La heroína es, probablemente, la droga con mayor potencial adictivo, y la segunda más peligrosa teniendo en cuenta los daños que provoca tanto en el consumidor como en su entorno social.

Por ello, no resulta sorprendente que forme parte de la categoría de las drogas duras y que anualmente se realicen muchos esfuerzos tanto para ayudar a las personas que quieren “desengancharse” de esta sustancia como a aquellas que quieren seguir consumiéndola sin exponerse a todos los riegos sanitarios asociados a esta práctica: transmisión de enfermedades por compartir agujas, ETS a causa de conductas sexuales imprudentes, etc.

Todo esto tiene que ver con los potentes efectos de la heroína, capaces de generar una fuerte dependencia en un periodo relativamente corto incluso para los estándares de las drogas duras, y que llevan a quienes la consumen a perder el control de sus vidas prácticamente sin darse cuenta. En este artículo veremos cómo se desarrolla la adicción a la heroína y qué elementos participan en ella.

¿Qué es la heroína?

En primer lugar, empecemos por lo más importante: ¿qué es la heroína? Esta sustancia, también conocida como diamorfina o diacetilmorfina es una droga de tipo opioide derivada de la morfina y sintetizada por primera vez en el año 1874 por el químico inglés Charles Romley Alder Wright. Inyectada en vena, la heroína se caracteriza por producir un estado de euforia y bienestar que viene seguido de una amplia variedad de efectos secundarios muy dañinos y potencialmente mortales.

Todos ellos tienen que ver con los efectos depresores del sistema nervioso de esta droga, es decir, de la disminución de su actividad en áreas vinculadas a la consciencia y a las funciones ejecutivas que llega a considerarse sedación. Entre estos efectos secundarios y las complicaciones por sobredosis destacan la disminución de la respiración, los problemas digestivos, las enfermedades cardiacas, o directamente el paro cardiaco y la muerte.

En un inicio, esta sustancia fue comercializada como un analgésico sustituto de la morfina, dado que se creía erróneamente que era menos adictiva que esta última. Hoy en día su comercialización y uso más allá de la prescripción médica o su utilización en investigaciones es ilegal.

Elementos que causan y mantienen la adicción a la heroína

Estos son los elementos que hacen de la adicción a la heroína una de las más potentes y peligrosas.

1. Adicción química en el cerebro

La heroína atraviesa la barrera hematoencefálica, que actúa como filtro entre el sistema circulatorio y el sistema nervioso central, y llega a entrar en contacto con las células nerviosas del cerebro. Una vez allí interactúa con una serie de receptores de neurotransmisores, que son partes de las neuronas fijadas en la membrana de estas (su capa externa y más superficial) y cuya función es captar moléculas específicas que las neuronas intercambian entre sí para comunicarse entre ellas y desencadenar determinados mecanismos tanto en las demás como en otras partes del cuerpo.

De este modo, la droga actúa sustituyendo a neurotransmisores concretos que de manera natural suelen estar disponibles en el sistema nervioso central, acoplándose a los receptores de neurotransmisores preparados para “capturar” a estos últimos, y en ese momento se produce una reacción en cadena que da paso a un funcionamiento cerebral alterado: las neuronas activadas por la heroína mandan patrones de activación anómalos a otras células nerviosas, que a su vez hacen lo mismo, y al final todo el funcionamiento del organismo queda “desequilibrado”, ya que la actividad nerviosa también influye en el sistema endocrino, responsable de la gestión y de la producción de hormonas.

En concreto, la heroína parece potenciar especialmente la actividad de los receptores opioides mu, cuyo papel en el sistema nervioso se asocia a la analgesia y a la disminución de los niveles de ansiedad.

Como los efectos inmediatos de la heroína suelen ser placenteros, poco a poco la persona va acostumbrándose a consumirla, y a la vez su cerebro va siendo modificado para priorizar ese tipo de experiencias gratificantes.

La acción química de la heroína sobre las redes de neuronas del encéfalo hace que estas cambien tanto en su funcionamiento químico como en su manera de establecer conexiones con el resto de partes del cerebro; es decir, que el sistema nervioso cambia tanto químicamente como físicamente. El sistema de recompensa del cerebro, encargado de orientar nuestras acciones hacia metas e incentivos que nos motivan, se transforma de manera que cada vez más, la heroína pasa a ser la prioridad absoluta.

2. El debilitamiento de los incentivos sociales y a largo plazo

Tal y como hemos visto, en relativamente poco tiempo, la heroína hace que nuestro cerebro se vaya convirtiendo en un conjunto de órganos cuya función es permitirnos encontrar y consumir más heroína. Esto hace que con el tiempo la droga eclipse el resto de fuentes de motivación del día a día, pasando por encima de la higiene, de la salud personal y de las relaciones personales.

A su vez, esto último favorece que los consumidores de heroína se aíslen cada vez más, debilitándose sus vínculos afectivos con amigos y familiares, y su círculo social va reduciéndose a otras personas con adicciones, dado que en un entorno así es más fácil tener acceso inmediato a la droga. De este modo, a la vez que la heroína va ganando importancia como incentivo, lo que hay alrededor de la persona adicta va perdiendo su capacidad para ofrecer otras experiencias estimulantes e ilusionantes.

3. La presión del contexto

En los párrafos anteriores vimos que el contexto juega un papel importante en la consolidación y el mantenimiento de la adicción, dado que si no hay fuentes de motivación capaces de competir con el consumo de droga, la persona se va encerrando más y más en unos entornos y unos estilos de vida en los que solo queda la opción de seguir usando estas sustancias.

Pero a la vez, muchas veces son las personas de este nuevo círculo social las que ejercen presión (incluso de manera involuntaria) para que cada uno de sus individuos se siga drogando y le resulte muy difícil desengancharse. Por ejemplo, ofreciendo agujas, quedando en lugares que todos asocian a sentarse y consumir la heroína o cualquier otra droga, guardando secretos relacionados con la compraventa de la sustancia, etc.

4. Los problemas de salud

La heroína tiene efectos muy dañinos tanto física como psicológicamente, de modo que quienes ya han desarrollado una adicción, se ven en la necesidad de enfrentar muchas formas de malestar: infecciones, envejecimiento acelerado, dolores, ansiedad cuando se lleva varias horas sin consumir, etc. Si no se cuenta con ayuda profesional, todo esto predispone a las personas a intentar bloquear ese malestar de la única manera que conocen: distrayéndose con la droga.

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