¿Has oído a hablar alguna vez del número de Dunbar? Se trata del número que propuso el psicólogo, antropólogo y biólogo Robin Dunbar para hacer alusión al número de personas con las que nos relacionamos habitualmente.

¿Cuáles son sus orígenes y qué relación tiene con nuestros antepasados, y con los primates? ¿Y con la neocorteza cerebral? En este artículo responderemos a todas estas cuestiones y, además, explicaremos qué relación tiene el número de Dunbar con las congregaciones religiosas, según datos de un estudio reciente.

¿Qué es el número de Dunbar?

El número de Dunbar es un número que dió a conocer, hace más de de 25 años, el psicólogo, antropólogo y biólogo británico Robin Dunbar (de nombre completo Robin Ian MacDonald Dunbar). Consiste en el número de personas con las que nos relacionamos habitualmente, que son 150 aproximadamente.

Según Dunbar, este número se relaciona con el tamaño de nuestra neocorteza cerebral y con su capacidad de procesamiento. Recordemos que la neocorteza cerebral (o neocórtex) es el área del cerebro que nos permite razonar y pensar de forma lógica y consciente. En otras palabras, recoge nuestras funciones mentales superiores, y permite el funcionamiento de las funciones ejecutivas.

Hipótesis del cerebro social

El número de Dunbar se enmarca en la hipótesis del cerebro social, también desarrollada por Robin Dunbar, según la cual existe una correlación entre el tamaño del cerebro (concretamente, de la neocorteza cerebral) y el número de relaciones sociales que podemos establecer las personas (aunque también se aplica a primates, como veremos más adelante).

Se trata de un número que despertó mucha curiosidad a diferentes campos y ciencias, como lo son la sociología y la antropología, pero también otras ciencias más “de números”, como la administración de empresas y la estadística.

Origen de este concepto en la obra de Robin Dunbar

¿Cuál es el origen del número de Dunbar? Hace muchos años, los primatólogos (es decir, los profesionales que estudian el comportamiento de los primates), observaron lo siguiente: los primates tienen una naturaleza altamente social, lo que hace que mantengan (y que necesiten) un contacto social con los demás miembros de su grupo.

Pero no sólo observaron esto, sino que además, encontraron que el número de miembros del grupo con el que los primates mantenían el contacto social, estaba directamente relacionado con el volumen de su neocorteza cerebral. Es decir, determinaron que existe un índice de tamaño de grupo social en cada especie de primates, que difiere de una a otra según el volumen del neocórtex de cada una de ellas.

Unos años más tarde, en 1992, Robin Dunbar utilizó la correlación que se había determinado en los primates no humanos para predecir qué tamaño tendría el grupo social en los humanos (es decir, aplicó el número de Dunbar a los humanos).

Concretamente, Dunbar determinó que el número de Dunbar en humanos era del tamaño de 147,8 (que normalmente se redondea a 150), aunque Dunbar especificó que se trataba de un valor aproximado.

Hallazgos en sociedades humanas

La neocorteza cerebral es una zona del cerebro que se desarrolló hace unos 250.000 años. Dunbar empezó a investigar diferentes sociedades nómadas, tribus y villas, para hallar el número de Dunbar de cada una de ellas.

Así, investigó los tamaños de los grupos sociales de todas estas sociedades, y encontró que el número de Dunbar podía clasificarse en tres categorías: de 30 a 50 personas, de 100 a 200 y de 500 a 2.500.

En cuanto a sus hallazgos y observaciones, también advirtió que un grupo de 150 personas requería de un incentivo muy alto por el que mantenerse unido.

En este sentido, una conclusión a la que llegó Dunbar es que, para que un grupo de este tamaño permaneciera unido y cohesionado, sus integrantes debían invertir un mínimo del 42% de su tiempo a la socialización con los otros miembros del grupo.

¿Qué grupos alcanzaban el número de Dunbar?

Dunbar encontró también que únicamente aquellos grupos o sociedades que estuvieran sujetas a una gran presión por sobrevivir, o que tuvieran una necesidad muy fuerte (como algunas tribus nómadas, poblados de subsistencia y diferentes grupos militares) podían llegar al número de Dunbar.

Además, encontró que estas personas estaban casi siempre en contacto físico (o al menos, cerca las unas de las otras). En cambio, los grupos dispersos (los miembros de los cuales no estaba cerca físicamente) tenían menos lazos, menos vínculos.

La importancia del lenguaje

Dunbar no únicamente estudió la importancia de la socialización y de las necesidades a la hora de explicar el número de Dunbar, sino también la importancia y el poder del lenguaje. Según él, éste podía haber surgido como una herramienta que facilitar las socializaciones. Esto, a su vez, podía mejorar la cooperación, la producción, la supervivencia…

Así, el lenguaje constituye una herramienta de cohesión en las sociedades que a su vez, reduce la necesidad de estar en contacto íntimo con los demás, a nivel físico y social.

Relación con las comunidades religiosas

Un artículo reciente (2020) de Bretherton y Dunbar, relaciona el número de Dunbar con la religión; concretamente, con la literatura sobre el crecimiento de la iglesia. Así, dicho estudio revela que el número de Dunbar se podría aplicar también al tamaño y crecimiento de las comunidades religiosas.

El estudio va un poco más allá, y también analiza otros aspectos que rodean el famoso número de Dunbar; concretamente, los investigadores realizaron los siguientes hallazgos o conclusiones:

Conclusiones destacadas

Por un lado, encontraron que las congregaciones más grandes tienen una menor participación activa por parte de cada uno de sus miembros. Por otro lado, y esto tiene mucho que ver con el número de Dunbar, las congregaciones que tienen sólo un líder suelen tener un número de participantes que se sitúa alrededor del 150.

Además, este tipo de congregaciones (con 150 miembros) se estratifican en grupos funcionales o sociales aún más pequeños.

Pero, ¿qué ocurre con las congregaciones de más de 150 miembros? Los investigadores revelaron que éstas padecen grandes tensiones internas que las conduce a tener que reorganizarse de forma interna. Estas mismas congregaciones (de más de 150 miembros), de hecho, necesitan de subdivisiones estructurales para que se produzca la participación activa de sus miembros.

El artículo, muy interesante de leer, lo que hace básicamente es proporcionar un marco teórico que unifique las observaciones de la literatura sobre el crecimiento de la iglesia, junto a la Hipótesis del cerebro social y el número de Dunbar.

Referencias bibliográficas:

  • Bretherton, R. y Dunbar, R. (2020). Dunbar’s Number goes to Church: The Social Brain Hypothesis as a third strand in the study of church growth. International Association for the Psychology of religion.
  • Dunbar, R. (1988). Primate Social Systems. Chapman Hall and Yale University Press.
  • Dunbar, R. (1992). Neocortex size as a constraint on group size in primates. Journal of Human Evolution 22 (6): 469-493.
  • Dunbar, R. (1993). Co-Evolution of Neocortex Size, Group Size and Language in Humans. Behavioral and Brain Sciences 16: 681-735.