El concepto de “pastillas para la concentración” hace referencia a varios tipos de psicofármacos de tipo estimulante que en la mayoría de los casos son recetados para tratar el Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad y la narcolepsia.

Sin embargo, más allá de su uso en el contexto clínico, hay quienes convierten en un hábito el consumo de estas sustancias; se trata sobre todo de estudiantes o profesionales que se ven sometidos a situaciones de mucha presión y sienten que necesitan usar esta clase de productos para afrontar las exigencias del día a día.

Este tipo de consumidores que usan las pastillas al margen de las indicaciones de un médico son especialmente vulnerables a desarrollar problemas de dependencia, por lo que en muchos casos, a medio plazo la utilización de estos fármacos da lugar a un problema de salud. En este artículo veremos hasta qué punto este uso de las pastillas para la concentración llegan a desencadenar adicciones.

¿Qué son las pastillas para la concentración?

En la mayoría de los casos, lo que se suele entender por pastillas para la concentración o pastillas para estudiar son un conjunto de fármacos de consumo oral que pertenecen a dos categorías: los metilfenidatos y las metanfetaminas. Los ejemplos más famosos de cada una de ellas son el Ritalin y el Adderall, respectivamente.

Se trata de sustancias que tienen un efecto estimulante y activador en el sistema nervioso, aunque a través de mecanismos diferentes, y que son utilizadas ante alteraciones psicológicas como el TDAH en niños y niñas (especialmente en metilfenidato).

Estas sustancias emulan el funcionamiento de algunas sustancias químicas naturalmente presentes en el cerebro humano, y es por eso que una vez han sido introducidas en el organismo y han llegado al sistema nervioso, empiezan a interactuar con las neuronas y a hacer que el funcionamiento de estas quede alterado; en este caso, haciendo que las células nerviosas queden muy activadas y por tanto con una gran capacidad de involucrarse en tareas.

El riesgo de que produzcan adicción

Estos productos presentan riesgos muy significativos a tener en cuenta. En primer lugar, tal y como ocurre con todos los psicofármacos, tienen efectos secundarios capaces de, si se dan las circunstancias, causar más daños que beneficios. No siempre tienen por qué darse, pero entre ellos, los más frecuentes son los siguientes:

  • Hipertensión arterial
  • Mareos
  • Dolor abdominal
  • Ritmo cardíaco irregular
  • Ansiedad

Además, otros efectos secundarios que pueden darse y que tienen un nivel más alto de peligrosidad (asociados sobre todo a las metanfetaminas) son los siguientes:

  • Convulsiones
  • Accidentes cerebro-vasculares

En segundo lugar, estas pastillas pueden dar lugar a un trastorno adictivo. Si bien el riesgo de que esto ocurra es relativamente bajo si se siguen las instrucciones del médico y las dosis no son altas, hay muchas personas que terminan volviéndose adictas al auto-administrarse ellas mismas estos fármacos (incluso aunque el acceso a ellos sin receta médica sea ilegal).

Esto ocurre porque a medida que se ha ido tomando dosis, el cerebro “se acostumbra” a apoyar su funcionamiento en la presencia constante de esta droga en el funcionamiento de sus neuronas, de manera que a medida que pasan las semanas va dependiendo cada vez más de esa clase de moléculas introducidas desde el exterior. Además, cada vez se necesitan mayores dosis para dejar de sentirse mal debido a la abstinencia.

Por otro lado, la adicción a las pastillas para la concentración puede darse a prácticamente cualquier edad, si bien el riesgo de que ocurra es mayor en los adultos, teniendo en cuenta que es relativamente difícil tener acceso a ellas.

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