La testosterona es una hormona que, aunque también presente en mujeres, aparece en el imaginario colectivo como la principal sustancia asociada a lo masculino. Desde su descubrimiento se ha relacionado con la agresividad, a la competitividad, al desarrollo muscular y físico y al apetito sexual. Sabemos que todo ello se ve influenciado por la acción de esta hormona. 

Pero... ¿cómo afecta la testosterona al cerebro? Diferentes investigaciones ayudan a conocer la implicación de esta sustancia en el funcionamiento del sistema nervioso masculino.

¿Qué es la testosterona?

La testosterona es una hormona de tipo esteroide, que penetra a través de la membrana celular y se acoplan a determinadas proteínas y pasen junto con ellas al núcleo para poder sintetizar distintas proteínas.

Es además una de las principales hormonas sexuales que forma parte del grupo de los andrógenos. Se trata de una sustancia fundamental para el desarrollo y se encuentra implicada en una gran cantidad de procesos. Destaca entre ellas su gran importancia para el desarrollo sexual (las características sexuales tanto primarias como secundarias de los hombres dependen en gran medida de esta hormona) y en la líbido o apetito sexual.

Pero sus funciones no son únicamente sexuales, sino que también tiene un efecto en las habilidades cognitivas, en las emociones, en el crecimiento y formación de huesos y músculos y en el estado del ánimo.

Los principales órganos que liberan testosterona son los testículos, los cuales liberan las células de Leydig junto con otras hormonas. Esta liberación es regida por la hipófisis, situada en el cerebro. Sin embargo, los testículos no son el único órgano que secreta testosterona. De hecho, tanto hombres como mujeres poseen testosterona (si bien estas últimas en menor medida). Ello se debe a que también algunas células de las glándulas suprarrenales la sintetizan y liberan, y algunas células ováricas en el caso de las mujeres.

Aunque se secreta de manera natural, en algunos individuos con diferentes problemáticas se pueden llevar a cabo tratamientos con testosterona sintética. Es el caso de personas con hipogonadismo, algunas causas biológicas de la disfunción eréctil o en la terapia hormonal que llevan a cabo las personas en proceso de cambio de sexo (concretamente, en aquellos casos en que el sujeto busca reasignarse hacia el sexo masculino). Se emplean también parches de esta hormona para el tratamiento de la osteoporosis y la disminución del deseo sexual. También han sido utilizados en otros ámbitos, como en el deporte, si bien su utilización se considera dopaje.

Actuación a nivel cerebral

La testosterona es una hormona que actúa a diversos niveles y en diferentes estructuras cerebrales. Las investigaciones revelan que concretamente provoca a nivel cerebral un aumento de la actividad del sistema límbico, un conjunto de partes del cerebro que participan en la creación de emociones.

En este sentido serían especialmente la amígdala, el hipotálamo o la sustancia gris periacueductal las que se ven afectadas por la testosterona, la cual provoca que resulte más reactiva a la estimulación. Hay que tener en cuenta que estas áreas cerebrales están muy vinculadas a mecanismos ancestrales de supervivencia, con lo que se activa la respuesta agresiva como manera de garantizar la propia seguridad.

Además de ello, la testosterona tiene diferentes mecanismos de actuación al favorecer e incrementar la producción de diferentes neurotransmisores. Concretamente se ha observado que la secreción de dopamina y de acetilcolina se ve muy influenciada por el nivel de testosterona.

Efectos de la testosterona en el cerebro

La testosterona posee una serie de efectos a nivel cerebral de gran importancia que a su vez provocan diferentes efectos en la conducta y capacidades del individuo. A continuación se especifican varias.

1. Aumenta el nivel de agresividad y competitividad

La actuación de la testosterona a nivel de amígdala y de sistema límbico en general provoca que el sujeto manifieste una elevada reactividad a estímulos externos, despertándose reacciones agresivas con mayor facilidad. También se ha observado que según aumenta la concentración de esta hormona, el nivel de competitividad de los sujetos tiende a ser mayor.

2. Se vincula con la energía

La mayor presencia de testosterona en el hombre se asocia asimismo a un mayor nivel de energía y actividad. Esta relación es bidireccional: la testosterona puede hacernos más activos, pero a la vez cuanto más activos estemos más testosterona generamos. Este hecho hace que se les recomiendo realizar ejercicio de forma frecuente a personas que tienen bajo nivel de esta hormona.

3. Potencia la líbido

Otro de los más conocidos y visibles efectos de esta hormona sexual es precisamente el aumento de la líbido. Tanto en hombres como en mujeres. De hecho, es frecuente que se receten parches de esta hormona en mujeres que han perdido el apetito sexual tras la menopausia.

4. Tiene influencia en el estado del ánimo y la ansiedad

Al aumentar la producción de dopamina, la testosterona tiene efecto en el mantenimiento del estado del ánimo y en las sensaciones de placer. Los hombres con bajo nivel de testosterona tienden a manifestar una mayor número de síntomas depresivos. Del mismo modo, también suelen mostrar un mayor nivel de ansiedad que los sujetos con niveles normativos o altos.

5. Puede disminuir la capacidad de empatía

Personas con una cantidad excesiva de testosterona pueden ser menos empáticas, más egocéntricas y con menor capacidad de vincularnos afectivamente. Ello se asocia a un posible efecto inhibidor de esta hormona con la oxitocina.

6. Efecto sobre la memoria

Al igual que ocurre con la dopamina, la testosterona provoca un incremento de los niveles de acetilcolina. Al ser una hormona implicada en el funcionamiento cerebral, puede ejercer influencia en la capacidad de mantener la información en la memoria y evocarla posteriormente de aspectos cognitivos como la memoria.

7. Fomenta la neurogénesis

Diferentes investigaciones sugieren que la presencia de testosterona provoca el nacimiento y crecimiento de nuevas neuronas, especialmente en el caso del hipocampo.

Referencias bibliográficas:

  • Janowsky, J.S. (2006). Thinking with your gonads: testosterone and cognition. Trends in Cognitive Sciences, 10(2):77–82.
  • Zarrouf, F.A.; Artz, S.; Griffith, J.; Sirbu, C & Kommor, M. (2009). Testosterone and Depression: Systematic Review and Meta-Analysis. Journal of Psychiatric Practice: 15(4):289-305.