Esta experta en ACT nos habla sobre los beneficios de esta terapia.

A medida que se suceden los avances en psicología, surgen nuevas maneras de formular las herramientas de intervención psicoterapéutica. Esto es lo que ha pasado con el paso del modelo cognitivo-conductual a las terapias de tercera generación.

Entra estas nuevas terapias, una de las más interesantes es la Terapia de Aceptación y Compromiso. Veamos en qué consiste a partir del testimonio de una experta en el uso de esta clase de intervención psicológica.

Entrevista a Triana Sanz: las claves de la Terapia de Aceptación y Compromiso

La psicóloga Triana Sanz Font es Psicóloga General Sanitaria y Directora de Lua Psicología, centro de psicoterapia ubicado en Madrid. A lo largo de esta entrevista nos explica qué es y cómo funciona la Terapia de Aceptación y Compromiso, y los motivos por los que es uno de los recursos más importantes en su trabajo atendiendo a pacientes.

¿En qué consiste exactamente la Terapia de Aceptación y Compromiso, y de qué filosofía de trabajo parte?

La Terapia de Aceptación y Compromiso o ACT, cuyo principal autor es Steven C. Hayes, se engloba dentro de las llamadas Terapias de Tercera Generación, nacidas de la Terapia Cognitivo-Conductual.

Parte de un modelo de trabajo contextual, ya que en vez de centrarse y querer cambiar el contenido, la intensidad y la frecuencia de los pensamientos y emociones, pone el foco en la manera en la que cada persona se relaciona con ellos, para que no controlen sus conductas.

El sufrimiento aumenta porque las estrategias y técnicas que utilizamos para solucionar nuestros problemas son erróneas y nos hacen caer en nuestra propia trampa. Por ello, desde ACT se propone un modelo que ayuda a la gente a abrirse y ser más conscientes de sus emociones, pensamientos, sentimientos y sensaciones corporales, permitiéndoles aprender y atender con mayor flexibilidad a lo que hay dentro de ellos y a lo que puede ser útil sin sentirse dominados por ellos.

Este modelo de flexibilidad psicológica se resume en tres conceptos: apertura, consciencia y compromiso. Es decir, apertura a la experiencia sin tratar de evitar lo que nos resulta desagradable, consciencia de las sensaciones, pensamientos, sentimientos, emociones, recuerdos, imágenes, etc en el aquí y ahora y compromiso para llevar a cabo un comportamiento acorde a lo que realmente quieres y comprometerte con esos patrones de conducta basadas en valores.

¿Por qué decidiste volverte experta en este tipo de terapia?

Tanto en la carrera como en las posteriores formaciones que he realizado, la base siempre ha sido la Terapia Cognitivo-Conductual y, si bien es cierto, que es una corriente de la que ya conocemos su enorme eficacia en muchos de los problemas psicológicos, se queda coja y necesitamos un nuevo enfoque.

Ese nuevo enfoque lo encontré en ACT, desde que empecé a empaparme de sus fundamentos, su marco teórico y su modo de trabajo, me di cuenta del enorme potencial que tenía, planteaba algo distinto pero a la vez natural y coherente con el modo en que funcionamos y vivimos las personas nuestra vida.

Querer liberarnos y luchar contra lo que nos hace sufrir, es algo muy común al ser humano. Evitamos o intentamos controlar cualquier pensamiento, emoción, sensación o situación que nos genere malestar y para librarnos de ellos, las estrategias que utilizamos no son más que trampas que nos ponemos y que aumentan nuestro malestar. Nos dejamos llevar por nuestros pensamientos y emociones, alejándonos de la vida que realmente queremos vivir.

No se trata de evitar, de luchar, de pensar en positivo, de cambiar pensamientos o emociones desagradables por agradables, se trata de abrirse a la experiencia (tanto positiva como negativa), situarla en el contexto y no en la persona (para generar distancia) y desde ahí, llevar a cabo conductas o acciones (es lo único sobre lo que realmente tenemos control) que sean importantes para nosotros.

Todo esto, tan coherente, natural y que nos cuesta tanto llevar a cabo, es por lo que decidí especializarme en este tipo de terapia, ya no solo como un modo de trabajar con mis pacientes sino como algo que he ido incorporando a mi vida personal.

Muchas veces se dice que las ganas de hacer desaparecer los síntomas de un trastorno hace que los pacientes se obsesionen con aquello que les produce malestar. ¿Ayuda la Terapia de Aceptación y Compromiso a evitar estas dinámicas?

Sin ninguna duda, como he comentado anteriormente, para intentar deshacernos de lo que nos genera malestar, ponemos en marcha estrategias de control como intento de solución, pero lo único que conseguimos es aumentar el malestar. Es decir, la solución se convierte en el problema, entrando en un círculo vicioso.

Por ejemplo, tenemos un eccema de piel con su consiguiente picor (problema) y para solucionarlo nos rascamos (solución), pero en este caso, cuanto más nos rasquemos, peor, aumenta el picor y la irritación (problema). La solución se ha convertido en el problema.

Desde ACT lo que se propone es romper este círculo vicioso dándonos cuenta de las estrategias erróneas que utilizamos.

Según tu opinión como psicóloga, ¿es la aceptación un valor a reivindicar ante las imperfecciones del día a día, más allá de los casos en los que hay trastornos psicológicos diagnosticables?

En la vida hay una parte de dolor que es inevitable, nos enfrentamos a situaciones, pensamientos, sensaciones, emociones y actitudes que nos van a generar malestar. El problema viene cuando ofrecemos resistencia a ese dolor. No queremos sentirnos mal, luchamos contra ese dolor y lo único que conseguimos, es aumentar nuestro sufrimiento. Entonces, ¿qué hacemos, cómo lo manejamos?

La aceptación nos permite avanzar, seguir adelante y no quedarnos atrapados en situaciones que no podemos cambiar. Esta actitud de centrarnos en las cosas que podemos hacer, nos hace adoptar un papel activo y de compromiso con nuestra vida.

Pongamos un ejemplo, me despiden de un trabajo y mi actitud o mi estrategias de afrontamiento pueden ir en dos líneas, una, maldiciendo a jefes y empresa por mi despido, lamentando mi nueva situación etcétera.

Sin embargo, como la situación (el despido) no lo puedo cambiar, lo más adecuado, sería aceptar la situación, para poder avanzar y dedicar mi tiempo y atención a lo que si puedo hacer y quiero hacer. Eso no quiere decir que evite o reprima pensamientos y emociones derivadas del despido, que es inevitable, pero si que puedo decidir no quedarme atrapado en los círculos viciosos que hablábamos.

Es importante distinguir entre aceptación y resignación. Al resignarnos no hay avance, hay estancamiento, hay rumiación, hay lucha contra ese malestar. Acabamos pensando que no podemos hacer nada por cambiar la situación, adoptamos un papel pasivo y nuestro malestar aumenta porque creemos que no somos capaces de salir de la situación. Necesitamos aceptarnos, con nuestros pensamientos, nuestras emociones, nuestra forma de ser… y, solo así, podremos avanzar.

¿Crees que la Terapia de Aceptación y Compromiso se combina bien con otras formas de psicoterapia?

Hemos dicho que ACT es una forma de psicoterapia experiencial, conductual y cognitiva y que al pertenecer a las Terapias de Tercera Generación, derivadas de la Terapia Cognitivo-Conductual, se puede combinar perfectamente con ella.

Además, el hecho de abrirnos a la experiencia, prestar atención y darnos cuenta de nuestros pensamientos, emociones y sentimientos, está muy ligado a la atención plena y al momento presente, derivado del Mindfulness. En general combina bien con el resto de Terapias de Tercera Generación, por los principios básicos que comparten.

Seguramente muchos pacientes deban aprender a distinguir entre aquello que deben aceptar y aquello que deben luchar por cambiar y mejorar. ¿Este proceso también se trabaja en las sesiones de terapia?

Cuando los pacientes empiezan a conocer y a incorporar en su día a día la aceptación como forma de afrontar las experiencias relacionadas con el dolor emocional y se comprometen a llevar a cabo acciones que son realmente útiles e importantes, ya están cambiando y/o mejorando, están aprendiendo a vivir con esa situación de la mejor manera posible. Es decir, tratan de encontrar el equilibrio entre su bienestar personal y lo que les ha tocado vivir.

Cada uno de nosotros trabajamos sobre nuestro proceso de aceptación para poder avanzar, cambiar y dejar de sufrir. Para que exista un cambio, tiene que existir aceptación previa.

Por ejemplo, en una relación de pareja, en muchas ocasiones pretendemos que el otro miembro de la pareja cambie en lugar de aceptar como es, lo que nos puede llevar a roces, discusiones etc. Otra situación es la de aceptar que la continuidad de la pareja no es posible en ese momento y, solo así, desde la aceptación, seremos más capaces de ver la realidad y las cosas con más tranquilidad, para poder tomar decisiones y llevar a cabo los cambios que queramos.

Con ello, lo que quiero decir es que puede haber algún momento en nuestra vida en el que decidimos que no queremos seguir viviendo de la forma en que lo estamos haciendo. Pero este cambio se refiere a uno mismo, al rumbo de nuestra vida, no a un cambio en el exterior.

¿Cuáles son las primeras señales de que la intervención terapéutica está funcionando? ¿Cómo lo notan los pacientes?

Lo que he ido observando en los pacientes es que, al ir trabajando en base a ACT, descubren una nueva forma de relacionarse con el dolor emocional y el sufrimiento diferente y, como ya he comentado, al mismo tiempo fácil y natural para incorporarla a su vida.

Las primeras señales vienen sobre todo cuando empiezan a ser capaces de defusionarse de sus pensamientos (la defusión es uno de los 6 pilares de ACT), es decir, empiezan a tomar distancia de los pensamientos, a darse cuenta de como está funcionando su mente, a no dejarse arrastrar por ella y a ver los pensamientos como lo que son, palabras en su cabeza.

Nuestra mente es como una tv que está encendida 24h. No podemos apagarla, no podemos hacer nada para que nuestros pensamientos aparezcan en nuestra mente en contra de nuestra voluntad.

Sin embargo, si podemos decidir si le prestamos atención o no, si tenemos la tv puesta de fondo (nuestra mente) sin prestarle atención y haciendo lo que realmente nos importa, o si le prestamos toda nuestra atención y nos dejamos arrastrar por sus historias.

La segunda señal viene en otro de los pilares de ACT de la que ya hemos hablado y es la aceptación.

Te diría que las primeras señales vienen en base a estos dos principios, la defusión cognitiva y la aceptación, pero los otros 4 pilares de ACT (el yo observante, momento presente, valores y acción comprometida), están también presentes e influyendo unos en otros, ya que sin una apertura a la experiencia, gracias a la atención al momento presente y a ese yo observante que nos permite separarnos de nuestro yo pensante, no seríamos capaces de emprender acciones comprometidas conforme a nuestros valores.

Por eso considero a ACT no solo una terapia efectiva, sino como una nueva forma de vivir.