El vínculo entre el enamoramiento y el cerebro. Unsplash.

La bioquímica del amor altera nuestras conductas y nos genera diferentes sensaciones.

Es por ello que cuando nos adentramos en la experiencia del amor y el enamoramiento podemos hacer “locuras”, o actuar de forma diferente a como lo haríamos sin estar enamorados. Esta química, estas sensaciones, duran de dos a cuatro años mientras se mantenga la relación.

Neuroquímica del enamoramiento

La neuroquímica del amor genera una sensación claramente placentera; el cerebro enamorado funciona de una forma diferente, de manera que en este proceso experimentamos ciertas sensaciones de éxtasis muy semejantes al cerebro del adicto.

De hecho, se activan los circuitos de la recompensa de forma muy semejante a como lo hacen en el cerebro de una persona con una adicción diagnosticable. Está muy ligado a estos procesos de dependencia en cuanto a la activación de sustancias del sistema nervioso como la serotonina, oxitocina y dopamina, entre otras.

Fases del proceso

Cuando nos enamoramos hay dos grandes fases. La primera fase dura en torno a tres años; durante estos años las hormonas de las que hablábamos se encuentran en mayor medida en nosotros.

Tras esta etapa llega una fase en la que esta concentración hormonal desciende, lo cual es entendido por muchas parejas como sinónimo de crisis. Pero no tiene por qué ser así, y de hecho, puede llegar un amor mucho más maduro, más nutritivo y en el que importa más tener un proyecto vital juntos.

Dos partes complementarias

Hay estudios que indican la importancia del intercambio de fluidos a la hora de enamorarnos. En especial, el que se da cuando besamos a la otra persona, momento en el que inconscientemente detectamos si tiene los anticuerpos que necesitamos. A partir de este intercambio de fluidos y la influencia de las hormonas, en parte, nos enamoramos en unos cinco meses de media.

Tras esto entramos en la etapa de enamoramiento con la gran concentración hormonal, y durante estos tres años (aproximadamente) es mucho más difícil romper las relaciones, porque para ello habría que luchar contra las hormonas de uno mismo.

Más adelante ya entra en juego la razón. En esta fase pensamos si la otra persona nos gusta, si nos complementa, si somos felices juntos etc. Digamos que el “amor pasional” es necesario para llegar al “amor compañero” que muchos pensamos que es el “verdadero amor”.

El vínculo afectivo

Cuando nos enamoramos se genera un vínculo muy fuerte y, como hemos comentado, hay cierto componente de “locura” porque el córtex prefrontal del cerebro, que es la parte más racional del ser humano, baja su nivel de influencia, por lo que se razona en menor medida.

El amor nos puede proporcionar coraje, por esta misma “locura” o valentía al razonar menos y, en contrapunto, también puede llevarnos a sentir que perdemos el tiempo si nos quedamos solo con este sentimiento y la relación no es viable.

Por otra parte, la pasión es afectada por hormonas como la testosterona; además de en el plano sexual, puede ser importante a la hora de ilusionarnos y de tener más ganas a la hora de emprender proyectos al hacer que nos sintamos con mayor fuerza.

Y cuando surgen los problemas...

Mariva Psicólogos

En Mariva Psicólogos hemos visto que la mayoría de los problemas que nos encontramos en terapia están relacionados con el amor, lo cual es indicativo de que es una de las causas por las que más sufren las personas. Por ello es muy importante, pese a su gran relevancia en la vida de los seres humanos, desmitficarlo

Puede que el amor no salga bien, pero eso no ha de suponer tanto sufrimiento ni que tengas algún tipo de problema personal; incluso puede que pase todo lo contrario, que hayas decidido alejarte de una relación que no funcionaba, lo que es signo de raciocinio.

Cuando estamos enamorados liberamos muchísima oxitocina, hormona del amor pero también del perdón y de la justificación. Por ello, cualquier cosa que haga la otra persona que pudiera no gustarnos en otros nos puede enamorar más aún si está presente en la persona de la que nos enamoramos.

Por ejemplo, si alguien que nos gusta mucho es frío, tendemos pensar que es interesante, si es mentiroso, a pensar que es complejo… Es algo que hay que tener en cuenta desmitificando el amor, no idealizando al otro.

Amar es verdaderamente bonito e importante, pero, hay que ser conscientes de esa pérdida de la razón y acotar también el sufrimiento que el desamor puede acarrear. Para todo ello resulta especialmente útil la figura del psicólogo.