Si algo caracteriza al ser humano es la habilidad para adaptarse a situaciones nuevas, entornos inexplorados, etc. Es, en parte, lo que nos ha permitido desarrollar grandes civilizaciones. Sin embargo, esta capacidad de flexibilidad psicológica es, a la vez, algo que resulta complejo de entender, precisamente porque cambia constantemente según el contexto, la cultura, etc.

Para comprender mejor este fenómeno entrevistamos a la psicóloga Lara Tormo, quien nos habla sobre las implicaciones que la flexibilidad mental tiene ante una situación de crisis como la pandemia del coronavirus.

Entrevista a Lara Tormo: flexibilidad mental en tiempos de COVID-19

Lara Tormo es Psicóloga Sanitaria con consulta en Las Palmas de Gran Canaria, y trabaja fundamentalmente atendiendo a adultos y adolescentes en sesiones de terapia presencial u online. En esta entrevista nos habla sobre la importancia de saber adaptarnos psicológicamente a los retos que la crisis del coronavirus ha traído consigo.

¿Qué entendemos por flexibilidad mental, exactamente?

La flexibilidad mental es la capacidad de estar en el momento presente, pudiendo así atender a todos los matices del aquí y del ahora para poder adaptarse a las circunstancias. Conlleva una actitud de apertura a la experiencia y de amabilidad sin ningún tipo de juicio.

El deshacernos de los juicios es algo complicado porque realmente la parte positiva de ello es que nos hace el mundo más sencillo a la hora de poder clasificar y ordenar la enorme información que recibimos. Pero el lado negativo de ello es que presuponemos aspectos que quizás no son, por el hecho de ahorrar energía y eso hace que no atendamos a todos los matices.

La inflexibilidad se rige por el ansia que experimentamos cuando queremos que las cosas sean de determinada manera. Y no somos capaces de ver más allá, nos anclamos a nuestra idea perfecta de cómo sería algo y paradójicamente esto nos aleja de lo bonito que está ocurriendo en ese momento.

Si no nos preocupamos por tener esa higiene del momento, nos veremos sin paz durante toda una vida, intentando luchar y yendo a contracorriente.

¿Cómo se relaciona con el concepto de resiliencia?

La resiliencia es la capacidad que tiene una persona para afrontar las adversidades mediante conductas positivas ante el estrés, amenaza o conflicto.

Las personas que se adaptan a los cambios son más resilientes porque no tienen prefijadas unas metas concretas. Y, en caso de tenerlas, si no se dan, son capaces de tomar perspectiva y reformular sus nuevos objetivos adaptándose a la nueva realidad.

La resiliencia tiene que ver con creer en que lo que uno va a hacer, tendrá efecto en el ambiente o en el que ciertas cosas pasen. En cambio, las personas que han sido creadas en entornos invalidantes, no tendrán la sensación de control sobre el entorno y tendrán un autoconcepto de sí mismos de no tener la capacidad de hacer que las cosas cambien.

Pese a que la resiliencia es una habilidad muy forjada por la manera y el entorno en el que hemos sido educados, es igualmente entrenable. Para ello es necesario realizar un esfuerzo en ir dirigiendo la atención a aquellas cosas que vamos consiguiendo por nosotros mismos, para así construir la sensación de que podemos cambiar el entorno y tenemos efecto en el mismo.

¿Cómo afecta a nuestro equilibrio mental cuando no tenemos flexibilidad cognitiva?

Me atrevería a decir que a la infelicidad directamente, al sufrimiento. Este sufrimiento puede ser expresado de diferentes formas y es cuando observamos en consulta, diferentes síntomas y problemáticas, pero en el fondo es el mismo sufrimiento.

El sufrimiento aparece cuando se perpetua una creencia (tanto positiva como negativa) y se enquista. Es igual de dañino una persona que se piensa que es la mejor persona del mundo (trastorno de la personalidad narcisista), como aquella que piensa que es la peor persona del mundo (baja autoestima o depresión).

Ante una crisis como la del coronavirus, ¿qué aspectos de la flexibilidad mental te parecen más relevantes?

Este punto me parece interesante porque no creo que sea el COVID-19 el “culpable” de todas las patologías que están emergiendo. Simplemente creo que se ha exacerbado lo que ya llevábamos dentro… Y además esto se suma a la incapacidad de adaptarse a esta nueva realidad. La alta incidencia de trastornos mentales en estos últimos meses creo que es debido a las resistencias tanto físicas como mentales que solemos poner a los nuevos cambios.

El dialogo interno quejoso es lo que suele estar a la orden del día en los tiempos que corren, “vaya año”, “nos encierran”, cuando si nos paramos a pensar… por una vez en la vida, durante un periodo de tiempo todo se paró, ¡qué regalo más grande tener tiempo para uno mismo! Pero tampoco estamos acostumbrados a estar con nosotros mismos, a disfrutar de la soledad, del tiempo para hacer las actividades de ocio que a uno le gustan, o incluso de encontrar nuevas (porque tenían que ser dentro de casa).

En vez de atender a lo positivo del momento, nos quejamos por la idea premeditada que tenemos de cómo tiene que ser la vida, llena de trabajo y sin huecos para nosotros.

Y en los casos en los que se necesite acudir a psicoterapia para no verse superado por este contexto de pandemia, ¿cómo participa la flexibilidad mental en el progreso del tratamiento?

Es una de las piezas clave para sobrellevar de mejor manera el sufrimiento. Normalmente lo pasamos mal porque nuestra mente resolutiva nos dice que huyamos de aquello que nos causa miedo y dolor. Pero nos duele lo que nos importa y, si huimos de la sensación de vulnerabilidad, también huiremos de lo que nos importa. Parece una idea simple, pero va en contra de nuestra programación e instintos.

Si alguien que acude a terapia, de cierta manera está aprobando el entrar en todo lo que le produce miedo. Entonces así empezará el camino de mirar hacia adentro y flexibilizar aquellos patrones de conducta que le están haciendo sufrir.

El proceso de terapia, conlleva prestar atención a nuestros pensamientos con curiosidad, abrirnos a nuestras emociones, atender lo que está en el presente, aprender del arte de tomar perspectiva, descubrir nuestros valores más profundos y construir hábitos basados en lo que de verdad queremos.

¿Existen aspectos de la cultura en la que vivimos que desincentivan esta clase de adaptación y flexibilidad psicológica ante los retos, o directamente castigan a quienes se salen de la norma de cierta manera?

Desde la educación se nos educa para seguir un determinado patrón ordenado en el que, quien se sale de la norma, es raro… cuando creo que es todo lo contrario. Pero en cierta parte esa organización y orden, conviene en muchas ocasiones.

¿Qué hábitos son útiles para potenciar la flexibilidad mental en el día a día?

Es una habilidad que requiere de práctica continua si no se tiene adquirida. Y depende de seis habilidades que son totalmente entrenables.

En primer lugar, hay que entrenar la capacidad de no identificarte con tus propios pensamientos (Defusión). El problema cuando nos fusionamos con nuestros propios pensamientos es que nos los creemos al 100%, afecta a nuestras emociones y por lo tanto a nuestros comportamientos. Y lo peor de todo, es que, a la larga, como seres humanos hemos concluido que somos nuestros pensamientos, y solamente eso. Cuando realmente somos muchísimo más que eso si atendemos a otros aspectos de nuestro cuerpo (sensaciones corporales, respiración, etc.).

En segundo lugar, creo como importante el desarrollo de una perspectiva del yo en función del contexto. Porque muchas veces nos adjudicamos características como si fueran innatas a nosotros…e inamovibles. Cuando realmente somos así por el entorno en el que nos hemos criado o con el que estamos interaccionando. Sufrimos menos cuando somos consciente de que reaccionamos de ciertas maneras, en cierta parte, por “ser víctima” de nuestro pasado… y no porque lo hayamos elegido así conscientemente. Así nos perdonamos, aceptamos y podemos cambiar.

También creo como importante llevar un proceso de aceptación. Cuando digo aceptación no me refiero a rendirse, pero si no ir en contra de lo que uno es. Desde la aceptación es desde donde único se puede producir el verdadero cambio porque se asume responsabilidad. Cuando no somos conscientes de esto, inconscientemente estamos evitando aquello que no nos gusta constantemente y nos anclamos en un bucle sin salida.

El trabajar la presencia es de suma importancia para utilizar la mente como si fuese una linterna enfocada hacia dentro y no hacia fuera. Con ello se intenta atender a todas las sensaciones corporales de ese momento, establecer el foco de atención y también abrir el foco hacia aspectos a los que no estamos acostumbrados a notificar. Practicar la meditación o el mindfulness para estar presentes en el aquí y el ahora. En caso contrario, anclamos nuestra mente en preocupaciones del pasado o anticipaciones preocupadizas del futuro, aspectos que llevan de la mano el sufrimiento.

Uno de los últimos requisitos para poder tener flexibilidad mental es tener claro los propios valores e ir fijando metas en relación a ellos. Cuando no somos conscientes de ellos, porque ni nos los hemos cuestionados, nuestra vida se rige por los “debos”; que son normas rígidas de funcionamiento que nos autoimponemos, pero realmente no nos hacen felices. Estos provienen de la historia que hayas vivido, los entornos en los que hayas crecido y las expectativas que se han creado en ti. Y si dejamos de actuar por un “debo”, nos sentimos mal porque es la manera en la que hemos aprendido a actuar de manera automática e inconsciente. En cambio, los valores en cambio, son escogidos de manera libre y por ello, son per se, más flexibles.

Por último, es imprescindible la acción comprometida porque sin acciones no hay cambios. Hay que insertar nuevos hábitos de rutinas para poder llegar hacía donde nos proponemos. Para poder así a probar aspectos nuevos y salir del patrón de comportamiento hermético e inflexible.