A veces los homicidios responden a un gran estado de malestar. Unsplash

Posiblemente, el acto de arrebatar la vida a otro ser humano sea de los más mediáticos y repudiados en nuestra sociedad, y de los más difíciles de comprender. En este artículo vamos a tratar de dar respuesta a qué procesos psicológicos internos guían la comisión de un asesinato, qué motivaciones “mueven” a los asesinos en serie y por qué se mantienen dichas conductas homicidas; si bien hay que tener en cuenta que en cada caso estas motivaciones variarán en mayor o menor grado.

El concepto de la motivación homicida

La motivación homicida es un constructo multidimensional, esto quiere decir que existen varios conceptos clásicos a tener en cuenta vinculados a la motivación de los asesinos en serie, como por ejemplo: el modelado (aprender o mejorar una conducta por imitación), las técnicas de ensayo y error (perfeccionan su modus operandi), el aprendizaje vicario (ver una conducta para aprender de ella), el autorreforzamiento y condicionamiento de la conducta y las propias justificaciones del asesino que perpetúan la comisión de estos asesinatos.

Así, los asesinos pueden llegar a aprender y a modelar sus conductas. De hecho, uno de los “problemas” que existen en prisiones es que muchos presos penados llegan a aprender a cometer asesinatos de forma más precisa gracias a las explicaciones de otros delincuentes.

Los 3 tipos de motivación en homicidios

Aunque los procesos motivacionales básicos son parecidos a los de otras personas no homicidas, los asesinos suelen tener unos objetivos determinados, unas atribuciones distintas y, sobre todo, cogniciones erróneas o sesgadas. Digamos que los procesos cognitivos asociados a unos actos son reevaluados mediante los mismos procesos cognitivos distorsionados.

Los homicidas en general, y sobre todo los asesinos en serie (concepto introducido por Robert K. Ressler en los años 70), suelen hacer aquello que satisface sus necesidades, y usan la violencia como medio para alcanzar sus fines. Esta afirmación se encuadra dentro de los procesos básicos motivacionales de cualquier persona, pero en vez de utilizar la violencia como método de actuación, las personas no homicidas emplean otras estrategias.

El foco para conocer la motivación delictiva en homicidios está en el tipo de violencia utilizada. El modo y los medios empleados nos proporcionarán pistas cruciales sobre su motivación. Por esto el análisis de la escena del crimen es tan sumamente importante, pues nos refleja el estado de ánimo del agresor y sus sentimientos, lo que nos puede dar pistas para saber por qué ha cometido ese crimen.

A continuación vamos a describir los tres tipos básicos de motivación homicida. Obviamente, no son mutuamente excluyentes, pero en unos agresores puede ser más intensa una u otra.

1. Venganza y justificación

La motivación principal de estos homicidas es vengarse de forma más o menos específica de aquellos que creen que han contribuido a sus desgracias.

Estos asesinos justifican sus actos como lícitos y justos; para ellos, el asesinato es una consecuencia natural por el maltrato o el rechazo injustificado que han padecido. Sienten que deben castigar a un perfil de personas por algo que han hecho o por lo que representan (p. ej., un agresor que de joven ha sido rechazado en varias ocasiones por mujeres, años más tarde se vengará por estos hechos asesinando a varias mujeres que no tienen nada que ver con el asunto, pero que se parecen a las que inicialmente le rechazaron).

2. Control y poder

Si hay algo que es totalmente reforzante para un asesino es la sensación de poder, aunque esta sea fugaz. Tienen el control y el poder absoluto sobre la víctima, sobre su vida o su muerte. Es común el sentimiento de ser “omnipotente”, es decir, ser como una especie de Dios. Se trata de una experiencia que se puede volver totalmente adictiva para el agresor, convirtiéndose en una fuente muy potente de satisfacción personal. Puede suplir el vacío que sienten en otras esferas de su vida, como por ejemplo el aburrimiento, el pasar desapercibido, el ser “uno más”...

Esta sensación de control-poder refuerza y mantiene las conductas agresivas, por lo que es muy probable que si el asesino se mueve por este tipo de motivación vuelva a la acción.

3. Éxtasis-Alivio

Ante un estado general de malestar o excitación no aliviada, se intenta buscar una conducta o actividad que los libere de esa tensión. Presentan un estado de ansiedad, nerviosismo e intranquilidad que en muchas ocasiones se manifiesta en alcoholismo o en comportamientos antisociales, y otras veces acaba en un acto homicida.

El momento catártico de expresión de sentimientos y de ira es el asesinato en sí, y es habitual un sentimiento intenso de euforia y éxtasis. Después del acto homicida sobreviene una sensación de calma intensa y placentera, de alivio. Sin embargo, esta sensación de alivio no dura para siempre, y lo más habitual es la aparición al cabo de un tiempo de nuevos sentimientos de intranquilidad, ansiedad, tensión, ira acumulada… Han aprendido que para “aliviar” estas sensaciones una vía infalible es la comisión de un asesinato.

Reflexión final sobre la motivación en asesinatos

Debemos hacer algunos matices sobre la motivación delictiva en homicidios: la motivación de un asesino es implícita, individual y no justificada. Encontraremos tantas motivaciones como asesinos existan: es difícil identificar todas las motivaciones de los homicidas dentro de los tres tipos anteriormente citados, aunque dicha clasificación puede ser de ayuda inicial de cara a entender sus motivaciones.

En este sentido, las motivaciones para cometer un asesinato han sido siempre muy heterogéneas: existen motivaciones ideológicas, religiosas (prueba de ello es el terrorismo del ISIS), motivaciones pasionales, egoístas, económicas, venganzas, etcétera. Obviamente, la mejor manera de conocer las motivaciones de homicidas seriales es hablar directamente con ellos, realizar una entrevista meticulosa por parte de un profesional entrenado y sacar conclusiones. Algunas entrevistas muy famosas dentro de este ámbito son la realizada a Jeffrey Dahmer y a Ted Bundy.

Lo más importante, más que poder encuadrar al homicida en un tipo de motivación u otro dentro de la clasificación, es poder predecir qué es importante para él y por qué lo hace, poder entender cuál es su motivación criminal personal, cuál es su historia. De esta manera podremos predecir con mayor seguridad su comportamiento, analizar con mayor detalle sus conductas y poder detenerlo.