¡Ups!

Se ha producido un error inesperado. Por favor, inténtalo otra vez o contacta con nosotros.

Las 4 teorías de la evolución biológica de la Inteligencia

Estas son las principales hipótesis acerca de cómo surge la inteligencia en los seres vivos.

Las teorías de la evolución biológica de la Inteligencia
Wing Ying / Pexels

¿ERES PSICÓLOGO/A EN ?

Destaca entre toda tu competencia profesional.

¿Buscas psicólogo? Encuentra el apoyo que mejor encaja contigo

Responde 7 preguntas rápidas y recibe recomendaciones personalizadas.

Empezar test

Es muy común que la inteligencia sea definida como la capacidad de adaptarse al cambio, pero esta explicación tiene una pequeña desventaja: lleva a pensar que esta capacidad es algo separado del cambio en sí mismo, como si fuese una cualidad mental estática. En realidad, también hay procesos de transformación en la propia inteligencia, tanto en la escala temporal que va desde el nacimiento hasta la vejez como en la que cubre los millones de años de la evolución biológica de las especies.

Es más: comprender la manera en la que la inteligencia ha ido apareciendo y sufriendo modificaciones en linajes evolutivos diferentes ayuda a comprender mejor este rasgo psicológico. Por ello, muchos investigadores han propuesto teorías sobre la evolución biológica de la inteligencia, aportando explicaciones distintas acerca de cuáles son las presiones evolutivas que han ido moldeando las capacidades cognitivas de los animales humanos o no humanos. Aquí resumiré las más importantes.

Las principales teorías sobre la evolución biológica de la inteligencia

Empecemos por aclarar que estas “teorías” solo lo son en el sentido más laxo de la palabra. Si dejamos atrás el lenguaje popular y nos centramos en la terminología científica, son hipótesis, porque ni disponen de un nivel alto de consenso científico que respalde cada una de ellas, ni explican de manera relativamente “cerrada” sistemas amplios de la realidad (como la manera en la que interactúan los átomos o el modo en el que evolucionan todas las formas de vida en general). 

Este es un ámbito de investigación relativamente especializado, con varias explicaciones que describen fenómenos parcialmente complementarios. Además, es relativamente joven, ya que empezó a dar sus primeros pasos en la segunda mitad del siglo XX y, desde entonces, ha ido nutriéndose de las aportaciones de biólogos, etólogos, psicólogos y antropólogos.

También deberías tener en cuenta que estas hipótesis se solapan en varios aspectos y, de hecho, algunos podrían considerar que dos de ellas no son en realidad teorías diferentes, sino variaciones de una misma teoría que ponen énfasis en aspectos diferentes. Cuando me tope con alguno de estos solapamientos especialmente evidentes, intentaré hacértelo saber, aunque te advierto que seguramente hay una cantidad casi infinita de líneas de intersección, algunas más obvias y otras más sutiles, dependiendo del punto de vista de cada uno.

Dicho esto, empecemos por la teoría más "antigua".

1. Hipótesis de la inteligencia social

Esta explicación sobre la evolución de la inteligencia surge sobre todo en el campo de la primatología, e indica que las adaptaciones que han convertido el cerebro de los primates en la base de una de las inteligencias más desarrolladas del mundo tienen su razón de ser en la necesidad de adaptarse a la vida social. Es decir, que la inteligencia habría experimentado un gran “impulso evolutivo” en un linaje muy proclive a vivir en colectivos llenos de dinámicas complejas: cooperación, rivalidad, competición entre grupos, etc.

Una de las primeras personas en delinear esta hipótesis podría haber sido la bióloga Alison Jolly, quien se especializó en el estudio de los lemures, uno de los tipos de primates que conserva características más ancestrales, posiblemente debido a su aislamiento durante millones de años en la isla de Madagascar. En los años 60, Jolly apuntó la posibilidad de que la tendencia de los primates a vivir en grupos complejos y a aprender de los otros fuese anterior al desarrollo de su inteligencia general y al perfeccionamiento de su capacidad para manipular objetos, por lo que la vida social sería la causa de la “expansión” del cerebro primate, y no la consecuencia de esta.

Aproximadamente una década más tarde, el etólogo Nicholas Humphrey siguió desarrollando esta idea creando una hipótesis de la inteligencia social más detallada y descrita en su ensayo The Social Function of Intellect, el cual está incluido en el libro “Growing points in Ethology”. A partir de sus investigaciones con gorilas, una especie sujeta a pocas presiones ecológicas por parte de otras especies (apenas tienen depredadores y la mayor parte de su dieta es materia vegetal) y que, sin embargo, posee un nivel relativamente alto de inteligencia, Humphrey concluyó que la presión evolutiva detrás de la existencia de esas complejas capacidades mentales tenía que ser la importancia de navegar por el “laberinto social” de las relaciones entre los miembros de la propia especie. Ahí entran procesos mentales como anticipar las reacciones de los demás ante una alianza o un engaño, imaginar distintos escenarios en los que el grupo de aliados está conformado por distintos individuos, evocar ciertos recuerdos para decidir quién nos ha traicionado, etc.

En la década de los 80, la hipótesis gana popularidad y aumenta la cantidad de investigadores que se involucran en ella; algunos de los más destacados fueron Andrew Whiten, Richard Byrne y, más recientemente, Robin I. M. Dunbar. Este último investigador ha puesto énfasis en el estudio de cómo el aumento de la vida social ha podido ir evolucionando con un aumento del tamaño del cerebro, haciendo que el término “hipótesis de la inteligencia social” pase a estar muy relacionado con la “hipótesis del cerebro social”. 

Algunos de estos científicos, como Whiten y Byrne, tendieron a poner el foco en cómo la inteligencia puede responder a la necesidad de defender los propios intereses individualistas al vivir dentro de un grupo, lo cual les ha llevado a hablar de “inteligencia maquiavélica”. Otros, como el etólogo Frans de Waal, defendieron el valor de la inteligencia como algo necesario para mantener a flote durante mucho tiempo relaciones estables y basadas en la confianza mutua.

2. Hipótesis de la inteligencia ecológica

Aunque este artículo trate sobre las teorías sobre la evolución de la inteligencia, quizás te hayas dado cuenta de que hasta ahora hemos hablado de nuestros parientes más próximos: los del orden de los primates. Sin embargo, hay linajes en los que especies muy distintas a la nuestra han desarrollado un nivel relativamente alto de inteligencia llevando un estilo de vida muy solitario. El ejemplo más extremo es, posiblemente, el pulpo. Un animal en el que las principales interacciones con los congéneres consisten en el apareamiento, los enfrentamientos directos por los recursos y el canibalismo. Y, a pesar de ello, esta clase de moluscos es capaz de resolver rompecabezas con relativa facilidad e incluso utilizan herramientas en su medio natural, como por ejemplo el uso de conchas o cáscaras de coco a modo de escudo o de “casa a cuestas”.

En esta clase de situaciones resulta especialmente útil la hipótesis ecológica de la inteligencia, según la cual las capacidades cognitivas superiores aparecen para adaptarse a las necesidades de protección física y búsqueda de alimentos y otros recursos materiales, sobre todo en entornos cambiantes. Aquí entrarían aptitudes como la memoria espacial, la detección de patrones visuales, la anticipación de trayectorias en tiempo real, la planificación de rutas evadiendo depredadores, el uso deliberado de herramientas mediante “ensayos” en la imaginación… Una parte de estas habilidades podría ser explicada a partir de las conductas instintivas porque responden a necesidades muy básicas de supervivencia, pero todas, en mayor o menor medida, requieren de la capacidad de aprendizaje e improvisación.

Esta es una hipótesis apuntalada por una cantidad enorme de investigadores, entre otras cosas porque una gran variedad de especies animales da lugar a una cantidad enorme de necesidades “ecológicas” diferentes que deben ser atendidas según el nicho de cada especie. Sin embargo, es posible nombrar a algunas de sus figuras más representativas, como Katharine Milton. Esta primatóloga y antropóloga ha estudiado el modo en el que la inteligencia es fundamental para aprender la distribución espacio‑temporal de los alimentos basados en fruta (y, por consiguiente, muy nutritivos y codiciados) en entornos en los que estos desaparecen rápidamente, como por ejemplo las junglas.

3. Hipótesis del cerebro cultural

En la década de los 2010 surge la hipótesis del cerebro cultural, desarrollada especialmente por el psicólogo Michael Muthukrishna y el antropólogo Joseph Henrich. Esta perspectiva invita a ver la cultura como una entidad que está más allá de los individuos y da lugar a nuevos nichos de especialización y oportunidades de acumulación de recursos (capital cultural). Por eso, a medida que los individuos van aprendiendo y “liberando” información que es puesta en común, el entorno se transforma y favorece la evolución de cerebros con mayor capacidad para acumular y gestionar información de tipo cultural. Esto incluye tanto oportunidades de aprender conjuntamente, como oportunidades de intentar vedar el paso a los demás cuando intenten acercarse a ese capital cultural, dependiendo de los objetivos de cada uno. 

Aunque los autores la proponen como un marco integrador propio que se nutre de las otras hipótesis, algunos podrían opinar que esta es una variante de la hipótesis de la inteligencia social, porque tienen muchos aspectos en común. Sin embargo, se diferencia de esta última en que resalta el carácter acumulativo y “externo” de la cultura una vez esta ha sido producida; no es simplemente el resultado del aprendizaje colectivo, sino algo que transforma el contexto dando lugar a una situación totalmente nueva y a la cual hay que adaptarse biológica y socialmente, lo cual a su vez crea las condiciones para que la cantidad de información disponible siga aumentando y expandiéndose. Por otro lado, esta hipótesis también puede ser vista como una variante de la hipótesis de la inteligencia ecológica, en el sentido de que la cultura forma parte del “entorno” de muchas especies y los colectivos viven inmersos en ella, expuestos a los riesgos y oportunidades que plantea.

Aunque esta sea una hipótesis que en la práctica está relativamente centrada en los seres humanos, también aspira a explicar el surgimiento de la inteligencia en otros animales. No hay que olvidar que otras especies ya han demostrado ser capaces de producir cultura; desde miembros de los grandes simios desarrollando y perfeccionando herramientas, hasta cetáceos que crean “rituales” de integración social e incluso modos de vida especializados en una manera de cazar característica dependiendo de dónde viven, la cual es transmitida a las nuevas generaciones.

4. Hipótesis depredador-presa de la inteligencia

La teoría de la evolución de la inteligencia más reciente es la hipótesis depredador-presa, propuesta en un artículo publicado hace poco en Nature Reviews Biodiversity por un equipo de investigadores liderado por Eamonn I. F. Wooster. El nombre (es una traducción del inglés, Predatory Intelligence Hypothesis) indica que este punto de vista pone el foco en la carrera armamentística cognitiva que tiene lugar en la competición entre los depredadores y sus presas. Además, señala que un uso eficiente de los recursos del cerebro, aprovechando al máximo el potencial de la flexibilidad mental, se asocia a mayores tasas de supervivencia en determinados contextos. 

Esto no se cumpliría en presas que “invierten evolutivamente” en defensas físicas, que típicamente suelen ir de la mano de un estilo de vida más monótono y con menos gasto de energía (por ejemplo, las tortugas). Sin embargo, aquellas especies con menos posibilidades de éxito en el contacto cuerpo a cuerpo necesitan aprender a recordar la localización de los refugios cercanos, memorizar rutas sin obstáculos por las que se puede escapar, aprender formas de agrupamiento para expulsar a los depredadores con la ayuda de los demás, decidir qué áreas del entorno observar primero antes de avanzar con cautela, etc.

Por otro lado, cada vez que las presas avancen un “escalón cognitivo” en esta especie de guerra armamentística, los depredadores se verían expuestos a una mayor presión selectiva, por lo que tenderían a sobrevivir aquellos capaces de aprender nuevas estrategias de caza.

Esta es una hipótesis que complementa a la hipótesis de la inteligencia social y la ecológica, ya que establece un puente entre ambas (hay elementos de interacción con el entorno y de interacción con otras mentes) pero, a su vez, propone nuevos mecanismos que las otras tienden a infravalorar.

Newsletter PyM

La pasión por la psicología también en tu email

Únete y recibe artículos y contenidos exclusivos

Suscribiéndote aceptas la política de privacidad

  • Dunbar, R. I. M. (2003). The social brain: Mind, language, and society in evolutionary perspective. En The Oxford Handbook of Evolutionary Psychology (cap. 4). Oxford University Press.
  • Jolly, A. (1966). Lemur social behavior and primate intelligence. Science, 153(3735), 501–506.
  • Muthukrishna, M., Doebeli, M, Chudek, M., & Henrich, J. (2018). The cultural brain hypothesis: How culture drives brain expansion, sociality, and life history. PLOS Computational Biology, 14(11), e1006504.
  • Rosati, A. G. (2017). Foraging cognition: Reviving the ecological intelligence hypothesis. Trends in Cognitive Sciences, 21(9), 691–702.
  • Whiten, A., & van Schaik, C. P. (2007). The evolution of animal “cultures” and social intelligence. Philosophical Transactions of the Royal Society B: Biological Sciences, 362(1480), 603–620.
  • Wooster, E. I. F., et al. (2026). Predator–prey interactions as drivers of cognitive evolution. Nature Reviews Biodiversity. Advance online publication.
  • (s. f.). Social intelligence hypothesis. En ScienceDirect Topics in Psychology. Elsevier. Recuperado de https://www.sciencedirect.com/topics/psychology/social-intelligence-hypothesis

Al citar, reconoces el trabajo original, evitas problemas de plagio y permites a tus lectores acceder a las fuentes originales para obtener más información o verificar datos. Asegúrate siempre de dar crédito a los autores y de citar de forma adecuada.

Adrián Triglia. (2026, abril 2). Las 4 teorías de la evolución biológica de la Inteligencia. Portal Psicología y Mente. https://psicologiaymente.com/inteligencia/teorias-evolucion-biologica-de-inteligencia

Artículos relacionados

Artículos nuevos

Quizás te interese

Consulta a nuestros especialistas