Si creciste con una madre (o un padre) con rasgos narcisistas, es posible que hayas aprendido a “leer el ambiente”, a minimizar tus necesidades y a ganarte el afecto con rendimiento o complacencia.
Y cuando te conviertes en madre o padre, aparece un miedo silencioso que a veces no te atreves ni a decir en voz alta:
“¿Y si hago lo mismo?”
Te lo digo con toda la ternura del mundo: ese miedo no te hace mala persona. Te hace consciente. Pero hay una verdad incómoda que también necesito decirte con amor: No basta con “no querer repetirlo”. Porque lo que se repite no es tu intención… son tus patrones de supervivencia.
Tu raciocinio puede prometer “yo no seré como ella”. Pero tu cuerpo —tu sistema nervioso— puede reaccionar desde la infancia cuando se activa la herida. Y entonces, sin darte cuenta, gritas, controlas, invalidas, te endureces, te desconectas… No porque quieras. Sino porque tu emoción toma el volante.
Por eso la única manera real de no repetir patrones es una: trabajar en tus heridas.
No para ser perfecto/a. Para ser responsable. Y también para algo muy importante: porque encerrarte en tu dolor te desconecta de tus hijos. Te deja físicamente presente, pero emocionalmente ausente. Y un niño no necesita un padre impecable. Necesita un adulto disponible.
Por qué se repite lo aprendido (aunque tú “no quieras”)
Hay una parte de este tema que es liberadora: entender que repetir patrones de tu madre narcisista, no es “maldad”, es aprendizaje.
Lo que se modela se hereda
Crecemos aprendiendo “cómo se ama” por imitación. Aunque jures que no lo harás, tu cerebro tiene grabados caminos:
- Cómo se pone un límite (o cómo se impone)
- Cómo se gestiona el conflicto
- Cómo se reacciona ante un “no”
- Cómo se responde a una emoción intensa
Si tu casa fue control, vergüenza, culpa, ley del hielo o exigencia… tu cuerpo aprendió que eso era “normal”.
El presente activa el pasado
Sientes que tus hijos te “retan”.
- Su rabieta toca tu herida de “no se puede sentir”
- Su desobediencia toca tu herida de “si no controlo, pierdo el amor”
- Su necesidad toca tu herida de “nadie me sostuvo a mí”
- Su libertad toca tu herida de “a mí no me dejaron ser”
Y ahí pasa algo clave: no reaccionas al niño; reaccionas a tu infancia. Es importante trabajar en ti, verte con compasión para ver que tus hijos te despiertan.
La emoción manda más que la razón
Esto es lo que más cuesta aceptar: cuando estás desregulado/a, no educas desde el raciocinio. Educas desde la alarma. Y si no has trabajado tus heridas, esa alarma tiene el mismo guion de siempre:
- Control para calmar miedo
- Dureza para tapar vulnerabilidad
- Exigencia para evitar vergüenza
- Desconexión para no sentir
Por eso, querer no repetir es un buen inicio. Pero trabajar en ti es lo que lo cambia todo.
Señales de automatismos: control, exigencia, invalidación, culpa
No hace falta que seas “como tu madre” para repetir una parte del patrón. A veces lo repetimos en microformas, y por eso cuesta verlo:
Control
- Necesitas que todo se haga “a tu manera”
- Te desespera el desorden
- Te activan los cambios
- El “no” de tu hijo te parece un ataque personal
Lo que suele haber debajo: miedo. Un miedo antiguo a perder seguridad.
Exigencia
- Corriges todo
- Te cuesta reconocer el esfuerzo
- Te cuesta disfrutar si “no está perfecto”
- Confundes educar con presionar
Debajo: vergüenza. La idea de que “si no lo hago perfecto, soy mala madre/padre”.
Invalidación
- “No llores”
- “No es para tanto”
- “Ya estás con lo mismo”
- “Cálmate” (cuando el niño no puede)
Debajo: tu propia emoción no trabajada. A veces invalidas porque tú no sabes sostener lo que a ti nunca te sostuvieron.
Culpa y chantaje suave
- “Con lo que yo hago por ti…”
- “Me estás poniendo triste”
- “Me vas a volver loca” Debajo: agotamiento y falta de recursos, sí… pero también un patrón aprendido: usar la culpa para recuperar control.
Desconexión emocional Y aquí está el punto que mucha gente pasa por alto: repetir el patrón no siempre es gritar. A veces es apagarte.
- Estás pero no estás
- Respondes en automático
- No tienes paciencia porque estás “encerrado/a” en tu dolor
- Te cuesta jugar, escuchar, mirar Debajo: supervivencia. Cuando el dolor no trabajado es grande, el cuerpo se protege desconectándose. Y el niño lo siente.
Diferencia entre autoridad y control
Esta distinción cambia tu crianza. Autoridad es seguridad Autoridad es:
- Límites claros
- Consistencia
- Calma firme
- Responsabilidad adulta
No necesita humillar. No necesita gritar. No necesita miedo. Control es ansiedad
Control es:
- Imponer para calmarte tú
- Exigir para no sentir vulnerabilidad
- Dominar para no perder poder
- Castigar para “ganar”
La autoridad mira al niño y piensa: “te ayudo a regularte”. El control mira al niño y piensa (sin saberlo): “no puedo con esto”. Y el niño no necesita que “ganes”. Necesita que estés.
Reparación: pedir perdón y volver al vínculo
Aquí viene una idea que te transforma: no se trata de no fallar. Se trata de reparar. Un padre o madre que trabaja sus heridas no es el que nunca se desregula. Es el que, cuando se desregula, vuelve. Como digo en mi libro Hijos que vuelan, los niños no necesitan padres perfectos, sino padres responsables.
Reparar no es hacer un show de culpa
Reparar no es llorar delante del niño diciendo “soy horrible”. Eso lo carga. Reparar es simple, adulto y claro:
- “Lo siento. Te hablé mal.”
- “Me desregulé. No es culpa tuya.”
- “Voy a hacerlo mejor.”
- “¿Podemos intentarlo de nuevo?” Y luego lo más importante: cambias la conducta. Porque el perdón sin cambio vuelve a ser manipulación. (Recuerda que es lo que hacía tu madre narcisista, no cambiar).
Volver al vínculo enseña seguridad
Cuando un niño ve que el adulto puede equivocarse y regresar con amor, aprende algo que quizás tú no aprendiste: el vínculo no se rompe por sentir. Y eso es oro emocional. Es transmitirle la seguridad que tú no tuviste.
Cómo crear seguridad emocional en casa
La seguridad emocional no es una casa silenciosa. Es una casa donde las emociones tienen espacio sin que nadie sea castigado por sentir. Tres pilares simples:
- Validación: “te enfada / te asusta / te frustra”.
- Límite: “no se pega / no se insulta / no se rompe”.
- Acompañamiento: “estoy aquí, lo atravesamos”.
Esto corta el patrón de raíz. Porque el narcisismo materno suele tener esto:
- Emoción = problema
- Límite = amenaza
- Niño = extensión Y tú estás construyendo lo contrario:
- Emoción = información
- Límite = protección
- Niño = persona
Tu presencia vale más que tu perfección
Tu hijo no necesita un padre perfecto. Necesita un adulto que sepa volver a sí mismo. Y para eso, repito: trabajar tus heridas es la única manera de no repetir.
Educar desde coherencia: límites, presencia y responsabilidad adulta
Hay una frase que resume lo que te quiero contar en este artículo: Tus hijos no necesitan que “les eduques” desde tu herida. Necesitan que los guíes desde tu adultez.
Y eso implica tres cosas:
Límites (menos discurso, más consistencia)
Un límite funciona cuando es breve, claro y repetible:
- “No voy a permitir insultos”.
- “Ahora no. Luego sí”.
- “Si grito, paro y vuelvo”. Los niños entienden más la coherencia que los sermones.
Presencia (salir del encierro del dolor)
Estar encerrado/a en tu dolor no te hace mala madre/padre. Te hace alguien que necesita trabajar sus heridas. Porque si no lo haces, ese dolor se convierte en distancia emocional. Y la distancia emocional es el fertilizante perfecto para repetir lo que tanto temías.
Responsabilidad adulta
Responsabilidad es decir: “Esto que se activa es mío. No es culpa de mi hijo.” Este es el giro más poderoso de la crianza consciente.
Método RAN aplicado a la crianza
El Método RAN es mi forma de acompañarte a salir del piloto automático que dejó tu infancia (miedo, culpa, hiperalerta, autocrítica, complacencia) y reentrenar tu sistema nervioso y tu mente para vivir desde más seguridad, autoestima y coherencia contigo. RAN son tres pasos simples, pero profundos: reconocer, aceptar y nutrir.
Reconocer
“Me activé. Siento rabia / culpa / miedo. Mi cuerpo está en alerta”.
Aceptar
“Esto viene de mi historia. No soy mala madre/padre. Estoy aprendiendo”.
Nutrir
“Me doy recursos: respiro, pauso, vuelvo, reparo, pongo un límite claro y sostengo el vínculo”. Si yo me cuido, puedo cuidar a mi hijo.
RAN no es teoría. Es práctica repetida. Es reentrenamiento. Es libertad.
Romper el ciclo es un acto de amor adulto
Si creciste con padres narcisistas y hoy te preocupa repetir, ya estás haciendo algo distinto: estás mirando. Y mirar duele. Porque significa reconocer lo que fue “normal” y no era normal. Significa dejar de proteger al sistema y empezar a proteger a tu yo de verdad… y a tus hijos.
Trabajar tus heridas no te convierte en una madre perfecta. Te convierte en una madre presente. En un padre consciente. En un adulto que no delega su historia sobre sus hijos. Y eso, en un mundo lleno de repetición, es un acto inmenso de amor.

Olga Fernández Txasko
Olga Fernández Txasko
Coach de Vida especializada en Heridas de la Infancia/Madre Narcisista
Si quieres profundizar en cómo ser un padre/madre más consciente, te dejo Hijos que vuelan. Criemos hijos que no necesiten sanar sus infancias: Crianza Consciente para Padres y Madres que Quieren Hijos Fuertes y Emocionalmente Seguros


Newsletter PyM
La pasión por la psicología también en tu email
Únete y recibe artículos y contenidos exclusivos
Suscribiéndote aceptas la política de privacidad















