Entrevista a Johanna Diaz Prieto: qué significa ser una Persona Altamente Sensible

La alta sensibilidad puede influir en los estímulos, los vínculos y la forma de vivir las emociones.

Entrevista a Johanna Diaz Prieto: qué significa ser una Persona Altamente Sensible

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Hay personas que parecen percibir detalles que otros apenas registran, necesitan más tiempo para recuperarse de ambientes intensos o viven determinadas experiencias emocionales con especial profundidad. Durante años, esta forma de relacionarse con el entorno se ha confundido con timidez, fragilidad o exceso de emocionalidad. Sin embargo, el concepto de alta sensibilidad propone una mirada diferente sobre estas diferencias individuales y sobre la manera en que algunas personas procesan aquello que sucede a su alrededor.

Comprender la alta sensibilidad más allá de las etiquetas

De esto hablamos con Johanna Diaz Prieto, psicóloga especializada en Psicología Clínica y de la Salud y psicoterapia cognitivo-conductual. Desde su consulta en Bogotá y en modalidad online, trabaja con adolescentes, adultos y personas mayores en ámbitos como la ansiedad, la depresión, la autoestima, los conflictos familiares y la terapia individual, familiar y de pareja. Su enfoque incorpora también herramientas de mindfulness, terapia de aceptación y compromiso y terapia integrativa.

Johanna Diaz Prieto

Johanna Diaz Prieto

Psicologa Clinica y de la Salud. Psicoterapia cognitivo conductual.

Profesional verificado
Bogotá
Terapia online

1. Para empezar, ¿qué significa exactamente ser una Persona Altamente Sensible? ¿Es un rasgo de personalidad, una condición o algo distinto?

Es un rasgo, no un diagnóstico ni una condición clínica. La Alta Sensibilidad (en inglés, Highly Sensitive Person) describe una forma particular del sistema nervioso de procesar la información: con mayor profundidad, mayor detalle y mayor intensidad emocional. Se estima que entre un 15 % y un 20 % de la población lo tiene, en distintos grados, y aparece igual en hombres que en mujeres, aunque culturalmente se haya asociado más a lo femenino.

Me gusta aclarar esto en consulta porque muchas personas llegan pensando que «algo anda mal» en ellas. No es un trastorno que haya que curar; es una variante normal del temperamento, como puede serlo la extroversión. Lo que sí puede pasar es que, sin comprensión ni herramientas, ese rasgo se viva con más sufrimiento del necesario.

2. ¿Cómo se diferencia la alta sensibilidad de otros conceptos con los que suele confundirse, como la timidez, la introversión o la ansiedad?

Se confunden mucho porque pueden coexistir, pero no son lo mismo. La introversión tiene que ver con dónde una persona recarga energía (hacia adentro o hacia afuera); de hecho, alrededor del 30 % de las PAS son extrovertidas. La timidez es un patrón de comportamiento social ligado al miedo al juicio, y no todas las PAS son tímidas.

Con la ansiedad, la diferencia es más clínica: la ansiedad es un estado —muchas veces sintomático— de alerta anticipatoria frente a una amenaza percibida. La alta sensibilidad es un rasgo estable de procesamiento, presente desde el nacimiento. Una persona PAS puede desarrollar ansiedad si su entorno no validó su sensibilidad, pero el rasgo en sí mismo no es patológico. En consulta, distinguir esto es clave porque el abordaje no es igual: no se trata de «bajar los niveles de sensibilidad», sino de aprender a metabolizar lo que se siente con tanta intensidad.

3. ¿Existe alguna base biológica o neurológica que explique por qué algunas personas procesan los estímulos de forma más intensa que otras?

Sí. Estudios de neuroimagen muestran mayor activación en áreas vinculadas a la empatía, la conciencia sensorial y el procesamiento emocional profundo, como la ínsula y ciertas zonas del córtex prefrontal. También hay evidencia de una mayor actividad del sistema de neuronas espejo, lo que explicaría por qué las PAS «contagian» y absorben tan fácilmente el estado emocional de quienes las rodean.

A esto se suma la teoría de la sensibilidad diferencial: no es solo que las PAS reaccionen más fuerte a lo negativo, sino que también se benefician más de los entornos positivos, del buen acompañamiento y de la terapia. Esto es algo que trato de transmitir siempre: el mismo sistema nervioso que las hace más vulnerables al estrés las hace también más permeables al bienestar cuando las condiciones son favorables.

4. ¿Cómo se manifiesta esta sensibilidad en el día a día: en el trabajo, en los vínculos, frente a los estímulos del ambiente?

De formas muy variadas. En lo sensorial: ruidos fuertes, luces intensas, texturas de ropa, olores, multitudes o incluso el hambre y el cansancio pueden resultar abrumadores antes que para otras personas. En el trabajo, suelen necesitar pausas para procesar información, se agotan en ambientes de alta exigencia o exposición constante y, muchas veces, rinden mejor en tareas que permiten profundidad y concentración que en entornos de estímulo permanente, como el multitasking o el ruido de una oficina abierta.

En los vínculos, la sensibilidad se traduce en gran capacidad empática, pero también en absorber el malestar ajeno como propio. En consulta veo mucho esto: personas que llegan agotadas no por lo que les pasa a ellas, sino por sostener emocionalmente a los demás sin darse cuenta.

5. Muchas PAS crecen escuchando frases como «sos demasiado sensible» o «no seas exagerado». ¿Qué impacto tiene esto en la autoestima y en cómo se relacionan con su propia sensibilidad de adultos?

Es probablemente el punto que más trabajo en consulta. Cuando un niño o niña altamente sensible recibe una y otra vez el mensaje de que su reacción es «exagerada» o «excesiva», no aprende a regular la emoción: aprende a desconfiar de su propia percepción. Ese es el daño de fondo, no la sensibilidad en sí.

Con los años, esto suele derivar en una autoexigencia muy alta, en dificultad para poner límites por miedo a «molestar» y en una sensación crónica de no encajar. En el trabajo clínico, gran parte del proceso consiste en volver a legitimar esa sensibilidad: no como algo que hay que disimular para ser aceptado, sino como una forma válida —y valiosa— de estar en el mundo. Ahí es donde empieza a cambiar la relación con uno mismo.

6. ¿Cuáles son los principales desafíos que enfrenta una persona altamente sensible en su vida cotidiana?

La sobreestimulación es el más frecuente: llegar a un límite de saturación sensorial o emocional antes que el resto y no siempre saber identificarlo a tiempo. También aparece la dificultad para poner límites, la tendencia a la autocrítica severa y una vulnerabilidad mayor frente a la crítica o el conflicto, que puede vivirse casi con la misma intensidad que una amenaza física.

A esto se suma un desafío silencioso: el desgaste de «hacer como si nada» en entornos que no están pensados para este tipo de procesamiento —oficinas ruidosas, jornadas sin pausas, culturas laborales que premian la exposición constante—. Sostener esa máscara tiene un costo, y muchas veces las personas llegan a consulta ya en un punto de agotamiento, sin entender bien por qué.

7. Por otro lado, ¿qué fortalezas o ventajas trae consigo este rasgo, que muchas veces quedan invisibilizadas frente al foco en la dificultad?

Muchísimas, y es importante nombrarlas porque suele hablarse solo del costo. Las PAS procesan la información con una profundidad y un matiz que enriquece enormemente el pensamiento creativo, la escritura, el arte, la investigación y cualquier tarea que requiera detectar sutilezas. Tienen una empatía y una capacidad de conexión genuina que las convierte en excelentes terapeutas, docentes, líderes y compañeras.

También suelen tener una conciencia ética muy desarrollada, alta creatividad y una capacidad notable de anticipar necesidades ajenas y detalles que otros pasan por alto. Cuando el entorno es el adecuado, este rasgo deja de ser una fragilidad y se convierte en una de las mayores fortalezas de la persona.

8. ¿Cómo afecta la alta sensibilidad a los vínculos de pareja, amistad o familia? ¿Qué necesita entender el entorno de una persona PAS para acompañarla mejor?

En la pareja, por ejemplo, una persona PAS puede necesitar más tiempo a solas para procesar después de una discusión, y eso a veces se malinterpreta como distancia o desinterés, cuando en realidad es autorregulación. Lo mismo pasa en la amistad y la familia: silencios que no son rechazo, sino necesidad de bajar el volumen interno.

Lo que más ayuda al entorno es entender que no es un capricho ni una forma de manipular la relación. Preguntar en lugar de suponer, dar espacio sin sentirlo como abandono y no minimizar lo que la persona siente son gestos simples que hacen una diferencia enorme. En terapia de pareja trabajo mucho esto: que ambas partes entiendan el patrón antes de intentar cambiarlo.

9. ¿Qué herramientas concretas pueden ayudar a una persona altamente sensible a regular la sobreestimulación y cuidar su energía sin aislarse?

Lo primero es aprender a identificar las señales tempranas de saturación —antes de llegar al colapso— para poder actuar preventivamente y no solo reactivamente. Incorporar pausas breves y regulares durante el día, aunque sean de pocos minutos, suele tener un impacto muy alto en la capacidad de sostener el resto de la jornada.

También ayuda mucho diseñar el entorno de forma consciente: reducir estímulos innecesarios en el espacio de trabajo o descanso, proteger momentos de silencio y aprender a decir que no sin culpa. Y algo que trabajo bastante en consulta: diferenciar entre aislarse por evitación y elegir la soledad como forma de cuidado. No son lo mismo, y confundirlas suele generar más culpa de la necesaria.

10. ¿Cuándo conviene que una persona altamente sensible busque terapia y qué se puede trabajar ahí específicamente en relación con este rasgo?

Conviene consultar cuando el rasgo empieza a sentirse como un obstáculo constante: agotamiento crónico, dificultad para sostener vínculos o el trabajo, autoexigencia que no da tregua o una autoestima construida sobre la idea de que «hay algo mal» en la propia forma de sentir.

En terapia se puede trabajar la identificación temprana de la sobreestimulación, el desarrollo de límites saludables, la reparación de heridas de invalidación temprana —esas frases de la infancia que quedaron instaladas— y, sobre todo, la construcción de una relación distinta con la propia sensibilidad: dejar de vivirla como un defecto a esconder y empezar a integrarla como parte legítima de la identidad.

11. Para cerrar, ¿qué le dirías a alguien que recién está descubriendo que es una persona altamente sensible y no sabe bien cómo tomárselo?

Le diría que no es un diagnóstico ni una etiqueta limitante: es una explicación. Muchas veces llega como un alivio, porque de pronto cobra sentido una historia entera de sentirse «distinto» o «demasiado». Entender el rasgo no es resignarse a él, es empezar a trabajar a favor de la propia naturaleza en lugar de en contra de ella.

Y le diría también que no está sola ni solo en esto: la sensibilidad, bien acompañada, no es debilidad. Es una forma de estar en el mundo con mayor profundidad y eso, con las herramientas adecuadas, puede convertirse en una de las mayores fortalezas de una vida.

Johanna Diaz Prieto

Johanna Diaz Prieto

Psicologa Clinica y de la Salud. Psicoterapia cognitivo conductual.

Profesional verificado
Bogotá
Terapia online

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Psicología y Mente. (2026, agosto 20). Entrevista a Johanna Diaz Prieto: qué significa ser una Persona Altamente Sensible. Portal Psicología y Mente. https://psicologiaymente.com/entrevistas/entrevista-a-johanna-diaz-prieto-que-significa-ser-una-persona-altamente-sensible

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