En ocasiones sacamos conclusiones demasiado optimistas sobre un asunto determinado y lo hacemos a través del sesgo de supervivencia.

Vamos a descubrir qué implicaciones tiene este error lógico y alguno de los escenarios más habituales en los que podemos observar dicho fenómeno, pues veremos que no es un sesgo que tenga mayor prevalencia en un ámbito determinado sino que puede presentarse en toda una variedad de situaciones.

¿Qué es el sesgo de supervivencia?

El sesgo de supervivencia o sesgo del superviviente es un tipo de fallo en la argumentación lógica que nos lleva a fijarnos únicamente en los elementos que han superado una determinada selección, obviando, por el contrario, todos aquellos que no lo superaron. Esta limitación puede llegar a hacer que el observador ignore por completo la mera existencia de todos esos elementos, que en ocasiones pueden llegar a ser mayoría o bien contar con atributos interesantes que se perdieron en el olvido.

No solo se trata de ese error. Además, el sesgo de supervivencia puede hacernos caer en un optimismo injustificado en algunas ocasiones. Y es que el evaluar una determinada situación teniendo en cuenta únicamente a aquellas personas o elementos que han sobrepasado la barrera evaluadora o el proceso de selección en cuestión. Contar solo con las características o testimonios de esos y no del total de participantes, puede ser un error.

Para poder entender mejor de qué se trata el sesgo de supervivencia vamos a intentar visualizarlo con un ejemplo. Supongamos que organizamos una carrera de coches y cuando esta finaliza, damos por hecho que los tres primeros son, sin duda, los mejores coches que hay para competir. Pero han podido ocurrir multitud de situaciones que han hecho que el resto de bólidos hayan quedado por detrás.

Por ejemplo, puede haber ocurrido un accidente que ha dejado fuera de combate a coches de primer nivel. Puede que los neumáticos elegidos por algunos de los participantes no hayan sido los óptimos para aprovechar las características del coche y del circuito. Incluso puede que hayan sido peores pilotos y no hayan sabido explotar el potencial del vehículo, que incluso podría haber sido mejor que el de los ganadores.

Son solo algunas de las opciones por las que podríamos estar cayendo fácilmente en el sesgo de supervivencia, pensando que los coches de los primeros puestos son, de forma automática, los mejores. Para llegar a tal afirmación necesitamos indagar en profundidad sobre las características, no solo de ellos, sino también de todos los demás participantes. Solo entonces estaremos en disposición de establecer conclusiones con propiedad.

Ámbitos en los que aparece mucho este error lógico

El sesgo de supervivencia es un fenómeno que puede darse prácticamente en cualquier ámbito. Por eso vamos a hacer un recopilatorio de algunos de ellos y así poder comprender la magnitud de esta falacia lógica y los peligros que entraña si no somos conscientes de sus efectos.

1. A nivel económico

Probablemente uno de los escenarios más importantes para tener en cuenta la posible aparición del sesgo de supervivencia es el económico o financiero, pues las consecuencias pueden ser nefastas. En este caso, dicho sesgo haría referencia a la exclusión en cualquier tipo de informe de todas aquellas empresas u otro tipo de organizaciones que han sido clausuradas.

Por lo tanto, se estaría dejando fuera del foco la información relativa a multitud de compañías que, al haber quebrado, no sumarían en determinadas estadísticas e indicadores, que estarían compuestos únicamente por aquellas que siguen en pie. Sería uno de los casos en los que se estaría obviando una gran cantidad de información, en ocasiones muy importante.

2. A nivel histórico

Todos hemos escuchado alguna vez la afirmación de que la historia la escriben los vencedores. En cierto modo, es una forma de expresar el efecto del sesgo de supervivencia sobre los acontecimientos históricos. En estos casos, por ejemplo, suele ser el bando vencedor del conflicto el encargado de dar forma al relato acerca de la guerra por la que han luchado, sus orígenes y sus consecuencias.

En ocasiones dicho relato es razonablemente objetivo, pero en otros supone un auténtico rompecabezas para los historiadores, que han de estudiar con sumo detalle los documentos para asegurarse de que los hechos ocurrieron tal y como esa parte mantiene. Suponiendo que queden documentos que investigar, pues también se pueden eliminar las pruebas que no interesan, acerca de un pasado que “nunca” ocurrió.

3. En el ámbito profesional

No podemos olvidar que el sesgo de supervivencia también se aplica a las propias personas y por supuesto a sus carreras. Por cada gran futbolista, actor famoso, escritor de renombre o directivo reputado, existen miles que, teniendo unas características similares, fracasaron en ese mismo camino.

En este caso, considerar únicamente las cualidades de los que alcanzaron el éxito como una fórmula infalible sería un error, pues estaríamos dejando fuera del foco multitud de variables, muchas de ellas incontrolables o aleatorias, que seguramente tuvieron mucho que decir en el fracaso del resto.

4. En la calidad de los bienes

A veces tenemos la sensación de que los objetos, la ropa o la maquinaria que se crea hoy en día está diseñada deliberadamente para durar un tiempo determinado. Lo llaman obsolescencia programada. El argumento es que existen elementos del mismo género pero creados mucho tiempo atrás que aún mantienen sus cualidades.

Aquí habría un caso de sesgo de supervivencia, pues estaríamos centrándonos en el ejemplo concreto y obviando la inmensa cantidad de elementos del mismo tipo que jamás llegaron hasta nuestros días. Si tuviéramos en cuenta el total de objetos creados en determinada época y pudiéramos establecer una estadística sobre los que han demostrado su durabilidad y los que no, tal vez nuestra opinión cambiaría.

Seguramente nos daríamos cuenta de que en realidad solo han durado más de lo habitual aquellos productos diseñados con unas características muy concretas y por el contrario han sido multitud los que no han podido resistir el paso del tiempo tan bien como esos casos minoritarios.

5. Respecto a la arquitectura

Seguramente el lector tendrá la impresión, bien fundada, de que los edificios antiguos tienden a ser mucho más bellos que los modernos. ¿Quiere decir esto que absolutamente todas las construcciones que se realizaban en épocas pasadas eran majestuosas y además tremendamente resistentes? En absoluto. Eso sería, sin duda, caer en el sesgo de supervivencia.

¿Cómo se explica entonces que todos (o casi todos) los edificios antiguos que se conservan en las ciudades sean notablemente más bonitos que los más nuevos? Debido a los constantes procesos de renovación que sufren las ciudades cada pocas décadas. Esto hace que la mayoría de edificios tengan una fecha de caducidad, excepto aquellos que son especialmente reseñables debido a sus características.

Por lo tanto, estos suelen pasar a formar parte del patrimonio y se trata de restaurarlos siempre que sea posible en lugar de derribarlos y sustituirlos por otros. Ese es el origen del sesgo de supervivencia, pues da pie a pensar que solo los edificios antiguos perduran, sin tener en cuenta que por cada uno que ha llegado a nuestra época, hay centenares que quedaron reducidos a escombros.

6. En estrategias bélicas

Una de las estrategias que el ejército de EEUU llevó a cabo durante la Segunda Guerra Mundial fue la de estudiar los impactos de bala que recibían sus bombarderos durante las batallas aéreas, para proteger especialmente las zonas donde más balazos se observaban. Parecía una estrategia brillante, pero estaba pasando por alto un factor clave: todos los aviones derribados en combate.

El hecho de no poder estudiar las aeronaves destruidas, hacía imposible verificar dónde recibían los disparos precisamente aquellas que sufrían los daños más graves. Por lo tanto, se trata de un caso evidente de sesgo de supervivencia.

7. Las siete vidas de los gatos

¿Quién no conoce el popular dicho de que los gatos tienen siete vidas? Una de las pruebas que se suele dar para sostener tal afirmación es que habitualmente los gatos sobreviven a caídas desde grandes alturas. ¿Cómo se sabe esto? Porque los veterinarios, habitualmente tratan a ejemplares de estos animales que han sufrido las lesiones propias de una caída desde varios pisos.

Pero se trata de otro caso de sesgo de supervivencia, pues estamos valorando únicamente los casos de gatos que sobreviven a las caídas, dejando de lado todos los casos de gatos que, lamentablemente, no tienen tanta suerte y fallecen por las consecuencias de precipitarse al vacío. Es probable que el número de estos últimos sea mayor, pero al ser obviados de la estadística, seguimos pensando que los gatos tienen siete vidas.

Referencias bibliográficas:

  • Brown, S.J., Goetzmann, W., Ibbotson, R.G., Ross, S.A. (1992). Survivorship bias in performance studies. The Review of Financial Studies.
  • Mangel, M., Samaniego, F. (1984). Abraham Wald's work on aircraft survivability. Journal of the American Statistical Association.
  • Shermer, M. (2014). How the Survivor Bias Distorts Reality. Scientific American.
  • Whitney, W.O., Mehlhaff, C.J. (1987). High-rise syndrome in cats. Journal of the American Veterinary Medical Association.