Los cambios generados por la crisis del coronavirus son muchos y nos afectan en diferentes aspectos de nuestra vida. Además, muchos de estos cambios van a durar mucho tiempo, motivo por el que es importante adaptarse a ellos del mejor modo posible y desarrollar recursos psicológicos para gestionarlos.

Sin embargo, el problema no es solo esforzarnos por llevar a cabo nuevos hábitos y estrategias orientadas a reforzar nuestro bienestar. Es, también, afrontar la incertidumbre y decidir qué hacer a pesar de ella, asumiendo que no tenemos las respuestas para todos los interrogantes acerca de lo que pasará en los próximos meses.

En este artículo veremos algunos consejos psicológicos acerca de lo que podemos hacer para gestionar esta sensación de incertidumbre e inseguridad, y evitar que esta nos paralice.

La incertidumbre ante los tiempos que estamos viviendo

En la situación actual, las malas noticias ligadas a la pandemia y a la crisis económica ligada a ésta son una constante, y éstas constituyen un factor de generador de ansiedad e incertidumbre.

La evolución de la epidemia, las previsiones de caídas de la economía del país y por tanto la previsión de aumento del desempleo pueden hacer que nuestro mundo se tambalee, que nuestros hábitos y todo aquello que damos por sentado sufran una transformación. El reto está también en afrontar el hecho de que no sabemos muy bien qué hacer, en qué dirección se van a producir esos cambios y cómo nos van a afectar.

¿Cómo nos puede llegar a afectar la incertidumbre?

Aquí veremos cuáles son las diferentes maneras en las que el contexto de cambios y dudas acerca de lo que pasará nos influye psicológicamente.

Eso sí, no hay que olvidar que cada persona es un mundo. Hay variables individuales que nos llevan a vivir la incertidumbre de forma diferente en función de la personalidad de cada uno, así como de las circunstancias que hayamos vivido: si se han producido pérdidas significativas durante el confinamiento (familiares, económicas, etc.), cambios en el trabajo (teletrabajo, cambio en funciones o en horarios...), situaciones de desempleo ligadas a ERTES o ERES, problemas de conciliación familiar...

1. Cambios en nuestra forma de relacionarnos

Es probable que las medidas de distanciamiento social vayan apareciendo y desapareciendo por regiones, según la propagación del virus esté controlada o no. Esto significa no estar seguros de si dentro de una semana no vamos a poder abrazar a nuestros seres queridos, de si deberemos hacer uso de mascarillas al salir a la calle, de si podremos ir con normalidad a lugares de socialización como bares o terrazas, etc.

2. Procesos de duelo

El duelo es un fenómeno psicológico emocionalmente doloroso que va asociado a la sensación de pérdida. Surge tras eventos como la muerte de un ser querido, la pérdida de un estilo de vida con el que estábamos familiarizados, cambios en nuestro cuerpo o en nuestra salud que interpretamos como algo muy malo, etc.

Durante esta crisis del coronavirus, los procesos de duelo están siendo más frecuentes e intensos que de forma habitual, y es por ello que en la actualidad muchas personas estén necesitando apoyo psicológico.

3. Dudas acerca de qué hacer con nuestra trayectoria profesional

No hay que olvidar que el COVID-19 ha tenido un fuerte impacto en la economía, y esto hace que muchas personas se encuentren ante la duda de qué hacer con sus trayectorias profesionales.

Incluso quienes no han sufrido despidos o han tenido que cerrar se sienten forzados a posicionarse ante la transformación económica que va a sufrir el país, y esto puede resultar muy angustiante.

¿Qué hacer?

Apatía, tristeza, desesperanza o nerviosismo e irritabilidad son emociones frecuentes en la situación actual, debido en parte a la sensación de incerteza.

Sin embargo, no tenemos por qué limitarnos a vivirlas como si fuesen algo que no podemos gestionar en mayor o menor medida. En función de nuestra adaptación a esta “nueva normalidad” vamos a ser capaces de controlar mejor nuestro estado anímico y emocional.

Para adaptarnos a la nueva normalidad, nos podemos apoyar en estas ideas clave de adaptación psicológica.

1. Aceptar el cambio

Es importante dejar ir la idea de que la vida debería seguir siendo tal y como era antes de la pandemia, porque puede generar frustración. Es mucho más adaptativo aceptar que el cambio es algo que potencialmente puede ser positivo (para uno mismo y/o la colectividad) y hacerlo propio. Un ejemplo sería la incorporación de las medidas preventivas en nuestros hábitos. Esto implica, entre otras cosas, no obsesionarnos comparando el presente con la realidad previa a la expansión del coronavirus.

2. Entender que el duelo es un proceso que debe ser respetado

En estos tiempos de COVID-19, muchas personas han perdido a un familiar de una forma dramática, pues sus seres queridos han muerto solos y muchas veces sin velatorio ni ceremonia de despedida; estos factores pueden incidir en el desarrollo de un duelo patológico.

Una persona que ha pasado por esto y siente que no avanza a la hora de adaptarse a la nueva realidad en la que esa persona ya no está, o siente que no controla sus emociones(ira, tristeza, angustia, desesperación), puede que esté en el momento idóneo de valorar acudir a psicólogo especializado.

Ante pérdidas importantes, debemos entender que elaborar el duelo es el proceso de reparación del daño emocional ocasionado por la pérdida y por tanto es fundamental. Esto requiere tiempo, cuidados y descanso.

3. En lo económico, distinguir entre lo que se puede controlar y lo que no se puede controlar

Durante estos meses, el plano económico es una gran fuente de incertidumbre, y puede seguir siéndolo durante bastante más tiempo. Para saber gestionar esto, hay que establecer una distinción entre lo que depende de nosotros y lo que no depende de nosotros.

En lo que uno no puede controlar, como por ejemplo las dinámicas macroeconómicas, es recomendable mantenerse informado para poder adelantarse a los acontecimientos, pero sin llegar a obsesionarse. Una buena idea es controlar el tiempo que pasamos expuestos a noticias de este tipo, procurando poner énfasis en la calidad de la información, por encima de la cantidad.

Fijando un tiempo máximo evitaremos que terminemos usando la necesidad de informarnos como una coartada para no tomar decisiones.

Por otro lado, ante aquello que uno puede controlar más o menos, hay que procurar mantener la disciplina a la hora de planear y ejecutar estrategias o nuevos proyectos: llevar un horario muy claro en nuestras actividades profesionales (especialmente si teletrabajamos), detectar situaciones que nos hacen perder el tiempo o no afrontar problemas a abordar, etc. Una crisis bien gestionada puede convertirse en una oportunidad para tomar decisiones que en otras circunstancias no nos hubiéramos atrevido a tomar.

4. No descuidar la importancia de los estímulos y los momentos agradables

Incluso aunque estemos pasando por un periodo de crisis, no hay que olvidar que seguimos siendo capaces de ser felices. Por eso, debemos permitirnos tener emociones positivas y potenciarlas una vez hayan surgido.

La incertidumbre no es motivo para estar las 24 horas a la defensiva por lo malo que pueda venir. Esto hará que realmente nos adaptemos a la nueva normalidad.

5. En caso de que sea necesario, busca ayuda profesional

Despertares

Los profesionales de la psicología estamos formados para dar apoyo a las personas que pasan por un mal momento debido a la crisis del COVID-19, y atendemos tanto de manera presencial (siempre y cuando no sea incompatible con la normativa de confinamiento), como a través del formato online (por videollamada). Si necesitas ayuda psicoterapéutica, ponte en contacto con nuestro equipo de Consulta Despertares.