Un resumen de las características de esta clase de mecanorreceptor. Wikimedia Commons.

Los corpúsuclos de Pacini son uno de los cuatro tipos de mecanorreceptores que permiten el sentido del tacto, tanto en humanos como en otras especies de mamíferos.

Gracias a estas células podemos detectar la presión y vibraciones sobre nuestra piel, teniendo una importancia clave a la hora de detectar tanto posibles amenazas físicas como en aspectos tan cotidianos como la toma de objetos del ambiente.

Puede que parezca que al ser tan pequeñas no den mucho de sí, sin embargo, la neurociencia las ha abordado muy a fondo. Veamos qué es lo que hacen estas pequeñas estructuras que tenemos todos en nuestro órgano más grande, la piel.

¿Qué son los corpúsculos de Pacini?

Los corpúsculos de Pacini, también llamados corpúsculos lamelares, son uno de los cuatro tipos de mecanorreceptores encargados del sentido del tacto, encontrados en la piel humana. Son especialmente sensibles a la presión y las vibraciones que puedan darse en la piel, ya sea tocando un objeto o por acción de algún movimiento del propio individuo. Estas células reciben el apellido de su descubridor, el anatomista italiano Filippo Pacini.

Estos corpúsculos, aunque se encuentran por toda la piel, se encuentran en mayor medida en lugares en los que no se encuentra vello, como son las palmas de las manos, dedos y las plantas de los pies. Poseen una capacidad de adaptación ante los estímulos físicos muy rápida, permitiendo enviar una señal veloz hacia el sistema nervioso pero progresivamente ir disminuyéndola a medida que el estímulo sigue estando en contacto con la piel.

Gracias a este tipo de células, los seres humanos podemos detectar aspectos físicos de los objetos como pueden su textura superficial, su rugosidad, además de ejercer la conveniente fuerza en base a si queremos agarrar o soltar el objeto en cuestión.

¿Qué función desempeñan?

Los corpúsculos lamelares o de Pacini son células que responden a estímulos sensoriales y a los posibles cambios rápidos que se puedan dar en el mismo. Es por ello que su principal función es la de detectar vibraciones en la piel, además de cambios en la presión que este tejido pueda recibir.

Cuando se da una deformación o movimiento vibrante en la piel, los corpúsculos emiten un potencial de acción en el terminal nervioso, enviando así una señal hacia el sistema nervioso.

Gracias a su gran sensibilidad, estos corpúsculos permiten detectar vibraciones de una frecuencia cercana a los 250 hercios (Hz). Esto, para que se entienda, significa que la piel humana es capaz de detectar el movimiento de partículas de un tamaño cercano a una micra (1 μm) en la yema de los dedos. Sin embargo, algunos estudios han apuntado a que son capaces de activarse ante vibraciones en rangos de entre 30 y 100 Hz.

¿Dónde se encuentran y cómo son?

Estructuralmente, los corpúsculos de Pacini tienen una forma ovalada, en ocasiones muy parecida a la de un cilindro. Su tamaño es de alrededor un milímetro de longitud más o menos.

Estas células están conformadas por varias láminas, también llamadas lamelas, y es por este motivo que su otro nombre es el de corpúsculos lamelares. Estas capas pueden ser entre 20 y 60, y están formadas por fibroblastos, un tipo de célula conectiva, y tejido conectivo fibroso. Las lamelas no tienen contacto directo entre sí, sino que se encuentran separadas por unas muy finas capas de colágeno, con consistencia gelatinosa y un elevado porcentaje de agua.

En la parte inferior del corpúsculo entra una fibra nerviosa protegida por mielina, la cual llega hasta la parte central de la célula, volviéndose cada vez más gruesa y desmielinizándose a medida que va introduciéndose dentro del corpúsculo. Además, también penetran por esta parte inferior varios vasos sanguíneos, los cuales se ramifican en las diversas capas lamelares que conforman el mecanorreceptor.

Los corpúsculos de Pacini se ubican en la hipodermis de todo el cuerpo. Esta capa de la piel se encuentra en lo más profundo del tejido, sin embargo presenta diferentes concentraciones de corpúsculos lamelares en función de la zona del cuerpo.

Aunque se pueden encontrar tanto en la piel pilosa como en la glabra, es decir, la que no posee vello alguno, son mucho más numerosos en partes sin pelos, como las palmas de las manos y pies. De hecho, se pueden encontrar cerca de 350 corpúsculos en cada dedo de las manos, y unos 800 en las palmas.

Pese a ello, en comparación con otros tipos de células sensoriales relacionadas con el sentido del tacto, las células de Pacini se encuentran en menor proporción. Cabe decir también que los otros tres tipos de células del tacto, es decir, las de Meissner, de Merkel y de Ruffini presentan un tamaño menor que las de Pacini.

Es interesante mencionar el hecho de que no únicamente se pueden encontrar corpúsculos de Pacini en la piel humana, sino también en otras estructuras más internas del organismo. Se encuentran células lamelares en lugares tan variopintos como son el hígado, órganos sexuales, páncreas, periostio y mesenterio. Se ha hipotetizado que estas células tendrían la función de detectar las vibraciones mecánicas por movimiento en estos órganos en concreto, detectando sonidos de baja frecuencia.

Mecanismo de acción

Los corpúsculos de Pacini responden emitiendo señales hacia el sistema nervioso cuando sus lamelas son deformadas. Esta deformación hace que se dé tanto la deformación como la presión sobre la membrana celular del terminal sensorial. A su vez, esta membrana se deforma o se curva, y es entonces cuando se da el envío de la señal nerviosa hacia las estructuras nerviosas centrales, tanto médula espinal como encéfalo.

Este envío de señales tiene una explicación electroquímica. Al deformarse la membrana citoplasmática de la neurona sensorial, los canales de sodio, los cuales son sensibles a la presión, se abren. De esta forma, los iones de sodio (Na+) son liberados al espacio sináptico, haciendo que se despolarice la membrana de la célula y se genere el potencial de acción, dando lugar al impulso nervioso.

Los corpúsculos de Pacini responden de acuerdo al grado de presión que se ejerza sobre la piel. Es decir, a más presión, mayor envío de señales nerviosas. Es por ese motivo que somos capaces de discernir entre una suave y delicada caricia y un estrujón que nos puede hacer hasta daño.

Sin embargo, también pasa otro fenómeno que puede parecer contrario a este hecho, y es el de que al tratarse de receptores de adaptación rápida a los estímulos, al cabo de poco tiempo empiezan a enviar menos señales hacia el sistema nervioso central. Por este motivo, y pasado un breve período de tiempo, si estamos tocando un objeto, llega el punto en el que se hace menos consciente su tacto.

Referencias bibliográficas:

  • Biswas, A. et al. (2015). Vibrotactile Sensitivity Threshold: Nonlinear Stochastic Mechanotransduction Model of the Pacinian Corpuscle. IEEE Transactions on Haptics 8(1). 102–113.
  • Biswas, A. et al. (2015). Multiscale Layered Biomechanical Model of the Pacinian Corpuscle. IEEE Transactions on Haptics 8(1). 31–42.
  • O’Johnson, K. (2001). The Roles and Functions of Cutaneous Mechanoreceptors. Current opinion in Neurobiology, 11. 455-461.