El trauma afecta a las mujeres de una manera característica

Nuevos estudios muestran que el trauma se expresa de un modo distinto en ellas.

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Durante mucho tiempo se ha asumido que el cuerpo y la mente responden de forma parecida ante las mismas experiencias difíciles. Se habla de estrés, de superación, de seguir adelante, y se espera una reacción similar sin mirar demasiado a quién le ocurre. Sin embargo, cuando se observa con calma, aparecen matices que cambian bastante la conversación.

La historia personal, el momento vital y también el sexo influyen más de lo que suele reconocerse. Especialmente en las mujeres, ciertas vivencias dejan huellas que no siempre se entienden desde los modelos habituales. Tener en cuenta estas diferencias es una forma de comprender mejor qué necesita cada persona para sentirse más estable y segura.

Una mirada general al trauma

Cuando se habla de trauma, no se hace referencia solo a eventos extremos o poco frecuentes. Un trauma es cualquier experiencia que sobrepasa la capacidad de la persona para manejar lo que ocurre en ese momento. Puede tratarse de un accidente, una pérdida repentina, una agresión, una enfermedad, o situaciones repetidas como el abandono emocional o la violencia en el entorno cercano.

El sistema nervioso responde al trauma activando mecanismos de supervivencia. Aparecen respuestas como la alerta constante, la evitación de ciertos estímulos, la desconexión emocional o la dificultad para relajarse.

Estas reacciones no son decisiones conscientes, sino ajustes automáticos que el cuerpo aprende para protegerse. El problema surge cuando ese estado se mantiene en el tiempo, incluso cuando el peligro ya no está presente.

Además, el trauma no depende solo de lo que ocurrió, sino de la manera en que se experimentó. Dos personas pueden atravesar situaciones similares y tener consecuencias muy distintas, porque influyen la edad, el apoyo recibido, experiencias previas y la sensación de control o indefensión en ese momento.

Qué ocurre de forma particular en las mujeres

En las mujeres, el impacto del trauma presenta algunas características propias que conviene entender con calma. A nivel biológico, los sistemas que regulan el estrés funcionan de manera distinta.

Un estudio publicado en Journal of Traumatic Stress indicó que el eje que gestiona la respuesta hormonal ante situaciones amenazantes puede reaccionar de forma más prolongada o, en algunos casos, quedar atenuado, sobre todo cuando el trauma ocurrió en etapas tempranas de la vida.

Esta y otras investigaciones muestran que mujeres que vivieron experiencias muy perturbadoras en la infancia desarrollan una respuesta al estrés menos intensa en términos hormonales. Esto no significa que sufran menos, sino que el cuerpo deja de activar ciertos recursos de forma eficaz. Como resultado, aparecen cansancio persistente, dificultades para concentrarse o sensación de bloqueo ante situaciones exigentes.

También influye el papel de las hormonas sexuales. Cambios en los niveles de estrógeno y progesterona afectan la manera en que el cerebro registra y reactiva recuerdos asociados al miedo. Esto explica por qué algunas mujeres notan variaciones en sus síntomas según el momento del ciclo o etapas como el posparto y la menopausia.

A nivel emocional, el trauma en mujeres suele estar muy ligado a experiencias interpersonales. Agresiones dentro de relaciones de confianza, abuso emocional o físico y situaciones de traición relacional generan un impacto fuerte en la identidad y en la percepción de seguridad. Cuando estas vivencias se repiten, el daño se acumula y la recuperación se vuelve más compleja.

En comparación, muchos hombres tienden a expresar el malestar mediante conductas externas como la irritabilidad o el consumo de sustancias, mientras que las mujeres muestran más evitación, tristeza persistente y dificultades para sentir placer.

Además, ellas tienen mayor probabilidad de que los síntomas se mantengan en el tiempo si no reciben un acompañamiento adecuado.

Qué tener en cuenta para cuidarse mejor

Si se reconocen estas diferencias, el abordaje también necesita ajustarse. No basta con aplicar las mismas recomendaciones para todas las personas, porque el cuerpo y la historia influyen en cómo se procesa el trauma.

Al principio, conviene entender que el ritmo de recuperación no es lineal y que forzarse a “funcionar” como antes suele aumentar el malestar. Escuchar las señales físicas y emocionales permite ajustar expectativas y buscar apoyos más adecuados.

A partir de ahí, compartimos algunas claves útiles:

  • Respetar los tiempos internos. El cuerpo necesita sentirse seguro antes de poder procesar lo ocurrido. Presionar para hablar o revivir experiencias sin esa base suele generar más tensión.
  • Cuidar la relación con el cuerpo. Prácticas suaves que ayuden a regular el sistema nervioso, como la respiración consciente o el movimiento tranquilo, facilitan una sensación de estabilidad diaria.
  • Revisar la autoexigencia. Muchas mujeres aprendieron a sostener mucho hacia afuera. Reducir la carga interna pasa por cuestionar expectativas rígidas y permitir más flexibilidad.
  • **Buscar espacios terapéuticos sensibles al género. ** No todas las terapias abordan el trauma del mismo modo. Algunas técnicas trabajan mejor cuando consideran la historia relacional y corporal de la persona.
  • Dar valor a la percepción subjetiva. Cómo se vivió el evento importa tanto como el evento en sí. Nombrar lo que fue significativo ayuda a ordenar la experiencia.
  • Fortalecer vínculos seguros. Relaciones donde se pueda poner límites y expresar necesidades sin miedo favorecen la regulación emocional.
  • Observar la relación con la culpa. Muchas mujeres tienden a responsabilizarse de lo ocurrido. Identificar ese patrón permite soltar cargas que no corresponden.
  • Ajustar el autocuidado a la realidad. No es necesario crear rutinas perfectas, sino gestos posibles que acompañen el día a día sin añadir presión.
Esther Tomás Ruiz

Esther Tomás Ruiz

Psicóloga, coach y terapeuta de familia y parejas

Profesional verificado
València
Terapia online

Hablar del trauma con esta mirada más afinada permite comprender por qué ciertas reacciones aparecen y por qué no todo se resuelve con fuerza de voluntad. Entender cómo afecta de forma particular a las mujeres abre la puerta a formas de acompañamiento más respetuosas y ajustadas a lo que cada persona necesita en su proceso.

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  • Hinchey, L. et al. (2025). Not small men: Sex-specific determinants of cortisol reactivity to psychosocial stress following trauma. 38(4). pp. 707-719.

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Esther Tomás Ruiz. (2026, enero 29). El trauma afecta a las mujeres de una manera característica. Portal Psicología y Mente. https://psicologiaymente.com/clinica/trauma-afecta-mujeres-manera-caracteristica

Psicóloga

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Esther Tomás Ruiz es psicóloga especializada en los problemas emocionales, así como terapeuta de familia y parejas, con consulta en Valencia.

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