¡Ups!

Se ha producido un error inesperado. Por favor, inténtalo otra vez o contacta con nosotros.

Entrevista a Sandra Rebeillé: cuándo el estrés laboral empieza a convertirse en ansiedad

La psicóloga explica cómo reconocer cuándo la presión del trabajo desborda nuestros límites.

Entrevista a Sandra Rebeillé: cuándo el estrés laboral empieza a convertirse en ansiedad

¿ERES PSICÓLOGO/A EN ?

Destaca entre toda tu competencia profesional.

El estrés forma parte de muchos entornos laborales y, en determinadas circunstancias, puede ayudarnos a responder ante momentos de mayor exigencia. Sin embargo, cuando la presión se prolonga y la mente continúa trabajando incluso después de terminar la jornada, la frontera entre adaptación y malestar puede volverse menos clara. La dificultad para desconectar, la autoexigencia o determinadas condiciones laborales pueden contribuir a que ese desgaste se mantenga mucho más allá del horario de trabajo.

Estrés, ansiedad y salud mental en el entorno laboral

De todo ello hablamos con la psicóloga Sandra Rebeillé, especialista en trastornos de angustia y autoestima.

Sandra Rebeillé

Sandra Rebeillé

Licenciada en Psicología

Profesional verificado
L'Hospitalet de Llobregat
Terapia online

¿En qué momento el estrés laboral deja de ser una respuesta puntual y se convierte en ansiedad?

En consulta suelo explicar que el estrés, por sí mismo, no es algo negativo. Es una respuesta normal del organismo que nos ayuda a adaptarnos a momentos de mayor exigencia. El problema aparece cuando deja de ser algo puntual y se convierte en un estado permanente.

Cuando la preocupación continúa incluso después de que disminuye la carga de trabajo, cuesta desconectar o el cuerpo permanece en alerta de forma constante, es probable que ya no estemos hablando solo de estrés, sino también de ansiedad. La persona deja de recuperar la sensación de calma incluso cuando termina la jornada o desaparece aquello que originó el malestar. Aunque objetivamente la situación haya cambiado, sigue reaccionando como si tuviera que estar preparada para afrontar una amenaza.

¿Qué señales pueden indicar que el trabajo está afectando seriamente a nuestra salud mental?

Muchas veces, el cuerpo nos avisa antes de que seamos plenamente conscientes de lo que está sucediendo. Pueden aparecer dificultades para dormir, tensión muscular, dolores de cabeza, molestias digestivas o una sensación de cansancio que no mejora con el descanso.

A nivel emocional, es frecuente sentirse más irritable, ansioso o fácilmente desbordado. También pueden aparecer dificultades para concentrarse, olvidos, pensamientos repetitivos relacionados con el trabajo o la sensación constante de que nada de lo que hacemos es suficiente.

Algo que escucho con frecuencia en consulta es: «Ya no soy como antes». Personas que anteriormente gestionaban bien la presión empiezan a sentirse superadas por situaciones cotidianas, reaccionan con más irritabilidad o viven con una sensación permanente de agotamiento. Cuando estos cambios se mantienen durante semanas o meses, conviene prestarles atención y no normalizarlos. A menudo se piensa que el malestar desaparecerá por sí solo, cuando, en realidad, se lleva mucho tiempo funcionando al límite.

¿Por qué algunas personas siguen pensando en el trabajo después de terminar su jornada?

Es algo que veo con frecuencia en consulta: muchas personas llegan a casa físicamente, pero mentalmente siguen en el trabajo. El cerebro no desconecta automáticamente cuando termina la jornada. Si durante el día ha estado sometido a mucha presión o hay asuntos que quedan pendientes, es normal que siga repasándolos mentalmente o anticipando posibles problemas. Es algo que veo con frecuencia en consulta: muchas personas llegan a casa físicamente, pero mentalmente siguen en el trabajo.

Esa necesidad de resolver lo pendiente hace que los pensamientos vuelvan una y otra vez, incluso cuando ya no podemos hacer nada hasta el día siguiente. Desconectar también es una habilidad que se aprende y requiere establecer límites.

¿Qué papel desempeñan factores como la sobrecarga o la falta de control?

Desde mi experiencia, son dos de los factores que más malestar generan en el entorno laboral. No se trata únicamente de la cantidad de trabajo, sino también de la sensación de no tener margen de decisión, de no llegar nunca a todo o de trabajar bajo una incertidumbre constante.

Cuando las demandas superan de manera sostenida los recursos que una persona tiene para afrontarlas, el desgaste es inevitable. Lo que suele resultar más difícil de sostener no es un pico puntual de trabajo, sino la sensación de que, por mucho esfuerzo que se invierta, nunca será suficiente.

¿Cómo influyen la autoexigencia y el perfeccionismo?

La autoexigencia puede ser una cualidad valiosa cuando impulsa a crecer, aprender o asumir responsabilidades. El problema aparece cuando deja de ser una herramienta y se convierte en la forma de medir nuestro valor personal.

Muchas personas perfeccionistas viven con la sensación de que siempre podrían haber hecho algo más o haberlo hecho mejor, incluso cuando reciben reconocimiento por su trabajo. Esa mirada tan crítica hacia sí mismas las mantiene en un estado de alerta constante y les dificulta disfrutar de los logros alcanzados.

Con el tiempo, el trabajo deja de ser una fuente de satisfacción para convertirse en una fuente continua de tensión. Cuidar la salud mental implica aprender a reconocer los propios límites y entender que hacer las cosas bien no significa hacerlas perfectas.

¿Qué ocurre cuando asociamos ciertos estímulos laborales con ansiedad?

Muchas personas se sorprenden porque la ansiedad aparece antes incluso de abrir un correo o entrar en una reunión. En realidad, el cerebro aprende a asociar determinadas situaciones con experiencias previas de tensión y termina reaccionando de forma automática.

Con el tiempo, esa anticipación puede generalizarse. Ya no es solo el correo o una llamada; basta con pensar que al día siguiente hay que volver al trabajo para que aparezcan la inquietud o la ansiedad. Por eso, muchas personas describen el domingo por la tarde como un momento especialmente difícil. Es una forma de memoria emocional: el cuerpo recuerda experiencias de malestar y se prepara para una amenaza que da por hecha, aunque todavía no haya ocurrido. Recuperar la calma implica crear nuevas experiencias que le permitan romper esa asociación y que el trabajo deje de vivirse automáticamente como una amenaza.

¿Cómo diferenciar entre estrés, burnout y ansiedad?

Aunque comparten algunos síntomas, no son exactamente lo mismo.

El estrés suele aparecer como respuesta a una situación concreta y, en muchos casos, disminuye cuando desaparece aquello que lo está provocando.

El burnout está vinculado específicamente al ámbito laboral y suele manifestarse a través de agotamiento emocional, pérdida de motivación, sensación de ineficacia y una actitud de distanciamiento hacia el trabajo.

La ansiedad, por su parte, puede extenderse a diferentes áreas de la vida y mantenerse incluso fuera del contexto laboral.

Por eso, siempre recomiendo valorar cada caso de forma individual. Detrás de síntomas aparentemente parecidos pueden existir problemas distintos, y comprender qué está ocurriendo es fundamental para ofrecer la ayuda más adecuada.

¿Por qué desconectar del trabajo puede generar culpa?

Detrás de esa culpa suele haber creencias muy arraigadas sobre la productividad, la responsabilidad o el valor personal. Hay personas que sienten que descansar equivale a estar perdiendo el tiempo o a no cumplir con sus obligaciones, incluso cuando están agotadas.

Sin embargo, el descanso es precisamente lo que permite sostener esa implicación sin agotarse. Si la persona aprende a parar sin culpa, poco a poco puede comprobar que el trabajo puede esperar, que el cuerpo necesita descanso y que el valor personal no depende de estar siempre haciendo.

¿Hasta qué punto técnicas individuales como la respiración, el mindfulness o la organización del tiempo pueden ayudar si el verdadero problema está en unas condiciones laborales poco saludables?

Son herramientas que recomiendo con frecuencia porque ayudan a reducir el nivel de activación y a gestionar mejor determinadas situaciones de estrés. Por ejemplo, la respiración o el mindfulness ayudan a reducir la activación fisiológica y favorecen una mejor regulación emocional, ya que con ellas las personas se permiten hacer una pausa, bajar revoluciones y recuperar cierta sensación de control. Por otra parte, una buena organización del tiempo puede ayudar a que disminuya la sensación de desbordamiento cuando el volumen de trabajo es asumible, dado que, si la persona tiene más o menos planificada su rutina, esta será más llevadera que si intentara hacer varias cosas simultáneamente.

Si la persona trabaja en un entorno en el que hay una sobrecarga constante, falta de autonomía, presión permanente o condiciones claramente poco saludables, estas técnicas no pueden resolver por sí solas el problema. Es importante que el entorno laboral no traslade toda la responsabilidad solo a quien sufre el malestar. Cuidar la salud mental del empleado implica desarrollar recursos individuales, pero también revisar las condiciones de trabajo cuando estas son la verdadera fuente del problema. Por otra parte, pedir a una persona que respire mejor mientras trabaja en un entorno claramente perjudicial sería como intentar bajar el volumen de una alarma sin apagar el incendio.

¿Qué cambios puede introducir una persona para proteger su salud mental?

Algunas medidas son establecer límites claros entre el trabajo y la vida personal, respetar los tiempos de descanso, mantener hábitos saludables y pedir apoyo cuando sea necesario. Pedir ayuda no significa ser menos capaz, sino reconocer que necesitamos apoyo y recursos para recuperar el equilibrio antes de que el problema siga creciendo. En ocasiones, cuidar la salud mental no consiste únicamente en aprender nuevas estrategias para gestionar el estrés, sino también en reconocer cuándo ha llegado el momento de replantearse determinadas condiciones laborales porque ya no son sostenibles.

En la consulta es frecuente encontrar personas que conocen estas recomendaciones, pero les resulta muy difícil llevarlas a la práctica. En esos casos, el trabajo terapéutico consiste en acompañarlas para que puedan convertir esos cambios en hábitos sostenibles.

Conclusión

Cuando hablamos de ansiedad laboral no estamos hablando de debilidad, sino de límites. Reconocer que algo no va bien no significa rendirse, sino escuchar una señal que nos indica que hay aspectos de nuestra vida que necesitan atención.

El trabajo puede ser una fuente importante de crecimiento, aprendizaje y satisfacción. Sin embargo, para que eso sea posible, también tiene que existir espacio para el descanso, los vínculos personales y la vida fuera del trabajo.

Una buena salud mental no consiste en rendir sin parar, sino en poder implicarnos en lo que hacemos sin que llegue a ocupar todo nuestro espacio psicológico. El bienestar no depende únicamente de cuánto hacemos, sino también de nuestra capacidad para descansar, disfrutar de nuestras relaciones y mantener aquellas actividades que dan sentido a nuestra vida.

Sandra Rebeillé

Sandra Rebeillé

Licenciada en Psicología

Profesional verificado
L'Hospitalet de Llobregat
Terapia online

Al citar, reconoces el trabajo original, evitas problemas de plagio y permites a tus lectores acceder a las fuentes originales para obtener más información o verificar datos. Asegúrate siempre de dar crédito a los autores y de citar de forma adecuada.

Psicología y Mente. (2026, agosto 5). Entrevista a Sandra Rebeillé: cuándo el estrés laboral empieza a convertirse en ansiedad. Portal Psicología y Mente. https://psicologiaymente.com/entrevistas/entrevista-sandra-rebeille-cuando-estres-laboral-empieza-a-convertirse-en-ansiedad

Artículos relacionados

Artículos nuevos

Quizás te interese

Consulta a nuestros especialistas