No cabe duda de que prácticamente todas las emociones que tienen lugar en nuestras mentes se expresan a través de nuestra manera de interactuar con el mundo exterior, lo queramos o no. De hecho, cuanto más intensos y significativos sean esos sentimientos, más importancia tendrán sus efectos en aquello que hacemos y los demás pueden ver.

Por supuesto, todo lo que tenga que ver con nuestra autoestima y el modo en el que nos vemos a nosotros mismos tiene una fuerte carga emocional, y uno de los ámbitos de la vida en los que más influye eso es nuestra manera de relacionarnos con las personas que nos importan.

Para comprender mejor este vínculo entre el amor propio (o la ausencia de este) y la vida social, hemos entrevistado a la psicóloga Paloma Rodriguez Calvo, que trabaja día a día en contacto con este tema.

Entrevista a Paloma Rodriguez: el vínculo entre amor propio y relaciones personales

Paloma Rodriguez Calvo es Psicóloga General Sanitaria y dirige el centro de asistencia psicológica Reinventar-se Crecimiento, ubicado en Bilbao. En esta entrevista nos explica el modo en el que el amor propio está vinculado con la capacidad para desarrollar relaciones sanas y estables en nuestras vidas.

¿Es posible tener una vida social satisfactoria si no nos queremos a nosotros mismos?

Que nos queramos o no, no impide que nos relacionemos con los demás y tengamos una vida social activa. Podríamos incluso llegar a sentir que nuestra vida social es satisfactoria simplemente por el hecho de mantener contacto con otras personas.

No obstante, si medimos nuestra satisfacción social en términos de calidad de las relaciones interpersonales, sin duda, el querernos a nosotros mismos juega un papel fundamental.

Si al relacionarnos con los demás partimos de una relación de amor propio, en la que nuestra valía no depende de otros, tendremos una mayor facilidad a la hora de mantener relaciones sociales sinceras y de confianza.

Sin embargo, cuando al relacionarnos lo hacemos desde la falta de amor propio, estaremos más predispuestos a buscar constantemente la aprobación de los demás y a relacionarnos con la necesidad de que sean los otros los que suplan esta carencia. En este caso, es más probable que aparezcan relaciones sociales de dependencia, poco significativas y no satisfactorias.

Para llevar a cabo una vida social de calidad no debemos olvidar cuidar la relación que tenemos con nosotros mismos, pues ésta tiene una gran influencia en la forma en la que nos relacionamos con los demás y con nuestro entorno jugando por tanto un papel en nuestra satisfacción personal a todos los niveles.

Teniendo en cuenta que la autoestima se forma también a través de cómo vemos que nos tratan los demás, ¿puede decirse que alguien con falta de amor propio entra en un círculo vicioso? Es decir, como se infravalora, los demás también lo hacen, y esto hace que uno mismo se siga auto-saboteando.

Cuando una persona no se siente suficientemente válida, puede ocurrir que su atención se esté focalizando inconscientemente en los acontecimientos, momentos o personas que no le hacen sentir valorada, retroalimentando su malestar y sintiéndose menos válida aún.

Este círculo se podría expresar como:

-No me quiero porque no valgo -Lo demás no demuestran que valgo cuando se relacionan conmigo -Los demás me están confirmando que no valgo -No me quiero (y vuelta a empezar…)

Una explicación a esto es una percepción e interpretación errónea de la realidad que se basa en sesgos cognitivos como el de confirmación.

Este sesgo nos hace estar más predispuestos a percibir información del entorno que nos confirme lo que ya hemos interiorizado. En este caso, si creo que no valgo, inconscientemente encuentro motivos a mi alrededor que me demuestran que estoy en lo cierto, confirmo mi idea y vuelvo a empezar. Todo esto, está a su vez influenciado por las creencias personales sobre quiénes somos y sobre qué es lo que determina nuestro valor personal.

Cada caso es único, y es necesario hacer una valoración individual para encontrar la manera de salir del bucle. La buena noticia es que el círculo se puede romper. Para ello, el autoconocimiento, la auto-compasión y la práctica de la atención plena pueden ser de gran ayuda. Si es necesario, la guía de un buen profesional puede ser la clave para salir de ese bucle de sufrimiento.

No podemos negar la influencia que pueden tener otros sobre nuestra autoestima, pero cabe mencionar que una autoestima consolidada y fuerte nunca se basará en cosas que no dependan de uno mismo, como puede ser el trato que otros nos dan. Nuestro valor depende, en primera instancia, de cómo nosotros nos vemos y nos tratamos a nosotros mismos.

Probablemente, muchas de las personas a quienes les falte amor propio creerán tener una visión objetiva de sí mismas. Sin embargo, ¿resulta complicado reconocer estos sesgos en uno mismo?

Efectivamente. En general todos tendemos a pensar que nuestra forma de percibir el mundo y de interpretar la realidad es más objetiva de lo que realmente es.

Tendemos a creer que la visión que tenemos de nosotros mismos, independientemente de si es positiva o negativa, se basa en datos reales e incuestionables. Pero esta creencia está lejos de la realidad, ya que la visión de uno mismo se basa, en su mayoría, en experiencias subjetivas.

Para las personas que carecen de amor propio esto se pone especialmente en su contra, ya que, creyendo que la visión de sí mismos es completamente objetiva, sienten que son como son y no existe la posibilidad de cambio.

Para romper con este sesgo, necesitamos desarrollar nuestra capacidad de discernimiento, cuyo punto de partida es el cuestionamiento de nuestra realidad y la auto-observación.

Cuestionarnos a nosotros mismos y observar con mayor profundidad y comprensión lo que pensamos y sentimos es la forma de reconocer y romper con estos sesgos, permitiéndonos así construir un autoconcepto más amable y compasivo para vivir de forma más adaptada y feliz.

En lo relativo a las relaciones de pareja, ¿es habitual que quienes tienen problemas de autoestima tiendan a estar con personas dispuestas a “rellenar” ese hueco afectivo a través de una actitud dominante y controladora?

Una persona con problemas de autoestima puede manifestarlo de diversas maneras en una relación afectiva. Por ejemplo, puede tender a relacionarse con alguien que le haga sentir válido e importante constantemente, independientemente de los métodos que utilice para ello (control, dominancia, atención, cuidado…); pero también podría ser al revés, convirtiéndose en la persona que necesita controlar y dominar a otros como mecanismo de protección ante su falta de autoestima. Por eso, no creo que podamos hablar de una tendencia generalizada que, en mi opinión, simplifica demasiado las cosas y puede llegar a culpabilizar.

Una baja autoestima individual afecta a la pareja y puede ser la causante de modelos de pareja desadaptativos, como aquellos en los que un miembro es muy demandante, poniendo demasiado peso en su pareja, o al contrario, muy evitativo, generando una barrera a la hora de comunicar y compartir con el otro su intimidad. Siempre es necesaria hacer una valoración precisa de cada caso en particular y no generalizar.

El amor propio nos ayuda a elegir cómo vincularnos con otros sin depender de la necesidad de cubrir una carencia individual no cubierta. Por eso, una buena autoestima es un recurso muy valioso a la hora de saber cómo te quieres relacionar, entendiendo tus límites y los de la otra persona y eligiendo lo mejor para ambos.

Puede llegar a pensarse que el perfeccionismo y la baja autoestima son prácticamente polos opuestos, porque ser perfeccionista con lo que se hace está asociado al hecho de tener ambición. Sin embargo, en muchos casos no es así, y la necesidad de hacer las cosas bien hasta el último detalle da paso a problemas de autoestima. ¿En esto influye mucho el modo en el que nos comparamos con los demás?

El perfeccionismo y la baja autoestima van de la mano. Las personas perfeccionistas luchan por mantener unos estándares desmesuradamente altos en todas las áreas de su vida. Como la perfección no existe, estar constantemente en su búsqueda, conlleva una gran frustración, y por consiguiente, a una baja autoestima.

El perfeccionismo se asocia a una falta de confianza y seguridad que genera constantes comparaciones entre nosotros y el resto, cuyo foco está en aquellas cualidades de los demás que consideramos que están por encima de las nuestras, generando un permanente sentimiento de inferioridad.

Hoy en día, este problema y sufrimiento se incrementa con el uso de las redes sociales, en las que todo el mundo muestra su mejor versión, filtrada y poco realista, haciendo que la comparación con los otros parta de una ficción más que de la realidad, generando inconformismo con uno mismo y malestar individual.

El perfeccionismo y la falta de seguridad aumentan las comparaciones irracionales con los demás, algo que afecta a nuestra autoestima, y por consiguiente, a nuestras relaciones.

Entrevista a Paloma Rodriguez

Eres experta en Mindfulness, y este tipo de prácticas con potencial terapéutico se basan mucho en la idea de la aceptación. ¿De qué manera influye esta mentalidad a la hora de construir amor propio?

El Mindfulness o atención plena es una práctica que apunta al cultivo de las cualidades de la mente que nos permiten prestar atención al momento presente sin juzgarlo y desarrollar una actitud de aceptación ante las cosas.

La aceptación psicológica significa armase de valor para estar dispuestos a experimentar cualquier cosa que esté ocurriendo aquí y ahora (emociones, pensamientos, recuerdos…) sin cambiarla, obedecerla o escapar de ella, incluida la aceptación de quién soy ahora mismo y de cómo me percibo.

Teniendo en cuenta que uno de los pilares más importantes de la autoestima es la aceptación de uno mismo, trabajar en el desarrollo de esa actitud va en dirección a la creación de un autoconcepto positivo. ¡Ojo! Aceptarse a uno mismo no consiste en resignarse; significa no rechazar lo que somos, independientemente de si nos gusta o no y poner las estrategias para la transformación de aquello que dependiendo de nosotros podemos cambiar.

La aceptación de uno mismo desde la práctica del Mindfulness conlleva la idea de compasión por lo que nos prepara para el cambio desde una perspectiva más calmada, consciente y de amor propio.

¿Qué puede hacer la Psicología para ayudar a quienes no son capaces de desarrollar relaciones satisfactorias por culpa, en parte, de su falta de amor propio?

La Psicología estudia cómo se relaciona nuestra forma de actuar, de pensar y de sentir, nos ayuda a explicar cómo lo que hacemos, pensamos y sentimos afecta a la valoración que hacemos de nosotros mismos (autoestima) y cómo esto está influenciando a su vez nuestras relaciones. Si no entendemos por qué nos pasa es muy difícil saber dónde tenemos que intervenir e incidir para poder transformar las cosas.

Por eso, la psicología se convierte en el instrumento a través del cual podemos llegar a entender, a nivel profundo, de dónde surge nuestra falta de amor propio y cómo está afectándonos nuestras relaciones con los demás.

Desde este entendimiento, la psicología proporciona las herramientas necesarias para la comprensión y la transformación de aquello que nos genera malestar. Es decir, que no solo nos ayuda a encontrar una explicación de por qué nos pasa lo que nos pasa, sino que proporciona los instrumentos que necesitamos, a nivel individual, para aprender a relacionarnos con nosotros mismos y con el entorno que nos rodea de una manera más positiva. Por ejemplo, a través del desarrollo de habilidades de comunicación, de empatía, de escucha y aceptación entre otras. Algo fundamental para el cultivo de relaciones saludables.

En conclusión, gracias a la psicología podemos desenmascarar los mecanismos y procesos que nos han llevado a vivir desde la carencia de amor hacia nosotros mismos, comprender como esto está afectando a nuestras relaciones y desarrollar habilidades que favorezcan el desarrollo de relaciones más satisfactorias.