La palabra “duelo”, lo primero que nos trae a la mente, es la partida de un ser querido. Sin embargo, el duelo es un fenómeno humano que se presenta de manera diversa a lo largo de toda la vida.
Entre las pérdidas más estudiadas o, sobre las que se ha escrito mayormente, se encuentran, además de la pérdida de un ser querido, el duelo por la ruptura de una relación de pareja y, en el momento actual, la pérdida del trabajo, o, relación laboral.
Pero, existe una manifestación del duelo, poco abordada que incide en la vida de los niños de manera dramática y puede prologarse, incluso, hasta la adultez mayor. Nos referimos al duelo por el abandono de los padres.
¿Cómo impacta el duelo por el abandono de los padres en la niñez?
Como dice la psicóloga Ana Ocaña: “el abandono no siempre significa que te dejarán en la puerta de un orfanato. El abandono emocional puede ser sutil, silencioso y devastador”.
En algunos estudios, se identifica al duelo por abandono como un duelo ambiguo, porque los padres están ausentes, pero a la vez presentes en vida. Se trata de un dolor que puede producirse por diversas causas. Desde las peleas constantes entre los padres, en las cuales el niño se convierte en un “testigo silencioso”, percibiendo la situación, en ciertos casos, como la pérdida del amor de la mamá y/o del papá hacia él, llegando, incluso, a sentirse el culpable de la situación familiar. Hasta, por supuesto, el hecho de la separación o divorcio.
Al respecto, estudios revelan que luego de la separación o divorcio de sus padres, los niños pueden pasar por las etapas del duelo, como si se tratara del fallecimiento de alguno de ellos. Estas etapas son: negación, ira, tristeza (llamada también depresión), negociación (entendida como reflexiones sobre lo que ocurre para encontrar un porqué) y, finalmente, la etapa de aceptación.
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¿Cómo impacta el duelo por el abandono de los padres, en la adultez?
Decimos que el abandono de los padres puede impactar a lo largo de la vida, y no solamente en la niñez. Así, en la adultez se manifiesta en las relaciones de pareja, porque los estilos de apego “aprendidos” en la infancia, se suelen reproducir en las relaciones de pareja.
Por ejemplo, el adulto joven que ha sido objeto de abandono suele ser, de cierta manera, desconfiado en sus relaciones de pareja, adoptando un estilo de apego o vínculo evitativo, el cual se manifiesta cuando llega el momento de asumir un compromiso en la relación de pareja, evitando o, “huyendo” de ese compromiso, lo máximo posible.
Sin embargo, el adulto joven también podría haber interiorizado un estilo de apego o vínculo ansioso, que vendría a ser justamente, lo contrario al vínculo evitativo, ya que el ansioso experimenta, más bien, constante temor por la pérdida de su relación de pareja y busca, ansiosamente, asegurarla. Estos dos casos suelen desencadenar situaciones conflictivas en las relaciones de pareja.
Pero, no debemos dejar de mencionar, un tercer tipo de apego o vínculo, que se gesta, en situaciones de abandono infantil, se trata del apego o vínculo desorganizado, el cual tiene menor prevalencia que los dos mencionados, pero sí es el más complejo. Cuando el apego o vínculo ha sido desorganizado, el desarrollo de un vínculo de pareja estable resulta sumamente difícil, y hasta imposible si no se cuenta con alguna ayuda psicoterapéutica.
Al respecto, en consulta, es posible identificar este último tipo de apego en personas adultas mayores, es decir, de alrededor de 60 años, quienes vivieron abandono en su niñez, y, además, es pertinente mencionar, vivieron situaciones de extrema pobreza. En estas personas, mujeres, mayormente, se observa un total rechazo al vínculo de pareja, señalándolo como lo menos importante o necesario en sus vidas, prefiriendo mantenerse solteras por el resto de sus días y, más bien, enfocarse en el trabajo y en su salud individual, como aspectos fundamentales para su bienestar.
Apoyo psicoterapéutico
Por lo tanto, el abandono es un tipo de duelo difícil de procesar. Ya que la herida que ello produce tarda en “cicatrizar”. Es indispensable la ayuda psicoterapéutica, en estos casos. Al respecto, existen diferentes modelos para su tratamiento. Uno de ellos, validado científicamente, es la Terapia de Aceptación y compromiso (ACT, por sus siglas en inglés).
Es un modelo considerado como parte de la tercera generación de las terapias cognitivo-conductuales, debido a que incorpora nuevas herramientas, basadas en el enfoque holístico de la psicología moderna, con el objetivo general de desarrollar una predisposición a la aceptación de los eventos privados que nos causan el malestar, entendido este como un fenómeno propio de nuestra condición humana.

Lourdes De La Puente Arbaiza
Lourdes De La Puente Arbaiza
Magister Psicología educacional - UPCH
En este sentido, ACT promueve lo que científicamente se ha denominado: flexibilidad psicológica, definida por su autor, el Dr. Steven Hayes, como la capacidad de sentir y de pensar con apertura mental. Así, somos capaces de acercarnos al malestar, o sufrimiento, que podrían producirnos los recuerdos dolorosos del pasado, con una actitud de comprensión y aceptación. A su vez, ACT, te conduce a la identificación de aquello que es importante, o valioso para ti, en tu vida, desarrollando hábitos congruentes con ese nuevo estilo de vida que empiezas a identificar.











