La violencia ha sido parte de la historia de la humanidad. Este fenómeno es tan antiguo como el primer instinto humano de dominar, de sobrevivir. Actualmente, se ha buscado conceptualizarle y problematizarle debido a las diversas afecciones derivadas de ella. En los últimos siglos, la humanidad ha sido violentada a escalas sin precedentes. La eclosión de distintas ideologías de odio ha teñido de sangre la cronología del ser humano, no obstante aún hay más detrás de este oscuro panorama.

Violencia conyugal: definición y contexto

El fantasma de la violencia es cada día más tangible. Se arrastra por las calles, se disemina a través de los medios de comunicación, borbotea en los centros de trabajo, las escuelas y los hogares. El número de investigaciones al respecto, propias de los profesionales de la psicología y expertos en el tema, ha aumentado en las últimas décadas debido a la necesidad de generar nuevos conocimientos tanto de sus causas, como de sus consecuencias. Es evidente que ya no basta con reflexionar el problema, hay que crear teorías psicológicas y sociales que permitan prevenir y corregir este mal que aqueja a toda la sociedad. Para esto se debe lograr una mayor comprensión de la realidad, hoy tan compleja, orientando esfuerzos hacia acciones pertinentes que no solamente prevengan, sino que den pie a una reformulación de los paradigmas sociales entorno a la violencia.

Un estudio titulado “Desenmascarando la violencia conyugal: relación entre el afrontamiento del estrés y la prolongación o terminación de un idilio asolador”, analizó la violencia y sus tipos según la categorización establecida por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en el ámbito privado y abordó 3 variantes de violencia: la violencia familiar, la violencia de pareja o conyugal y la violencia de género, centrándose principalmente en la violencia conyugal.

De acuerdo con la OMS (2014), el maltrato sistemático entre dos o más integrantes de la familia se le denomina violencia familiar o intrafamiliar; la violencia conyugal hace referencia al comportamiento de la pareja o ex pareja que causa daño físico, sexual o psicológico y la violencia de género es aquella que hace hincapié en la violencia contra la mujer por su pertenencia al sexo femenino, aunque de esto último difieren algunos especialistas y lo cual se detallará más adelante.

Las consecuencias de la violencia conyugal

Ahora bien, ¿cuáles son las repercusiones de los actos de violencia en los sujetos de estudio? La violencia, en todas sus expresiones (psicológica, física, económica, patrimonial, sexual y simbólica), conlleva consecuencias observables tanto en el aspecto social como individual.

A nivel individual se manifiestan física y psicológicamente. El nivel individual tiene a su vez serias repercusiones en el aspecto social; donde se encuentran graves afecciones en la educación, en la economía y la política. Tanto individual como socialmente hablando, la violencia afecta directamente la calidad de vida. Psicológicamente hablando, la calidad de vida se ve modulada por distintos factores como son: ansiedad, depresión, las expectativas hacia el tratamiento, el apoyo social y el estrés en sus distintas modalidades.

La palabra estrés se ha vuelto hoy en día tan común que se ha desatendido su verdadero efecto. De acuerdo con la American Psychological Association (APA), el estrés es definido por Baum como “...[toda] experiencia emocional molesta que venga acompañada de cambios bioquímicos, fisiológicos y conductuales predecibles”. Al verse frente una situación estresante, los individuos tienden a recurrir a ciertas acciones que les permitan recobrar el control de la situación y reducir el nivel de estrés; esto se le conoce como afrontamiento.

El afrontamiento es, entonces, todo recurso empleado por la persona afectada para sobrellevar o hacer frente al evento estresante; estos recursos pueden ser de tipo cognitivo o de conductual. Los recursos de afrontamiento se encuentran conformados por pensamientos, actitudes, omisiones, reinterpretaciones, conductas, etc., el individuo en cuestión puede desarrollar o adoptar distintos tipos de afrontamiento, asimismo es necesario mencionar que no todas las personas reaccionan de la misma manera ante determinadas situaciones.

La aparición del estrés en la violencia conyugal: un estudio

Los estudios que nos permiten conocer sobre el afrontamiento del estrés tanto en hombres como en mujeres que padecen de violencia conyugal son limitados. Estudiar el afrontamiento y sus estilos permitirá descifrar otros métodos que sirvan de prevención u orientación para hacer frente a la violencia conyugal. Por eso, el estudio citado tuvo como finalidad identificar la frecuencia de los estilos y estrategias de afrontamiento del estrés empleados por hombres y mujeres víctimas de la violencia conyugal; así como la relación que existe entre estos y la permanencia o terminación de la relación.

De entre las voces sin nombre y los invisibles que aún están presentes, fueron 5 los sujetos que constituyeron los casos de estudio; 3 del sexo femenino y 2 del sexo masculino. En un inicio se contaba con más sujetos que ya habían proporcionado su aprobación para ser entrevistados, sin embargo al momento de enfrentarse con las preguntas de los cuestionarios optaron por abstenerse de participar. Hubo unos que aunque prefirieron no participar, pidieron un poco de tiempo simplemente para narrar su historia, las cuales no se incluyeron dentro del estudio por no haberse completado los demás instrumentos.

Matizando: mujeres y hombres pueden sufrir violencia conyugal

Es necesario, además, señalar que aunque estadísticamente la mujer es quien mayormente padece de violencia en todos sus ámbitos, para este estudio se incluyó también al varón por la importancia que esto representa para la búsqueda de una mayor equidad de género en la sociedad. Esto es debido a que no se puede hablar de una equidad de género cuando se le resta atención a alguno de los dos sexos, dejando en la invisibilidad la violencia contra el hombre solamente por su condición masculina. La violencia conyugal, se dé de hombre a mujer, de mujer a hombre, de hombre a hombre o mujer a mujer, es reprobable y no puede tener cabida dentro de la sociedad.

Los sujetos de estudio se seleccionaron por disponibilidad tanto en sexo, orientación, edad y escolaridad. En cuanto a la edad, se encontraban en un rango de entre los 25 y 55 años. Todos se encuentran laboralmente activos y sus niveles de escolaridad oscilan de media superior a posgrado. Lo anterior permitió que durante la investigación se pudiera exaltar el hecho de que existe una diversidad de factores que influye en la violencia conyugal, entre ellos los factores de índole social y cultural.

También es de importancia comentar que al hablar de violencia, la mente tiende a invocar o visualizarle gráficamente con labios rotos y párpados violáceos, sin embargo, de acuerdo con no solamente los resultados de esta investigación sino también con base en los resultados publicados por el INEGI en el ENDIREH 2011, de los cuatro tipos de violencia la más representativa es la emocional o psicológica por sus altos índices de incidencia. Es debido a la cotidianidad con la que se presenta la violencia psicológica, que se ha naturalizado, minimizando a su vez los riesgos que conlleva, mismos que se mencionaron anteriormente y que permiten el progreso entre las distintas fases de la violencia.

Los resultados

Dentro del cuestionario de la ENDIREH utilizado para la entrevista, se encontró un apartado denominado opinión sobre los roles de género, el cual principalmente hace referencia a los estereotipos más comunes relacionados con el sexo femenino y el masculino. En los resultados de este apartado, el 100% de los entrevistados concluyeron que se encontraban en desacuerdo en que la mujer debe obedecer en todo lo que se le ordene, en que el hombre deba cargar con toda la responsabilidad de los gastos en el hogar y en que sea obligación de la mujer tener relaciones sexuales con su pareja. También el 100% de los sujetos estuvieron de acuerdo en que el cuidado de los hijos deba compartirse en pareja y en la capacidad de la mujer para trabajar y ganar dinero. Esto permite ver que absolutamente todos los entrevistados procuraron una respuesta políticamente correcta evitando proporcionar una respuesta que fuera acorde con su verdadera opinión o realidad. En este caso se recomienda a la ENDIREH replantear las preguntas de este apartado. Para los fines de esta investigación no fue necesaria la elaboración de otro instrumento que supliera esta apartado debido a que estos datos fueron considerados como secundarios y no se tomaron en consideración para la validación o refutación de las premisas de la investigación ya que los estereotipos de género no forman parte de los objetos de estudio.

Otro dato importante pero alarmante se encontró durante la entrevista cuando los sujetos de estudio expresaron su inconformidad en cuanto a la atención obtenida al momento en que solicitaron ayuda a las autoridades correspondientes y familiares. Tanto hombres como mujeres reportaron que al momento de solicitar apoyo, éste les fue negado o el proceso fue extremadamente largo.

En relación a las estrategias y estilos de afrontamiento, ambos sexos tuvieron proporciones casi similares en cuanto a las estrategias de auto culpa, con solamente .2 puntos de diferencia entre sus medias. Lo anterior significa que tanto hombres como mujeres presentan una tendencia semejante al momento de culpabilizarse por los actos de violencia ejercidos en su contra. Este tipo de estrategias son muy peligrosas ya que hasta cierto punto justifican la violencia conyugal permitiendo a la víctima soportar estoicamente el maltrato. En el otro extremo se encuentran las estrategias de aceptación y ventilación, las cuales cuentan con una diferencia de 3.4 y 3 puntos, respectivamente, siendo los hombres quienes emplearon más los recursos de estos tipos.

Algunas conclusiones

Sintetizando, de los resultados obtenidos se puede concluir que los sujetos, hombres y mujeres, que son víctimas de violencia conyugal suelen emplear tanto los estilos de afrontamiento enfocados al problema como aquellos enfocados a la emoción, sin embargo existe una diferencia en la frecuencia de las estrategias empleadas entre hombres y mujeres, observándose una mayor recurrencia a los estilos enfocados al problema de parte de las mujeres así como mayor incidencia en los estilos enfocados a la emoción por parte de los hombres. Lo anterior significa que las mujeres tienen una mayor recurrencia a hacerle frente a la violencia conyugal de manera activa, buscando eliminar o disminuir los efectos de la violencia y la violencia en sí; mientras que el varón le hace frente de manera inactiva y con estrategias más bien orientadas a lo emocional y su interpretación del problema.

El que el hombre tuviera mayor recurrencia a emplear estilos de afrontamiento enfocados al problema sugiere que la mediatización de los estereotipos y rol del hombre le orillan a hacer frente al estrés de manera pasiva, en comparación con la mujer, donde día a día es menos aceptado el maltrato por parte de su pareja.

En cuanto a los resultados arrojados sobre los estilos de afrontamiento empleados por los sujetos de estudio, se pudo observar que aquellos individuos que deciden permanecer en una relación violenta cuentan con un mayor repertorio de estrategias que les permiten hacer frente al problema, en comparación con aquellos que decidieron dar por terminada la relación. También se demostró que de los sujetos estudiados, aquellos que usaron más recursos dentro del estilo de afrontamiento al problema eran más propensos a terminar su relación como se puede observar en la siguiente tabla.

De acuerdo con Díaz-Aguado, la psicología tiene la facultad y el deber de protagonizarse como un agente sustancial en la lucha contra la violencia. Uno de los factores esenciales es la representación de la misma, es decir, “la representación que una persona o un pueblo tiene de la violencia y de sus posibles víctimas, desempeña un decisivo papel en el riesgo de ejercerla” (Díaz-Aguado, 1999, p.415). Es por ello que a través de este estudio se buscó manifestar que la violencia conyugal no es inevitable. Desvelar los múltiples rostros de la violencia conyugal así como los estilos y estrategias de afrontamiento empleados por las víctimas es un intento por reconfigurar la representación que se tiene actualmente de la violencia de pareja. Por lo pronto no cabe más que decir que el camino contra la violencia es largo y estrecho, pero cada paso dado no es un paso en vano.