La personalidad se entiende como un patrón de comportamiento y pensamiento relativamente estable a lo largo del ciclo vital a través del tiempo y de las situaciones que nos proporciona unas pautas de preferencia conductual y que influye en nuestra forma de entender y actuar en el mundo y a nosotros mismos. 

Sin embargo, en algunas ocasiones la personalidad que se va forjando a lo largo del desarrollo no se estructura de una manera adaptativa y funcional respecto al medio en el que se vive, cosa que supone una dificultad para al limitar la propia actuación y reducir las posibilidades del sujeto además de producir frustración y sufrimiento. 

Por ejemplo puede dificultar la posibilidad de establecer relaciones íntimas, adecuar la conducta al contexto o presentar maneras de pensar y actuar fantasiosas y alejadas de la realidad. Es lo que ocurre en el trastorno esquizotípico de la personalidad.

El trastorno esquizotípico de la personalidad

Se entiende por trastorno esquizotípico de la personalidad el conjunto de patrones de comportamiento y pensamiento relativamente consistentes a lo largo de la vida del sujeto y a través de las situaciones en las que el individuo que lo padece manifiesta un patrón de deficiencias interpersonales que le dificultan la presencia de relaciones personales estrechas a la vez que mantiene un comportamiento considerable como excéntrico y en el que se presentan diversas alteraciones cognitivas.

El trastorno esquizotípico de la personalidad está catalogado como trastorno de la personalidad grave, que entraría dentro del clúster A. Supone una severa dificultad para quien lo padece, pues hace difícil el mantenimiento de relaciones sociales y puede provocar sensación de desamparo y vacío. También puede costarle focalizarse en objetivos concretos y presentar episodios de desrealización y despersonalización. Hay una afectividad limitada y descontextualizada, y en ocasiones anhedonia.

Las personas con personalidad esquizotípica suelen mantener creencias e ideaciones consideradas como fantasiosas o extrañas. Destacan las creencias de tipo paranoide y autorreferencial, si bien no suelen llegar a nivel de delirio. También es frecuente que tengan creencias y pensamiento mágico y supersticioso. No es infrecuente que experimenten alteraciones perceptivas, como ilusiones e imágenes. Su comportamiento puede no adecuarse al contexto social o a las situaciones que se estén viviendo.

Sus habilidades sociales

Las capacidades sociales de las personas con trastorno esquizotípico de la personalidad son limitadas, manifestando comportamientos extravagantes y un elevado nivel de ansiedad social que permanece a pesar de que exista un contacto frecuente y familiar. Esto es producido en gran parte por las ideaciones paranoides que les hace ser muy suspicaces con el comportamiento ajeno. 

Además, estas personas se muestran frías y distantes y tienden a aislarse. Sin embargo, aunque no en todos los casos su aislamiento se debe más a la ansiedad y a la desconfianza que a una falta de interés social.

Su lenguaje también presenta particularidades, ya que pese a mantener lógica y coherencia tienden a usar términos llamativos y a tener un discurso tangencial que no va directo a la cuestión que quieren plantear. El uso de metáforas y circunloquios es frecuente.

Causas del trastorno

Como trastorno de personalidad que es, el trastorno de personalidad esquizotípica es un patrón de pensamiento y conducta que es en gran medida aprendido y adquirido a lo largo de la vida, a pesar de que existe predisposición genética a manifestar determinadas características. Sin embargo hay que tener en cuenta que dependiendo del contexto esta predisposición puede no expresarse, de manera que el ambiente tiene una gran importancia en su aparición.

Los estudios realizados respecto a elementos biológicos que puedan explicar este trastorno parecen indicar que el trastorno esquizotípico de la personalidad es más común en familiares de pacientes esquizofrénicos, lo que sugiere que es posible que aspectos genéticos y/o educacionales puedan provocar este tipo de personalidad. También se ha manifestado la presencia de elementos semejantes a la esquizofrenia, como la presencia de dificultades en el seguimiento ocular del movimiento o la presencia de concentraciones bajas de monoamino oxidasa plaquetaria.

El sistema reticular ascendente y el sistema límbico son partes del encéfalo que se han intentado vincular a la etiología de este trastorno. También se habla de la presencia de hipersensibilidad a la humillación o desaprobación por parte de sus semejantes y/o las figuras de referencia durante el desarrollo como elementos que pueden desencadenar este trastorno junto con una pobre estimulación.

Tratamiento

El tratamiento de un trastorno de personalidad resulta especialmente complejo, dado que supone alterar el modo de ver el mundo, pensar y actuar de una persona. La personalidad es un conjunto de rasgos que tienden a permanecer más o menos estables a lo largo de la vida, con lo que resulta difícil modificarla. 

Sin embargo, existen métodos que pueden servir para este propósito. En lo que se refiere al trastorno esquizotípico de la personalidad el tipo de tratamiento que se suele aplicar es cognitivo-conductual, aunque también se ha empleado con éxito la terapia psicodinámica.

En primer lugar hay que tener en cuenta que los individuos con este tipo de características tienden a ser muy suspicaces y proclives al pensamiento paranoico, con lo que resulta fundamental establecer una muy buena relación terapéutica basada en la confianza y el respeto de cara a disminuir las sospechas y los posibles conflictos de cara a poder trabajar la situación de manera eficiente.

En lo que se refiere a la presencia de distorsiones cognitivas, el tratamiento en cuestión pasa por proponer al paciente la realización de experimentos conductuales que prueben o falseen sus creencias, de manera que pueda evaluar sus pensamientos. 

Aspectos como la citada suspicacia o el pensamiento mágico pueden reducirse en gran medida, no siendo efectivo la confrontación directa de las creencias. También se ha de hacer reflexionar sobre su manera de pensar y actuar y los perjuicios que le provocan. Así, es común emplear técnicas como la reestructuración cognitiva.

Intervención sobre las relaciones personales

Otro aspecto crucial es el entrenamiento en habilidades sociales de cara a paliar sus dificultades interpersonales. Se recomienda el uso de la terapia en grupo y técnicas como el psicodrama y el modelado de conductas sociales pueden ser de gran utilidad para mejorar aspectos como la adecuación de la conducta al contexto y el desarrollo de la comunicación. 

Además, se permite con ello la existencia de una retroalimentación de la conducta de cada sujeto por parte del resto de participantes. También resulta de utilidad contribuir a la mejora de su lenguaje y expresividad, proponiendo el uso de resúmenes en caso de que exista circunstancialidad.

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