Un órgano cuyas funciones en el ser humano han sido muy discutidas. Wikimedia Commons.

El mundo de los olores es fascinante. Si bien probablemente estamos ante el sentido menos desarrollado en el ser humano, gracias a este sentido somos capaces de percibir aromas muy diversos que tienen diferentes efectos sobre nosotros, e incluso saborear lo que comemos.

Pero no todo lo que podemos captar cuando inhalamos son olores. Y es que la gran mayoría de mamíferos dispone de un órgano interno que es capaz de detectar las feromonas. Estamos hablando del órgano vomeronasal, común a una gran cantidad de mamíferos y cuya existencia y funcionalidad en seres humanos ha sido a menudo discutida.

El órgano vomeronasal: descripción y localización

Denominamos órgano vomeronasal a una estructura presente en una gran cantidad de seres vivos y en el ser humano (aunque dependiendo del estudio se afirma que forma parte de todos los seres humanos o bien que solo un porcentaje de ellos lo posee), el cual sirve como órgano auxiliar del sistema olfativo.

Se trata de una agrupación de receptores sensitivos especializados en la captación de feromonas, señales químicas dejadas por los seres vivos y que sirven de mensaje a otros seres sean o no de la misma especie. Dichos receptores están conectados con neuronas bipolares que poseen conexiones con el hipotálamo y con el bulbo olfatorio.

El órgano vomeronasal es también denominado órgano de Jacobson en honor a Ludwig Lewin Jacobson, quien le dió su nombre original (órgano vomeronasal) tras estudiar la estructura que Frederik Ruysch había visto y descrito (siendo el primero en hacerlo) tras la observación de una estructura en la parte anterior del tabique nasal de un cadáver. Jacobson, asimismo, visualizó este órgano en diversos animales y advirtió una falta de desarrollo de esta estructura en el caso del ser humano.

En el ser humano este órgano es un tubo bilateral que puede tener varias formas, siendo la más habitual la de un saco cónico, y que se sitúa de manera anterior al hueso vómer y por debajo de la mucosa respiratoria. Está comunicado con la cavidad nasal y se encuentra recubierto de tejido epitelial.

En muchos animales existe un bomba interna formada por vasos sanguíneos que, al contraerse, permiten que las feromonas sean absorbidas y captadas. Sin embargo esto no ocurre en el ser humano, siendo un órgano membranoso que no cuenta con una gran vascularización.

Funciones del órgano de Jacobson

La existencia del órgano vomeronasal es una realidad en una gran mayoría de animales terrestres. La principal función asociada a este órgano es la de captar las señales emitidas por otros miembros de la misma especie con el fin de transmitir determinada información. La captación de feromonas permite que los animales escojan parejas reproductivas con sistemas inmunes muy diferentes al propio (algo que beneficia a posibles crías), que detecten el estado de salud de un animal de la misma especie, avisar a posibles compañeros sexuales de estar etapa de apareamiento o marcar un estatus social.

También resulta de gran utilidad a muchos animales a la hora de detectar y cazar a sus presas, como en el caso de los ofidios (de hecho, el típico movimiento de la lengua de las serpientes contribuye a hacer entrar y acercar las feromonas a este órgano).

Sin embargo, en otros animales no parece presentar una funcionalidad, como en el caso de los mamíferos acuáticos (delfines y ballenas) y determinadas especies de murciélagos y simios.

Funciones en el ser humano

En lo que respecta a los seres humanos, tal y como hemos mencionado anteriormente su funcionalidad ha sido altamente discutida. Tradicionalmente se ha considerado que el órgano vomeronasal es un órgano vestigial heredado de nuestros antepasados y sin un papel en nuestro organismo, como el coxis, las muelas del juicio o los pezones en el hombre.

Sin embargo, lo cierto es que se ha observado que la exposición a determinadas feromonas en el órgano vomeronasal humano puede generar cambios a nivel fisiológicos. De hecho, se ha constatado que algunos aspectos de nuestro comportamiento o incluso de nuestra biología pueden dependen o variar a través de la exposición a feromonas. El ejemplo más conocido es el de la atracción sexual: hay personas que siendo desconocidas nos atraen de manera instintiva, independientemente de su aspecto físico o su personalidad.

Asimismo, existe otro aspecto que sucede de manera habitual y cuya explicación es también hormonal: cuando varias mujeres conviven de manera continuada durante un tiempo, sus ciclos menstruales tienden a sincronizarse. Asimismo, la presencia de varones que cohabiten con la mujer también puede alterar el ciclo menstrual. Del mismo modo, se ha observado la exposición a algunas hormonas relaja el comportamiento y disminuye el nivel de agresividad en los hombres, o bien puede aumentar su nivel de testosterona.

Por último, también se conoce la existencia de determinadas feromonas emitidas por madres y bebés que tienen un cierto papel en la unión y vínculo materno-filial y pudiendo modificarse el comportamiento de cualquiera de ellos en función de la captación por parte del órgano vomeronasal de algunas de ellas.

Explotación comercial de las feromonas

Ahora bien, hay que tener en cuenta que la existencia de este órgano y del papel de las feromonas en aspectos como la atracción sexual ha sido aprovechado por una gran cantidad de marcas para intentar vender sus productos, vendiendo diferentes perfumes o incluso preparados con feromonas a nivel comercial.

En este sentido hemos de tener en cuenta que en primer lugar nosotros mismos ya emitimos feromonas, pudiendo la mezcla de las propias con las de otros preparados ser confuso o incluso desagradable, y hay que tener en cuenta que la atracción sexual y romántica no se limita únicamente a las hormonas que desprendemos.

Además, ha de considerarse que diferentes feromonas pueden tener distintos efectos según quién las capte (por ejemplo, como hemos dicho antes a nivel de atracción sexual suele resultar más apetitivo alguien con un sistema inmune muy diferente al nuestro).

Referencias bibliográficas:

  • Naser, A.; Fullá, J.M.; Varas, M.A.; Nazar, S. (2008). El órgano vomeronasal humano. Revista de otorrinolaringología y cirugía de cabeza y cuello, 68 (2). Santiago.
  • Zeller, F.L. (2007). Anatomía normal y frecuencia del órgano vomeronasal de Jacobson (OVN) en fetos humanos. Rev. Argentina de Urología, 1 (72).