Los trastornos del estado de ánimo, un grupo de psicopatologías distintas que tiene en común el hecho de producir desajustes emocionales, tienen su representante más famosa y conocida popularmente en lo que solemos llamar "depresión".

Sin embargo, más allá de la depresión clínica (también conocida como depresión mayor) hay otros trastornos capaces de hacer que nos sintamos tristes y decaídos, como por ejemplo el el trastorno afectivo estacional.

En esta entrevista a la psicóloga Alazne Díez conoceremos las características de esta alteración emocional de la mano de una experta en el tema.

Entrevista a Alazne Díez: ¿qué es y cómo surge el trastorno afectivo estacional?

Alazne Díez Abad es psicóloga y Directora del centro Loratu Psicología, ubicado en Bilbao. Esta profesional lleva muchos años atendiendo a adultos con problemas emocionales, y uno de los más curiosos es el que se da mediante el llamado trastorno afectivo estacional. En esta entrevista le preguntamos acerca de esta alteración psicológica.

¿Qué es el trastorno afectivo estacional y cómo se diferencia, por ejemplo, de la simple tristeza por dejar atrás una estación que nos gustaba?

El trastorno afectivo estacional (TAE) se caracteriza por la aparición de episodios depresivos en una época determinada del año, remitiendo dichos episodios cuando la estación acaba. Generalmente suele ocurrir a finales de otoño y desaparece con la primavera y, aunque en menor frecuencia, hay personas afectadas en los meses estivales.

La prevalencia se sitúa entre en un 1 un 10% de la población, especialmente en mujeres con familiares con antecedentes de depresión, incluyendo el TAE. Además, las personas cuya procedencia coincide con las latitudes del norte tienen mayor riesgo de tener este trastorno, al reducirse las horas de luz (como en Finlandia, por ejemplo).

La diferencia con la tristeza por dejar atrás una estación agradable reside en la gravedad de la sintomatología y en que sistemáticamente el episodio se repite cada año en las mismas fechas durante al menos dos años. Además, no se trata de un día nostálgico o triste, sino más bien de un continuo de meses con algo más complejo de gestionar que una tristeza.

¿Y qué es lo que lo diferencia de la depresión mayor? ¿Se considera que su gravedad es comparable a la de este trastorno?

En la depresión mayor los síntomas deben estar presentes al menos dos semanas. La principal diferencia es que en el TAE los síntomas remiten cuando la estación acaba, mientras que en el trastorno depresivo mayor no es frecuente la remisión sin estar bajo un tratamiento psicológico, farmacológico o combinado.

El TAE puede considerarse como un especificador dentro de los trastornos depresivos y no tanto como un trastorno del estado de ánimo separado o específico; aunque generalmente lo denominemos así. Es, por tanto, un trastorno de depresivo mayor con patrón estacional, donde no se producen episodios depresivos mayores fuera de ese periodo.

Es complicado hablar de gravedad, puesto que en ambos casos la persona tiene un malestar clínico significativo que le dificulta y repercute a nivel personal, social y/o laboral. Podría decirse que el diagnostico puede ser más difícil de identificar en el TAE o de que la persona recurra a ayuda psicológica al tener después remisión.

Asimismo, el tratamiento debe incluir elementos como la vitamina D, melatonina y adaptación a los nuevos ciclos lumínicos, además de cuestiones a nivel psicológico. Asimismo, el TAE puede estar asociado a otros trastornos, como el trastorno bipolar, por lo que es importante atender al patrón para prevenir algunos episodios hipomaníacos, por ejemplo.

¿Cómo puede influir esta alteración psicológica en las relaciones personales de quien la desarrolla? Por ejemplo, en la convivencia familiar, en las relaciones con los amigos, etc.

Las personas que tienen este tipo de patrón en el estado de ánimo suelen experimentar una interferencia en la vida familiar, social y/o laboral. Además, puesto que comienza en una determinada estación, podríamos decir forma abrupta, el entorno suele identificar también los cambios.

Cada persona puede tener alteraciones diferentes pero, de forma general, puede aparecer apatía o irritabilidad, mayor sensibilidad incluso con tendencia al llanto, menor interés por las relaciones sociales o por hacer actividades. Como ocurre en otros problemas del estado de ánimo, tanto la persona como su entorno perciben un cambio significativo en la personalidad y el funcionamiento respecto a momentos anteriores. En adición a esto, el entorno podría también advertir un aspecto más triste, como por ejemplo tener una mirada más apagada.

¿Y cómo suele influir en el ámbito laboral?

A nivel laboral podrían aparecer problemas de concentración y/o memoria. El estado depresivo en el que se encuentra puede afectar al rendimiento laboral o podemos identificar, por ejemplo, fallos o despistes que no son usuales en esa persona. Además, puede que cueste más comenzar las tareas o finalizarlas, un sentimiento de culpa o inutilidad al percatarse de fallos o de no estar rindiendo adecuadamente o notar cansancio.

¿Cuáles son algunas de las quejas o de los pensamientos más recurrentes que caracterizan el estado mental de las personas con trastorno afectivo estacional, cuando esta alteración está expresando sus síntomas?

Al considerarse más bien un subtipo dentro de los trastornos afectivos, la sintomatología o queja predominante dependerá mayoritariamente del trastorno depresivo de base. Los síntomas se asemejan a los que podría tener una persona con trastorno depresivo mayor: tristeza gran parte del día (pudiendo aparecer llanto), falta de energía o vigorosidad y cansancio, cambios en el peso, apetito y/o sueño, pérdida del interés y disfrute por actividades que antes eran satisfactorias, ansiedad o inquietud, sentimientos de desesperanza, inutilidad, vacío, etc.

Dado que el trastorno afectivo estacional está vinculado al transcurrir de las estaciones y estas se caracterizan por cambios en las horas de luz y en la temperatura, ¿se considera que estas dos variables tienen que ver con las causas de esta psicopatología?

Sí, el hecho de que los días sean más cortos y dispongamos de menos momentos de luz afecta a algunas personas de manera muy notoria a nivel físico y psicológico.

Una de las explicaciones, además de vulnerabilidades genéticas, tiene que ver con la capacidad de adaptación de los ciclos circadianos a esos nuevos periodos de luz más cortos. Esto influye en la duración y en el inicio del sueño.

Además, los esfuerzos de nuestro organismo y nuestro aparato psíquico por adaptarse pasan también a nivel fisiológico, alterando el funcionamiento de la serotonina (relacionado con el estado de ánimo) y la melatonina (relacionado con el sueño). Lo que para algunos/as puede durar un par de semanas hasta que mente-cuerpo se adaptan, para otros constituye en inicio del TAE con duración para el resto de la estación.

¿Qué se puede hacer en psicoterapia para ayudar a las personas que sufren por haber desarrollado trastorno afectivo estacional?

Lo primero es tomar conciencia de ello. Si sabemos que al comienzo de los meses de invierno comenzamos a encontrarnos peor, tenemos también la oportunidad de contar con asistencia médica y psicológica adecuada durante ese periodo.

Es posible que además de las cuestiones biológicas comentadas, donde el trabajo sobre rutinas y hábitos del sueño, por ejemplo, puede producir cambios, también existan otros factores psicológicos que puedan influir y sobre los que se pueda trabajar (como recuerdos o añoranza de seres queridos durante las navidades, pensamientos distorsionados más acentuados, pesimismo, etc.).