Eric Cristo se prepara para la prueba de acceso a la universidad. Quiere estudiar antropología. Entre su punto de partida y ese objetivo hay un proceso de recuperación, una recaída y una decisión que hoy defiende sin dudar: volver a pedir ayuda antes de que la situación se agravara.
Eric tiene 26 años y es una persona con una adicción en recuperación. Los problemas con el consumo llegaron pronto, y en su peor momento llegó a pasar temporadas sin un hogar estable. Tiene diagnosticado un trastorno límite de la personalidad, una condición que afecta sobre todo a la regulación de las emociones y a las relaciones con los demás. Desde los 12 o 13 años, la lectura y la escritura han sido su refugio.
Forma 21 es una asociación sin ánimo de lucro de Barcelona que, desde 2001, acompaña a personas con problemas de adicciones para promover su autonomía y su inclusión social y laboral. Inscrita en el Registro de Entidades, Servicios y Establecimientos Sociales de la Generalitat de Cataluña, ofrece un programa de reinserción sociolaboral en régimen residencial abierto, con 34 plazas en cuatro pisos de la ciudad, y un servicio ambulatorio de atención a la vida autónoma (SAVA) para consolidar los cambios. Allí completó Eric un primer proceso de dos años, que terminó con el alta terapéutica. Tras una recaída, acaba de volver a empezar el programa. Su testimonio llega para desmontar una idea muy extendida: que recaer significa haber fracasado.
Ya conocías Forma 21: estuviste, saliste y has vuelto. ¿Qué te hizo regresar?
Una inestabilidad emocional marcada. Cuando salí, había hecho un muy buen tratamiento y un cambio muy grande en los dos años que estuve aquí ingresado, hasta el alta terapéutica. Pero en la vida siempre hay cosas que no esperas: lo que crees que has trabajado lo suficiente puede salir por otro lado. No lo veo como un fallo, sino como una oportunidad de trabajar lo que entonces se quedó pendiente porque no lo veíamos esencial y que, en esta nueva etapa de mi vida, se ha acentuado.
Tengo diagnosticado un trastorno límite de la personalidad y llevaba bastante tiempo inestable. Creo que una de las mayores causas por las que los adictos recurrimos a la sustancia es no saber gestionar bien las emociones. Ese fue un punto que se quedó aparcado.
¿Una recaída es un fracaso en la recuperación de una adicción?
Mucha gente ve una recaída como un fracaso. ¿Tú cómo lo ves?
Creo que de una recaída se puede aprender mucho. Lo ideal siempre es que no ocurra, y para eso nos enseñan herramientas. Pero aquí me enseñaron que un buen tratamiento no consiste en que una persona salga y no vaya a recaer nunca, sino en que, si pasa, pueda volver a hábitos sanos sin tener que llegar a otro ingreso.
¿Cómo te sentiste al regresar? ¿Qué fue lo más difícil?
Te preguntas mucho si todo el trabajo que tenías detrás ha servido para algo. Te entra la duda. Pero aquí me han hecho ver que el trabajo que has hecho no se pierde: empiezas desde otro punto. No empiezas desde cero, porque ya tienes un recorrido.
Creo que supe pedir ayuda a tiempo, antes de que se agravara, y sigo manteniendo en cierta medida todo lo que había construido. Ahora estoy en una etapa de contención para retomar la autonomía. No tengo que construir de cero nuevas amistades, nuevos vínculos ni nuevas cosas que me motiven: ya hay una estructura. Por eso lo mejor es pedir ayuda lo antes posible. Cuanto más tiempo pasa y más cosas vas dejando, más complicado es retomarlas.
¿Qué es diferente esta vez?
Cuando tienes tanta teoría, a veces es complicado, porque conocerla no significa saber ponerla bien en práctica. Pero cuando ya conoces unas pautas y cómo funciona el proceso, es más fácil adaptarte y se hace más llevadero. Sabes hacia dónde ir, y con la recaída también sabes qué falló. Eso te ayuda a no volver a ese camino: «Vale, sé lo que ha fallado, vamos a ver cómo afrontarlo sin esta parte».
¿Qué ayuda a mantenerse en la recuperación de una adicción?
¿Qué te llevaste de tu primera etapa en el programa que hoy te sigue sirviendo?
Hice amistades muy buenas, de un entorno social sano, con las que comparto muchos gustos literarios. Han sido un apoyo fundamental en todos estos meses, incluso antes de recaer. No tengo un apoyo familiar estable, así que me apoyo mucho en las amistades y en lo que construyo yo en mi día a día.
También me llevo mis motivaciones. Cuando llegué no tenía un plan, y tuve que cambiarlo varias veces porque no se parecía a la persona que estaba construyendo. Esta vez entré queriendo hacer un grado medio, y ahora me estoy preparando para la prueba de acceso a la universidad. Quiero estudiar antropología y recuperar el hábito de la lectura, que son cosas que me ayudan a regularme y a aprender a estar solo.
Hablas mucho de la escritura. ¿Qué papel ha tenido en tu proceso?
Me ha ayudado mucho. Empecé a leer poesía y a escribir hacia los 12 o 13 años. Cuando consumía, leer era muy complicado, y uno de los objetivos con los que entré fue recuperar ese hábito de la lectura y la escritura, que me ha acompañado desde pequeño.
La escritura me ayuda a regularme en muchos sentidos: a desahogarme, a poner por escrito mis pensamientos. Muchas veces la cabeza nos da vueltas, y volcarlo en un papel lo hace tangible, aunque no sepas bien cómo explicarlo. Tampoco hace falta que lo lea nadie: es estar contigo mismo, conectar con lo que te pasa y lo que llevas dentro, lo quieras mostrar al mundo o no.
Además, es una forma de superarme. Las personas que escribimos solemos quedarnos en un solo género, pero a mí me gusta decirme: «Hoy voy a escribir algo que no suelo escribir». Quiero mejorar, quiero probarme.
¿Cómo dar el primer paso para pedir ayuda por una adicción?
Eres joven. ¿Qué les dirías a otros jóvenes con una adicción para que den el paso de pedir ayuda?
Yo también tuve bastantes problemas: estuve dos años en un centro de menores, porque el consumo te trae muchos problemas. Creo que a los jóvenes nos pasa mucho que pensamos que vamos tarde, que o lo hacemos ahora o no lo haremos nunca, y eso nos cohíbe. Desde pequeños aprendemos lo que se espera de nosotros, y como siempre nos hemos movido en un mismo ambiente, nos preguntamos cómo vamos a cambiar toda nuestra vida.
Derribar esas ideas es parte de la base del trabajo que hace un adicto en recuperación. Dejar de pensar que estás perdiendo dos años de tu vida o que vas tarde porque otros chicos ya están en la universidad y tú tienes 20 años y aún no has acabado la ESO.
¿Y qué mensaje les dejarías?
Que tienes toda la vida por delante. Que no estás perdiendo el tiempo, sino ganando mucho más. Porque si no lo haces ahora, vas a seguir perdiéndolo.
Si tú o alguien cercano está pasando por una adicción o por una recaída, no esperes a que la situación se agrave. Pedir ayuda profesional cuanto antes puede marcar la diferencia, ya sea en entidades especializadas como Forma 21, en los centros de atención y seguimiento (CAS) de la Red de Atención a las Drogodependencias de Cataluña o en los servicios públicos de atención a las adicciones de tu comunidad.
Este contenido es divulgativo y no sustituye la valoración ni el acompañamiento de un profesional de la salud.










