Actualmente encontramos pocos estudios que evalúen cambios en variables psicológicas tras un primer consumo de psicodélicos. Esto se debe, entre otras cosas, a que es sumamente difícil encontrar personas que vayan a iniciarse al consumo de drogas. 

Generalmente las muestras utilizadas ya cuentan con mucha experiencia o, de no ser así, son cuidadosamente seleccionadas, asegurando la ausencia total y absoluta de cualquier rasgo psicopatológico, mermando así la validez externa de los resultados. Es decir, la posibilidad de extrapolar los hallazgos a toda la población.

Con el objetivo de obtener información sobre estos primeros consumos, el psicólogo Genís Oña, investigador del Medical Anthropology Research Center de la Universidad Rovira i Virgili y el psicólogo recientemente fallecido Juan Spuch, iniciaron un proyecto de investigación a mediados de 2014. Los resultados preliminares de este proyecto fueron presentados en el congreso internacional Breaking Convention, que se celebró en la Universidad de Greenwich, en Londres.

En contexto: el potencial terapéutico de los psicodélicos

Recientemente, drogas psicodélicas como la LSD o la psilocibina están protagonizando muchos artículos periodísticos o de divulgación, en los que se habla de posibles aplicaciones terapéuticas. 

Y es que, tras varias décadas de prohibición en las que cualquier intento de investigación científica quedaba anulado ipso facto, laboratorios, hospitales y universidades de todo el mundo están llevando a cabo nuevos estudios sobre estas sustancias con el objetivo de desarrollar nuevas terapias farmacológicas.

Pese a darse este prolongado “vacío científico”, muchos usuarios acudieron, y siguen acudiendo, a estas sustancias por motivos médicos. No pocos consumidores notaron efectos beneficiosos, a menudo inesperados, sobre su ansiedad, su estado de ánimo o sobre enfermedades como las cefaleas en racimo tras el consumo de drogas psicodélicas. Debido a las necesidades de estos pacientes y de tantos otros susceptibles de lograr alguna mejora en su situación, instituciones tan importantes como Scientific American o el British Journal of Psychiatry, han lanzado estos últimos años peticiones expresas para reactivar esta “investigación psicodélica”.

Hasta el momento ya se conocían algunas potencialidades terapéuticas de algunas de estas sustancias, no obstante, han aparecido nuevos estudios que han suscitado nuevas incógnitas. Una de ellas es, por ejemplo, ¿qué ocurre cuando alguien que nunca ha tomado este tipo de drogas realiza su primer consumo? Podríamos encontrar esta situación fácilmente en el futuro en el caso de que se aprobaran estos tratamientos, pues muchos pacientes potenciales no habrían probado nunca estas drogas, y necesitamos conocer con exactitud cuáles son los efectos de este primer contacto.

Cómo se realizó la investigación sobre los efectos del LSD

En su estudio, Genís Oña y Juan Spuch consiguieron reunir a 9 jóvenes universitarios que cumplían con el perfil buscado: no tenían experiencia previa en el consumo de drogas psicodélicas y en un futuro próximo tenían planeado consumir LSD. 

“El objetivo era respetar en todo momento el transcurso natural de la situación”, explica Genís. “No queríamos modificar el contexto de consumo pensando en administrar la sustancia en algún hospital, como en el resto de ensayos clínicos. Queríamos ver qué ocurre de verdad, en situaciones de verdad. Algo que se encuentra a medio camino entre los ensayos pragmáticos o la metodología etnográfica”.

Las variables incluidas en el estudio fueron los niveles de ansiedad, de depresión, una medida de psicopatología general, un perfil de personalidad y el nivel de satisfacción con la vida. Estas fueron analizadas con test estandarizados. 

Estas dimensiones se evaluaron aproximadamente una semana antes de que tuviera lugar el consumo y 30 días después de dicho consumo. También se realizó un seguimiento a los tres meses para comprobar la estabilidad en el tiempo de los posibles cambios producidos. Además se utilizó un grupo control que no consumió LSD en el que se administraron las mismas pruebas.

Los efectos de esta droga en los primeros consumos

Los primeros resultados indicaron claras diferencias en los niveles basales de algunas variables entre los dos grupos. Al parecer, el grupo que tenía pensado consumir LSD se encontraba más deprimido, con más presencia de rasgos psicopatológicos como obsesionescompulsiones o psicoticismo, y con una menor satisfacción con la vida con respecto al grupo control.

Esto cambió después del consumo. Los datos obtenidos en el retest mostraron un descenso significativo, no solo en estas variables en las que diferían con respecto al grupo control, sino también en otras, tales como el nivel de ansiedad, neuroticismo, hostilidad o somatizaciones. De este modo ya no pudieron encontrarse diferencias significativas entre los dos grupos en ninguna variable y en el grupo experimental se observó una mejora significativa general tras la experiencia.

La información obtenida a partir del seguimiento realizado a los tres meses sugiere cierta estabilidad en dichos cambios, pues estos todavía se podían apreciar de manera significativa con respecto a los niveles basales. Asimismo, tampoco se encontraron diferencias significativas entre los dos grupos.

El potencial beneficioso del LSD

¿Esto significa que un primer consumo de LSD puede resultar beneficioso? Es probable. No obstante, tenemos que tener presentes las limitaciones del estudio y ser cautelosos en la interpretación de sus resultados. 

En primer lugar, la muestra fue relativamente pequeña y, además, hubo un pobre control de variables extrañas que no pueden controlarse fuera de un ensayo clínico. En segundo lugar, se puede interpretar el efecto de la experiencia psicodélica considerándola como una experiencia profundamente positiva, pues para todos los sujetos que consumieron LSD representó una experiencia única e irrepetible. De hecho, más de la mitad de ellos la calificaron como una de las mejores experiencias de su vida. “Quizá este efecto” -explica Genís Oña- “sea comparable a otras experiencias profundamente positivas que vivimos solo muy de vez en cuando, como viajar a un país lejano o pasar un día en un parque de atracciones”.

De todos modos, estos resultados parecen legitimar la investigación científica del potencial terapéutico de estas sustancias, pues si podemos observar estos efectos beneficiosos sin contar con ningún contexto psicoterapéutico, el potencial de estas sustancias empleando un contexto adecuado parece muy prometedor.

Se han tenido que obviar muchos detalles del estudio debido a su complejidad, pero puede consultarse el artículo completo publicado en el Journal of Transpersonal Research