Las redes sociales han transformado la manera en que los jóvenes construyen amistades, descubren referentes y muestran al mundo quiénes son. Una parte de su vida social ocurre hoy detrás de una pantalla, en espacios donde conviven conexión, entretenimiento y creatividad con comparación, exposición permanente y búsqueda de aprobación. Para padres, educadores y profesionales de la salud mental, comprender qué sucede en esos entornos resulta cada vez más importante para acompañar sin convertir la tecnología en el enemigo.
Redes sociales y salud mental juvenil: hablamos con Ana Ferral Garfias
De todo ello vamos a hablar con Ana Ferral Garfias, psicoterapeuta Gestalt y psicóloga clínica. Cuenta con una maestría y un doctorado en Psicoterapia Humanista por la Universidad Nexum de México, además de una maestría en Psicología Clínica por la Universidad del Golfo de California.

Ana Ferral Garfias
Ana Ferral Garfias
Psicoterapeuta Gestalt y psicología clínica.
1. Las redes sociales forman parte de la vida diaria de casi todas las personas. ¿En qué momento su uso deja de ser inofensivo y empieza a hacer daño?
El uso de las redes sociales comienza a ser perjudicial cuando dejamos de estar en contacto con nuestras propias necesidades y emociones y empezamos a depender de la aprobación externa para sentirnos valiosos o aceptados.
Las redes sociales no son dañinas por sí mismas; el problema aparece cuando afectan nuestro bienestar emocional, nuestras relaciones o la manera en que nos percibimos. Por ejemplo: cuando nos comparamos constantemente con los demás, sentimos ansiedad por recibir aprobación, necesitamos revisar el teléfono todo el tiempo o dejamos de disfrutar el presente por estar pendientes de lo que sucede en el mundo virtual. Es importante desarrollar la conciencia de lo que sentimos, pensamos y hacemos. Preguntarnos qué buscamos cuando entramos a las redes sociales puede ayudarnos a reconocer si lo hacemos por placer, para conectar con otras personas, por aburrimiento, por soledad o para evitar emociones que nos resultan difíciles.
La clave no está necesariamente en dejar de utilizarlas, sino en aprender a relacionarnos con ellas de una manera más consciente, identificando nuestras necesidades y estableciendo límites saludables. Se trata de que las redes sociales formen parte de nuestra vida, sin que nuestra vida comience a girar alrededor de ellas. El problema es que estar todo el tiempo en el celular, computadora o laptop, viendo y escuchando tanta información, nos satura y nos vuelve adictos a estar enterados de todo lo que sucede en el mundo, y esto genera mucho estrés. Muchas veces vemos noticias, vídeos y lo que salga en el algoritmo sin haberlo buscado, y la propia curiosidad humana nos deja allí viendo y escuchando algo que ni siquiera seleccionamos por gusto propio. Las redes sociales se vuelven adicción pura si no se genera una conciencia para su uso positivo.
2. ¿Por qué los adolescentes y los jóvenes son especialmente vulnerables a sus efectos?
Los adolescentes y los jóvenes son especialmente vulnerables a los efectos de las redes sociales porque se encuentran en una etapa de construcción de su identidad, en la que buscan descubrir quiénes son, fortalecer su autoestima y encontrar un sentido de pertenencia.
En esta etapa, la opinión de los demás puede tener un peso importante en la manera en que se perciben a sí mismos. Los comentarios, los likes, las comparaciones y la necesidad de ser aceptados pueden influir en su seguridad personal y generar sentimientos de insuficiencia, ansiedad o rechazo. El tener al alcance noticias acerca de sus personas favoritas —deportistas, actores, etc.— y ver el mundo en el que viven, su aspecto físico aparentemente perfecto estéticamente y los objetos materiales que publican, como coches, relojes, ropa de marca, dónde comen, siempre aparentemente felices y contentos, mientras la mayoría de los jóvenes no lo tienen, genera una frustración terrible. Por eso, la tendencia de quererlo todo fácil, rápido y sin esfuerzo.
Es importante ayudarles a desarrollar la tolerancia a la frustración y una mayor conciencia de sus emociones, necesidades y experiencias, para que aprendan a diferenciar lo que realmente sienten y desean de aquello que hacen para obtener la aprobación de los demás. Cuando la valoración personal depende demasiado de la mirada externa, puede volverse más difícil reconocer y confiar en los propios recursos.
Por eso, más que prohibirles el uso de las redes sociales, es fundamental acompañarlos en el desarrollo de una autoestima sólida, el pensamiento crítico y la capacidad de establecer límites saludables. El objetivo es que puedan construir su identidad desde el autoconocimiento y la aceptación personal, sin perderse en la necesidad de encajar o cumplir con las expectativas de los demás.
3. ¿Qué consecuencias observa con más frecuencia en los jóvenes? Por ejemplo, ansiedad, depresión, problemas de autoestima o de sueño.
Entre las consecuencias que pueden presentarse con mayor frecuencia están la ansiedad, la inseguridad, las dificultades de autoestima, los problemas de sueño y, en muchos casos, síntomas depresivos. También puede aparecer una necesidad constante de aprobación, el miedo a quedarse fuera de lo que hacen los demás y una tendencia a compararse con imágenes o estilos de vida que muchas veces muestran una realidad idealizada, comparándose con sus ídolos, que están a su alcance con un clic.
Me parece importante observar cómo estas experiencias afectan el contacto de los jóvenes consigo mismos y con su entorno. Cuando están demasiado pendientes de la opinión de los demás, pueden desconectarse de sus propias necesidades, emociones y deseos y comenzar a construir una imagen de sí mismos a partir de la aceptación externa.
También es importante considerar que las redes sociales no son necesariamente la causa única de estas dificultades. Sus efectos dependen de la historia personal, el entorno familiar, las relaciones y los recursos emocionales de cada joven, pero sí está comprobado que las redes sociales han generado entre los jóvenes un aislamiento social, donde interactuar con personas de otras edades y de su misma edad les cuesta mucho trabajo, al igual que poder relacionarse.
Desde la psicoterapia, buscamos ayudarles a reconocer lo que sienten, comprender qué necesitan y fortalecer su autoestima, para que puedan desarrollar una relación más sana consigo mismos y con los demás. El objetivo es que aprendan a valorarse por quienes son y no únicamente por la respuesta que reciben del mundo exterior.
4. La comparación constante con vidas y cuerpos aparentemente perfectos es uno de los efectos más mencionados. ¿Cómo afecta a la autoestima y a la imagen corporal?
La comparación constante puede afectar profundamente la autoestima porque lleva a las personas a medir su propio valor a partir de ideales externos que, muchas veces, son poco realistas. Cuando los jóvenes se exponen continuamente a imágenes de cuerpos perfectos, vidas aparentemente felices y experiencias idealizadas, pueden comenzar a sentir que no son suficientemente atractivos, exitosos o interesantes.
Es una dificultad para reconocer y aceptar quiénes somos, al darle mayor importancia a la mirada externa que a nuestra propia experiencia. En lugar de habitar y aceptar nuestro cuerpo, comenzamos a observarlo con exigencia, buscando corregir aquello que creemos que no cumple con las expectativas sociales.
Esto puede generar inseguridad, vergüenza, rechazo hacia el propio cuerpo y una necesidad constante de validación. En algunos casos, también puede favorecer conductas poco saludables para intentar alcanzar esos ideales, aunque son los menos casos.
Por eso, es importante acompañar a los jóvenes a reconocer sus emociones, identificar las exigencias que han interiorizado y desarrollar una relación más consciente y respetuosa con su cuerpo. No se trata de dejar de mirar a los demás, sino de evitar que la comparación les haga perder de vista su propio valor.
La autoestima se fortalece cuando dejamos de intentar ser quienes creemos que los demás esperan y comenzamos a reconocer, aceptar y valorar nuestra propia individualidad.
5. Muchas aplicaciones están diseñadas para mantenernos conectados el mayor tiempo posible. ¿Se puede hablar de adicción a las redes sociales?
Sí, podemos hablar de un uso problemático de las redes sociales que, en algunos casos, presenta características similares a una conducta adictiva, como ya lo comenté en otra de mis respuestas. Esto ocurre cuando la persona siente que necesita estar conectada constantemente, tiene dificultades para controlar el tiempo que pasa en ellas y continúa utilizándolas a pesar de que afectan su sueño, sus relaciones, sus responsabilidades o su bienestar emocional.
Muchas aplicaciones están diseñadas para captar y mantener nuestra atención mediante notificaciones, contenido continuo y recompensas impredecibles: recibir un mensaje, un comentario o un like. Esto puede favorecer que revisemos el teléfono de manera automática, incluso sin tener una necesidad concreta.
Es importante mirar más allá de la conducta y preguntarnos qué está experimentando la persona. ¿Busca sentirse acompañada? ¿Necesita aprobación? ¿Utiliza las redes para distraerse de la ansiedad, la soledad o alguna emoción que le resulta difícil afrontar?
No se trata de juzgar ni de etiquetar a la persona, sino de ayudarla a tomar conciencia de sus hábitos, reconocer sus necesidades emocionales y encontrar otras formas de satisfacerlas. Cuando recuperamos esa conciencia, podemos empezar a elegir cómo y cuándo utilizar las redes, en lugar de actuar de manera automática. Para mí, lo más grave es que cada vez más adultos, jóvenes e incluso niños prefieren relacionarse con máquinas y tecnología que con seres humanos, con la naturaleza y con los animales.
El objetivo terapéutico es que la persona recupere la libertad de elegir y que la tecnología deje de ocupar un lugar que interfiera con su bienestar y su contacto con la vida real.
6. ¿Qué papel tienen el ciberacoso y la exposición a contenidos dañinos en la salud mental de los jóvenes?
El ciberacoso y la exposición a contenidos dañinos pueden tener un impacto importante en la salud emocional de los jóvenes, especialmente porque se encuentran en una etapa en la que están construyendo su identidad, su autoestima y su sentido de pertenencia.
Cuando un joven recibe burlas, amenazas, humillaciones o comentarios ofensivos en redes sociales, puede experimentar vergüenza, miedo, ansiedad, tristeza y aislamiento. Una de las dificultades del ciberacoso es que la agresión puede continuar fuera de la escuela y del entorno físico, haciendo que la persona sienta que no tiene un espacio seguro donde descansar de lo que está viviendo.
Por otro lado, la exposición constante a contenidos que promueven la violencia, el odio, los ideales corporales poco realistas o conductas autodestructivas puede influir en la forma en que los jóvenes se perciben a sí mismos y comprenden el mundo.
Es fundamental ofrecer un espacio terapéutico donde puedan expresar lo que sienten sin temor a ser juzgados, reconocer el impacto de estas experiencias y recuperar la confianza en sí mismos y en los demás. También es importante ayudarles a identificar sus recursos personales, establecer límites y buscar apoyo en adultos de confianza.
No debemos minimizar lo que sucede en el mundo digital, porque el dolor emocional que provoca es real. Escuchar a los jóvenes, validar sus emociones y acompañarlos sin culpabilizarlos es esencial para proteger su bienestar y ayudarles a desarrollar herramientas para afrontar los riesgos del ciberacoso.
7. Estamos más conectados que nunca y, sin embargo, muchos jóvenes dicen sentirse más solos. ¿Cómo se explica esta paradoja?
Pienso que esta paradoja se explica porque estar conectados no necesariamente significa sentirnos acompañados. Las redes sociales nos permiten comunicarnos de manera inmediata, pero muchas veces esas interacciones no sustituyen la cercanía, la escucha y el contacto físico y emocional que necesitamos como seres humanos.
Un joven puede tener cientos de contactos, recibir mensajes y compartir constantemente lo que hace y, aun así, sentirse solo si no encuentra un espacio donde pueda expresarse con libertad, sentirse comprendido y aceptado tal como es. Además, la compleja comparación constante con la aparente felicidad de los demás puede intensificar la sensación de que todos tienen una vida más interesante o satisfactoria.
Se puede entender esta paradoja como una diferencia entre estar en contacto con muchas personas y estar verdaderamente en contacto con nosotros mismos y con los demás. El contacto auténtico implica presencia, escucha y la posibilidad de mostrarnos como somos, sin sentir que tenemos que construir una imagen para agradar o ser aceptados.
Por eso, es importante que los jóvenes puedan reconocer sus emociones y necesidades, fortalecer sus vínculos presenciales y encontrar relaciones en las que se sientan seguros de ser ellos mismos.
Tengo un paciente joven de 16 años que se reúne con amigos cibernéticos para jugar videojuegos hasta altas horas de la noche y me ha expresado que, además de tener problemas para dormir, por ejemplo, le gusta más reunirse con sus ciberamigos que salir físicamente con sus amigos.
La conexión digital puede acercarnos, pero la sensación de pertenencia se construye cuando podemos sentirnos vistos, escuchados y aceptados de verdad.
8. ¿Qué particularidades tiene este fenómeno en México en comparación con lo que ocurre en otros países del mundo?
Conviene considerar que los jóvenes mexicanos comparten con los de otros países muchos de los desafíos de las redes sociales, como la comparación, la búsqueda de aceptación y el ciberacoso. Sin embargo, el contexto cultural, familiar y social de México puede dar características particulares y diferentes a estas experiencias en comparación con otros países del mundo.
México es un país diverso y la experiencia de los jóvenes cambia según su entorno, sus oportunidades y sus redes de apoyo.
Hay tres aspectos que considero importantes para comprender esta realidad en México:
- El peso de la familia y la comunidad. Los vínculos familiares pueden ser una fuente importante de apoyo y protección, pero también es necesario que exista confianza para hablar de lo que viven los jóvenes en internet sin temor a ser juzgados, castigados o incomprendidos.
- Las desigualdades sociales y el acceso al apoyo psicológico. Los jóvenes no cuentan con las mismas oportunidades para recibir orientación, atención emocional o acompañamiento profesional. El contexto socioeconómico puede influir en los recursos disponibles para afrontar estas dificultades.
- La violencia digital y el silencio. En México, el abuso y la explotación sexual facilitados por la tecnología son preocupaciones importantes. Un estudio de UNICEF publicado en 2026 encontró que uno de cada ocho adolescentes usuarios de internet había sufrido este tipo de violencia durante un periodo de un año.
En cuanto a la comparación internacional, los datos de PISA 2022 mostraron que el 25 % de los estudiantes mexicanos de 15 años se sienten solos en las escuelas, frente al 16 % promedio de los países de la OCDE. Esto señala un desafío importante en el sentido de pertenencia, aunque no demuestra que las redes sociales sean la causa de esa soledad.
Considero fundamental comprender al joven dentro de su entorno: su familia, sus carencias económicas y emocionales, su escuela, su comunidad y sus relaciones digitales. No podemos separar lo que sucede en las redes de lo que la persona vive emocionalmente en su vida cotidiana.
9. ¿Qué señales deberían alertar a madres, padres y docentes de que un joven tiene una relación problemática con las redes, y cómo pueden acompañarlo sin limitarse a prohibir?
Una de las principales señales de alerta es observar cambios importantes en el comportamiento y el estado emocional del joven. Por ejemplo, cuando se muestra más ansioso o irritable, se aísla, descuida sus actividades, duerme poco, pierde interés en cosas que antes disfrutaba o manifiesta una preocupación excesiva por su apariencia y por la opinión de los demás. También debemos prestar atención si siente angustia cuando no puede conectarse o si su estado de ánimo depende demasiado de los comentarios, los mensajes o los likes que recibe.
Sin embargo, es importante no asumir que todos estos cambios se deben a las redes sociales en su totalidad. Lo fundamental es observar, escuchar y tratar de comprender qué está viviendo el joven.
Considero muy importante que los padres acompañen a sus hijos y puedan acercarse con empatía, sin juzgar ni minimizar lo que siente el joven. Esto implica poner la atención necesaria en los hijos jóvenes, situación que se vuelve difícil y compleja porque los padres están también inmersos en su mundo y preocupaciones. Considero que, por todo lo anterior, los padres deben tomar psicoterapia educacional para saber cómo acercarse a sus hijos genuinamente y corregir sus patrones equivocados, que muchas veces terminan por destruir la autoestima y la parte emocional del joven.
Un acercamiento genuino puede ayudarle a tomar conciencia de sus emociones y necesidades y a reconocer si está utilizando las redes para relacionarse, buscar aceptación, aliviar la soledad o evitar situaciones que le resultan difíciles.
También es importante establecer límites saludables de manera conjunta, cuidar los horarios de sueño, promover actividades fuera de las pantallas y fortalecer los vínculos familiares y sociales. Si hay señales de sufrimiento emocional persistente, ciberacoso o afectación importante en su vida cotidiana, es recomendable buscar apoyo psicológico.
El objetivo no es controlar al joven, sino ayudarlo a desarrollar conciencia, autonomía y responsabilidad sobre sus decisiones. Cuando se siente escuchado y comprendido, es más probable que pueda hablar de lo que le sucede y construir una relación más saludable con la tecnología.
10. Para terminar, ¿qué hábitos recomendaría para tener una relación más sana con las redes sociales, tanto a los jóvenes como a los adultos?
Recomendaría, ante todo, aprender a utilizar las redes sociales de manera consciente, sin permitir que ocupen todo nuestro espacio mental ni que determinen cómo nos sentimos con nosotros mismos.
Un primer hábito es hacer una pausa y preguntarnos: ¿qué necesitamos antes de conectarnos? ¿Buscamos información, queremos comunicarnos con alguien o estamos intentando evitar una emoción como la tristeza, el aburrimiento o la soledad? Reconocerlo nos permite elegir con mayor libertad.
También recomendaría establecer horarios para utilizar las redes, evitar el teléfono antes de dormir y durante las comidas y reservar momentos para estar presentes en nuestras actividades y relaciones. Es importante recuperar el contacto físico, cara a cara, disfrutar del descanso, mover el cuerpo y realizar actividades que nos conecten con nosotros mismos y con los demás.
Otro hábito fundamental es aprender a cuestionar lo que vemos. Recordemos que las redes suelen mostrar fragmentos seleccionados de la vida de las personas, no su realidad completa. Compararnos con esas imágenes puede hacernos perder de vista nuestra propia historia, nuestras necesidades y nuestros recursos.
A los padres y adultos les recomendaría, además, predicar con el ejemplo. No podemos pedirles a los jóvenes que dejen el teléfono si nosotros mismos estamos constantemente pendientes de él. Necesitamos construir espacios de convivencia, escucha y confianza, donde podamos interactuar y compartir lo que sentimos sin temor a ser juzgados.
Invitaría a cada persona a recuperar el contacto con el momento presente: reconocer cómo se siente, escuchar su cuerpo, identificar sus necesidades y aprender a poner límites.
Finalmente, no se trata de alejarnos de la tecnología, sino de aprender a utilizarla sin alejarnos de nosotros mismos ni de las personas que nos rodean, tarea que no es nada fácil. El ritmo de la vida moderna nos ha orillado allí, por eso hay que agotar esfuerzos por ser consciente al utilizar la tecnología.
Una relación saludable con las redes comienza cuando somos capaces de elegir cómo queremos utilizarlas, en lugar de hacerlo de manera automática, y cuando recordamos que nuestro valor no depende de la aprobación que recibimos en una pantalla.

Ana Ferral Garfias
Ana Ferral Garfias
Psicoterapeuta Gestalt y psicología clínica.













