Un resumen de las características de esta parte del cuerpo humano.

El cuerpo humano es un organismo complejo, el cual está compuesto por una enorme cantidad de mecanismos que se encargan de hacer que su funcionamiento sea el adecuado en todo momento. Entre estos mecanismos se encuentran algunos que tienen que ver con nuestra manera de reaccionar al entorno.

Por eso, reaccionamos de formas muy parecidas ante determinadas situaciones; por ejemplo ante una situación de amenaza lo más común es que la huida sea la respuesta general. Los sistemas efectores son responsables de algunas de las respuestas involuntarias de nuestro cuerpo.

En este artículo veremos cuáles son las características de los sistemas efectores, qué tipos existen y las áreas del cuerpo humano en las que están involucrados.

¿Qué son los sistemas efectores?

Los sistemas efectores son redes de células nerviosas repartidas por el cuerpo, las cuales están configuradas para segregar determinado tipo de sustancias en el organismo según los estímulos que este reciba, independientemente si son del medio externo (ambiente) o del medio interno.

Estos sistemas están configurados de manera piramidal o jerárquica, lo que quiere decir que para que el efecto final se realice hace falta que se lleven a cabo una serie de reacciones en cadena dentro del cuerpo, que comienzan con la segregación de sustancias.

Por ejemplo, en el caso del sistema motor, este está formado por los circuitos neuronales y los músculos que responden a las señales (fenómenos eléctricos) provenientes de sistema nervioso central.

Los tipos de sistemas efectores

En el cuerpo humano existe una gran variedad de órganos efectores que son los encargados de dar forma a una variedad de respuestas en el organismo, todo dependiendo de cuál sea el tipo de órgano efector que actué segregando su determinada sustancia.

Básicamente, los sistemas efectores se pueden catalogar en dos tipos, glándulas (las que segregan la sustancia) y músculos (los que ejecutan la acción). De esto se deriva una cantidad enorme de posibilidades.

Teniendo en cuenta que poseemos una tremenda cantidad de glándulas efectoras y aproximadamente 639 músculos en el cuerpo humano, los efectos y las respuestas que nuestro organismo está configurado para dar en determinados momentos son inconmensurables.

Células endocrinas y exocrinas

Existen dos tipos de células primordiales dentro de los sistemas efectores, las cuales son las glándulas endocrinas y las glándulas exocrinas. Las primeras se encargan de liberar hormonas en las vías sanguíneas para hacer efecto en los órganos diana, y las segundas se encargan de liberar las sustancias en conductos específicos que los dirigen a órganos adyacentes o al medio ambiente, fuera del organismo.

Casi todas estas glándulas se encuentran bajo el control del sistema nervioso central, específicamente del sistema nervioso autónomo.

Tipos de músculos involucrados

En cuanto a los músculos, estos también poseen una división que determina sus funciones.

En primer lugar tenemos a los músculos estriados y lisos. Los primeros también denominados como músculos esqueléticos, se encargan de la motricidad del esqueleto, ya que se encuentran fijados a la estructura ósea por medio de tendones. Estos músculos están controlados por el sistema nervioso central somático, lo que quiere decir que sus acciones son controladas por la voluntad del individuo.

El segundo tipo de músculos está encargado de todo lo referente al movimiento de los órganos internos. Esta segunda categoría de músculos están controlados por el sistema nervioso central autónomo y a diferencia de los músculos estriados no pueden ser controlados a voluntad.

Los movimientos asociados a la reacción

Tal y como hemos visto, a manera de síntesis podemos decir que los sistemas efectores son procesos holísticos del sistema nervioso central, que depende de glándulas secretoras de sustancias y músculos estriados y lisos para ejecutar los movimientos.

Por otro lado, el cuerpo humano está en constante movimiento, ya sean movimientos voluntarios o involuntarios. Todos estos procesos dependen de las funciones de los sistemas efectores, y hay diversas áreas de motricidad que hay que ver de manera separada.

1. Movimientos de reflejo

Son todos los movimientos que hacemos de manera directa ante el primer contacto con un estímulo del entorno, estos movimientos no pueden ser eliminados de manera voluntaria.

En este tipo de movimientos la neurona hace sinapsis directamente con la neurona motora sin pasar por los procesos piramidales más complejos.

2. Movimientos voluntarios

Son los movimientos que hacemos con un propósito establecido de forma consciente. Ocurren por todo el proceso piramidal complejo de los sistemas efectores. Requieren de planificación previa.

Por otro lado, este tipo de movimiento en su mayoría es perfeccionado con la práctica del sujeto, mediante los procesos de aprendizaje mecánico. Por ejemplo, conducir un coche, nadar o andar en bicicleta, son actividades que requieren de una gran cantidad de movimientos voluntarios coordinados entre sí.

3. Movimientos piramidales

No son movimientos de carácter involuntario, pero tampoco lo son de carácter voluntario. Este tipo de movimiento es el que hacemos cuando estamos realizando una actividad voluntaria y en segundo plano nuestro cuerpo requiere de otros movimientos para mayor comodidad y apoyo a lo que se está haciendo con más atención.

Por ejemplo, cuando caminamos, nuestros brazos se mueven de manera extra piramidal, o cuando un bateador abanica el bate y sus pies se giran, todos ellos son movimientos que nuestro sistema realiza para ayudar a la ejecución de la acción que estamos realizando.

Referencias bibliográficas:

  • Schatzberg A. F., Nemeroff, C.S. (2006). Tratado de psicofarmacología. Elsevier.
  • Akins, C.; Klein, E. (2002). Imitative Learning in Japanese Quail using Bidirectional Control Procedure. Animal Learning and Behavior. 30 (3): 275 - 281.