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Los 7 tipos de estrellas (y sus características)

Un esumen de los principales tipos de estrellas según el sistema de clasificación de Harvard.

Samuel Antonio Sánchez Amador

Samuel Antonio Sánchez Amador

Tipos de estrellas

Las estrellas son esferoides luminosos de plasma que mantienen la forma debido a su propia gravedad. Estas brillan gracias a la fusión termonuclear del hidrógeno en helio, ya que la reacción libera una ingente cantidad de energía que irradia hacia el espacio exterior.

Dicho de otro modo, las estrellas son motores de energía cósmica que producen calor, rayos ultravioleta, rayos X y otras formas de radiación.

Cuando alzamos la vista al cielo lejos de un núcleo urbano, un sentimiento de nimiedad sobrecogedor nos invade: desde la Tierra, un ser humano puede observar unas 3.000 estrellas diferentes, pero se estima que en cada galaxia podrían existir unos 100.000 millones de cuerpos estelares, a su vez multiplicados por los 100.000 millones de galaxias que podrían existir. Estas cifras son incomprensibles para el ser humano, pero nos dejan más que claro lo efímera que es la existencia del individuo en las escalas más grandes.

Cuando hablamos de estrellas, solemos centrar nuestra atención en las constelaciones, las limitaciones físicas de la bóveda celeste. Nuestra especie tiende a organizar todo lo que le rodea, y por ello encontramos sentido en crear formas, patrones y mapas a partir de conceptos prácticamente inconcebibles desde un punto de vista físico. Con intención de romper un poco la clasificación por constelaciones, hoy te exponemos los tipos de estrellas, pero con base en su temperatura, masa y espectro.

¿Cuáles son los tipos de estrellas?

Desde un punto de vista meramente divulgativo, una estrella se puede definir como un astro o cuerpo celeste que brilla con luz propia en el firmamento. Dicho de otro modo, se trata de cada uno de los cuerpos celestes que se identifican en la noche al levantar la mirada, excluyendo solo a la luna, pues esta no genera luz (sino que refleja la solar).

Podríamos hablar de protoestrellas, estrellas T Tauri, estrellas rojas gigantes y muchas variedades más, pero vemos de interés ceñirnos a una clasificación concreta y seguir con ella, de principio a fin. Por ello, para mostrarte los 7 tipos de estrellas hemos elegido el sistema de clasificación de Harvard. Este criterio se basa en el espectro de cada cuerpo estelar, o lo que es lo mismo, los elementos que absorben los átomos que lo componen. Vamos a ello.

1. Clase 0

Esta clase engloba a las estrellas de tipo 0 u 0-type, extremadamente luminosas y con una radiación emitida en el rango ultravioleta. Si se observan en un orden secuencial con respecto al resto, son las más “grandes” de todas, de un tono blanco-azulado. Algunas de las estrellas masivas más grandes se encuentran englobadas en esta categoría.

Estas estrellas presentan temperaturas que exceden los 30.000 grados Kelvin, una cifra inconcebible para el ser humano medio. De todas formas, cabe destacar que el calor emitido por estos cuerpos se mide mediante la “temperatura efectiva”, o lo que es lo mismo, la temperatura de un cuerpo negro que emitiría la misma cantidad total de radiación electromagnética a la del elemento analizado. Se utiliza para estimar el calor emitido en un ente en el que no se conoce su curva de emisividad.

Las estrellas de clase 0 (y todas las variantes) se caracterizan por la fuerza relativa de ciertas líneas espectrales, que son resultado de un exceso o una carencia de fotones en un estrecho rango de frecuencias (comparado con las frecuencias cercanas). En esta ocasión, las líneas espectrales definitorias son HeII (Helio II), prominentes a 454,1 nm y 420,0 nm.

Estrella de clase 0

En resumen, y para mantener el espacio lo más divulgativo posible, las estrellas de clase 0 son muy grandes, muy calientes y con tonos azulados. No te preocupes, pues una vez asentados todos estos términos, iremos más rápido en las siguientes variantes.

2. Clase B

Igual que las de clase 0, son estrellas muy luminosas y azules. Son más pequeñas que las primeras, pero aún así albergan de 2 a 16 veces más masa que el Sol y también alcanzan de 10.000 a 30.000 grados Kelvin. Debido a su alta actividad energética y reactividad, las estrellas de clase B viven un período temporal relativamente corto.

Estas estrellas son definidas por las líneas espectrales de tipo He I, en el espectro violeta. Existen 9 subdivisiones dentro de esta clase, y la intensidad de las líneas del hidrógeno aumenta de forma constante en todas ellas. De nuevo, mantenemos el espíritu divulgativo diciendo que son más pequeñas que las clase 0, con una cromaticidad azul, pero de tamaño aún así inconmensurable y con una actividad energética extremadamente alta.

Estrella de clase B

3. Clase A

Estas estrellas son algunas de las más comunes a simple vista, es decir, las que observamos cuando miramos al cielo. Aproximadamente el 0,625% (1 de cada 160) de las estrellas “normales” en el sistema solar son de este tipo. Su temperatura oscila entre los 7.500 y 10.000 grados Kelvin, su masa es de 1,4 a 2,1 veces la del sol y su cromaticidad es blanca.

El espectro de estos cuerpos estelares se define por un fuertes líneas de Balmer, el conjunto de líneas que resultan de la emisión del átomo de hidrógeno cuando un electrón transita entre niveles. Las líneas de hidrógeno en este tipo de cuerpo estelar, por tanto, son muy altas.

Estrella de clase A

4. Clase F

En este grupo, destacan las llamadas líneas H y K del calcio, además de las líneas características del hidrógeno, en este caso más débiles. La temperatura efectiva de estos cuerpos estelares oscila entre los 6.000 y 7.500 grados Kelvin, su cromaticidad es blanca-amarillenta y la masa es relativamente similar a la del Sol (de 1,04 a 1,4 masas solares).

Estrella de clase F

5. Clase G

Aquí se incluye la estrella que nos da la vida, aquella que te permite leer estas palabras y a la vida existir: el Sol.

Las estrellas de tipo solar o clase G son de las más comunes también, pues representan a 1 de cada 13 (7,5%) de las observables en el sistema solar. Su temperatura efectiva es de 5.200 a 6.000 grados Kelvin, la cromaticidad es amarilla (como el propio Sol) y la masa es de 0,8 a 1,04 masas solares.

Sol

6. Clase K

A partir de aquí, entramos en las categorías de estrellas más “frías” que el Sol, aunque se encuentren en magnitudes que siguen siendo inconcebibles para el ser humano. Su masa es de 0,45 a 0,8 veces la del sol, la cromaticidad es naranja-pálida y la temperatura de estos cuerpos celestes oscila de los 3.700 grados Kelvin a los 5.200 K. En estas estrellas, las líneas de hidrógeno son extremadamente débiles, si es que están presentes. Representan el 12,1% de las estrellas al uso de nuestro sistema.

Estrella de clase K

7. Clase M

Estrellas con líneas de hidrógeno muy bajas (al igual que las de la clase K), pero que representan el 75% de las estrellas que componen el sistema solar. Curiosamente, producen “tan poca luz” que son invisibles al ojo humano, a menos que se utilicen aparatos especiales. Su temperatura es de 2.400 a 3.700 grados Kelvin, la cromaticidad es naranja-roja y la masa total corresponde a 0,08-0,45 masas solares.

Estrella de clase M

En este grupo se encuentran las estrellas conocidas como “enanas rojas”, “gigantes rojas” y “supergigantes rojas”. Todas ellas comparten los siguientes puntos: sus valores de masa y diámetro son inferiores a la mitad de los del Sol y la temperatura no aumenta más allá de los 4.000 grados Kelvin.

Resumen

Este complejo viaje por el mundo estelar nos viene a decir una cosa muy clara: la clasificación de las estrellas va mucho más allá de las gigantes, pequeñas y protoestrellas. Con este rango basado en el espectro, la masa y la temperatura, se pueden englobar todos los cuerpos celestes, sin necesidad de recurrir a terminología extremadamente compleja, reservada solo a unos pocos astrofísicos.

Además, nos hemos basado en las líneas de Balmer (de hidrógeno) para cuantificar la “visibilidad” de una estrella y su tipología, pero también cabe destacar que hay otras, como las líneas H y K del calcio, líneas del sodio y otras. Desde luego, el mundo de la astronomía reporta una cantidad de información ingente, tan interesante como difícil de entender.

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Graduado en Biología por la Universidad de Alcalá de Henares (2018). Máster en Zoología en la Universidad Complutense de Madrid (2019). Durante su carrera estudiantil, se especializó en comportamiento animal, evolución, parasitología y adaptaciones morfológicas animales al medio. En su estancia en el Máster profundizó en mecanismos evolutivos y comportamientos. También formó parte de un equipo del Museo Nacional de Ciencias Naturales durante dos años, donde realizó investigaciones de índole evolutiva. Aquí adquirió extensos conocimientos sobre genética, heredabilidad y otras cuestiones relacionadas con el ADN. A día de hoy, se dedica a tiempo completo a la divulgación científica, realizando artículos de evolución animal y psicología y medicina humana.

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