durante más de seis meses.

El anhelo de observar a otras personas en contextos sexuales es muy frecuente, y no puede ser considerado anómalo en sí mismo. Estas conductas tienen a comenzar en la época adolescente o a principios de la vida adulta.Sin embargo, si durante el transcurso de este se convierte en patológico, la persona acaba invirtiendo un tiempo considerable en la búsqueda de oportunidades para mirar a otros; obstruyendo el resto de responsabilidades o actividades diarias.

Síntomas y señales

Habitualmente, una persona voyeurista o voyeur tiene a observar la escena sexual desdecierta distancia y, ocasionalmente, escondido. Observando a través, de resquicios o cerraduras o mediante la utilización de objetos como espejos o cámaras.

Este comportamiento se acompaña, ocasionalmente, de actividades masturbatorias; pero no es una condición necesaria para la práctica del voyeurismo. Además, el riesgo de ser descubierto actúa como potenciador de la excitación.

A menudo, esta disposición voyeurista se acompaña de tendencias exhibicionistas. Es decir, la persona disfruta de mostrarse, de forma más o menos abierta, semidesnudo o completamente desnudo. Tanto el voyeurismo como el exhibicionismo poseen un un gran componente compulsivo e irrefrenable. En ambos, antes y durante cada comportamiento sexual, aumenta la tasa de sudoración y la tasa cardíaca ante la aparición de estímulos relacionados con dichas actividades; efectos que desaparecen tras la realización del acto voyeurista.

Es necesario distinguir también, entre voyeurismo y la sola excitación por contemplar un cuerpo desnudo. La principal diferencia estriba en que en el voyeurismo no existe conocimiento y/o consentimiento por parte de la persona observada, mientras que en el resto de actividades sexuales se da por sentado que sí que la hay. Siendo tal contemplación de la desnudez una parte dentro de la actividad sexual, y no la totalidad de esta.

Por lo que respecta a las características de personalidad de un voyeurista, estas conductas suelen relacionarse con personas que han sido tímidas durante la adolescencia, siendo necesario destacar que no son sujetos propensos a poseer rasgos especialmente patológicos.Otro término relacionado con el voyeurismo, pero algo diferente, es el candaulismo, nombre que proviene de un personaje histórico Candaules, último rey de la dinastía Heráclida. Esta expresión hace referencia a un comportamiento en el cual la persona que observa obtiene placer al observar a su pareja manteniendo relaciones sexuales con otra persona.

Tratamiento

Como se menciona anteriormente, son pocas las personas con gustos voyeuristas en las que la conducta acaba derivando en trastorno; ya que para la gran mayoría de ellos estos comportamientos no suponen un problema ni en su vida diaria ni para su salud psicológica.

Por lo tanto, también son pocas las personas que se derivan a los centros de psiquiatría o salud mental. En la mayoría de los casos estos pacientes son derivados a estas unidades tras haber infringido la ley y haber sido condenados como agresores sexuales. En este caso, el trastorno por voyeurismo tiene dos vías de actuación:

  • Psicoterapia junto con asistencia a grupos de apoyo e inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS), estos últimos para paliar los actos compulsivos de mirar.
  • Medicamentos antiandrógenos en casos muy graves.

Cuando los ISRS no son eficaces, debido a la gravedad del trastorno, se pasa a considerar los medicamentos para reducir los niveles de testosterona e inhibidores de la libido. Esta medicación, más conocida como antiandrógenos, no disminuye directamente los niveles de testosterona; sino que al incluir agonistas de la hormona liberadora de gonadotropina (GnRH) y acetato de medroxiprogesterona de depósito estos inician una reacción hormonal en cadena que sí reduce la producción de testosterona.

Dado la agresividad de este tratamiento y sus efectos secundarios se requiere del consentimiento informado del paciente y de un riguroso de la función hepática y las concentraciones séricas de testosterona.

Penalización de las conductas voyeuristas

En ciertas culturas el voyeurismo está considerado una perversión y en varios países se califica como un delito sexual.

  • Reino Unido agregó este comportamiento al Sexual Offences Act of 20013, criminalizando así el acto de observar a alguien sin su consentimiento.
  • A finales de 2005, Canadá promulgó una ley similar, declarando el voyeurismo como un delito sexual.
  • EE.UU. también penaliza esta práctica en nueve de sus estados.