No a todo el mundo le gusta trabajar pero es lo que hay. No siempre podemos disfrutar de un empleo que nos brinde emocionantes experiencias, tengamos compañeros amables y el jefe sea un amor, sin embargo, como de algo tenemos que comer, seguimos aguantando.

Pero tarde o temprano nos planteamos crecer, aspirar a algo más o, simplemente, tomarnos un descanso. Es entonces cuando se nos viene a la cabeza la fantasía de dejar de trabajar plantándonos delante de nuestro jefe, dedicándole unas “amables” palabras e irnos.

Sin embargo, nuestra idea de dimitir y la forma correcta de hacerlo pueden ser muy diferentes. Cómo dejar un trabajo tiene su arte y, hagamos lo que hagamos, debemos sabernos comportar, por mucho que queramos atacar a nuestro jefes. Veámoslo.

Consejos para saber cómo dejar un trabajo, paso a paso

Todo trabajador, en algún momento de su vida profesional, se ha sentido asqueado por su trabajo. Ya sean las compañías, el jefe-dictador que nos ha tocado, tener que estar trabajando en algo que no queríamos o cualquier otro motivo nos puede empujar, tarde o temprano, a desear irnos de ahí. En otros casos puede que hayamos disfrutado de nuestro trabajo, claro está, pero quedarnos estancados en un mismo empleo no nos ayuda a crecer como personas, y puede que nos estemos perdiendo un mundo de nuevas experiencias laborales.

Sea el motivo el que sea lo que nos empuja a querer dejar el trabajo, esto no se puede hacer de cualquier manera. Aquellas personas que han tenido la mala suerte de tocarles un trabajo mental y físicamente agotador querrán dejarlo de la forma más brusca y rápida posible, y no son pocos los que les gustaría decirles a sus jefes y compañeros todo lo que han tenido que aguantar de ellos. Gritarle a un jefe es la fantasía de muchos trabajadores, y también el mayor error que se puede hacer, aunque se esté dejando el trabajo.

Por mucho que queramos, debemos resistir la tentación de liberar nuestros sentimientos y dejar el trabajo de forma bruta. Por mucho que nos pueda escocer, es importante dejar el empleo de forma calmada, diplomática, amable y agradeciendo a nuestro querido jefe las oportunidades que nos ha brindado. Puede ser que todo esto sea una gran mentira, pero hay que hacer un poco de teatro para que esta liberación no se convierta en una pesadilla en el futuro, sobre todo cuando nuestro nuevo jefe pida referencias al empleador anterior.

Son varios los pasos y recomendaciones a seguir a la hora de dejar un trabajo de la forma más elegante y por la puerta grande. Si tenemos en cuenta todo lo que vamos a leer a continuación evitaremos cualquier situación que se nos pueda poner en nuestra contra en el futuro, además de que evitaremos ganarnos enemigos en la empresa que abandonamos. Nunca sobran los contactos, por mucha manía que les podamos tener, así que debemos pensar fría y racionalmente a la hora de decidirnos dejar el empleo.

1. Valorar los pros y contras

A todos nos ha pasado en más de una ocasión que, después de tener una situación desagradable en la empresa, empezamos a rumiar sobre dejarla. Las emociones nos invaden y parece que el agobio y frustración que sentimos trabajando ahí se noten más que nunca. Nuestra visión de la empresa se vuelve muy limitada, centrándonos en lo malo e ignorando lo bueno.

Es por esto que como primer paso fundamental antes de dejar el trabajo tenemos que calmarnos y pensar de forma fría y clara. No podemos dejar un trabajo solo porque ha pasado algo malo y creemos que esa era la gota que ha colmado el vaso. Es por esto que es fundamental valorar todos los pros y contras de seguir y dejar de trabajar ahí.

Una vez hecho, si vemos que hay más contras en seguir trabajando ahí o que las desventajas son mucho peores que las ventajas, es entonces cuando tenemos motivos objetivos que justifiquen nuestra partida.

2. Notificar nuestra partida

Puede sonar a algo obvio, pero hay muchas personas que, en un ataque de rabia y nervios, deciden dejar el trabajo el mismo día que se lo han planteado. Muy mal, grave error, y muy problemático legalmente.

Es fundamental notificar la salida de la empresa, sobre todo si en el contrato se especifica que así se debe hacer. En España, los contratos indefinidos y los de duración superior a un año establecen la obligación de realizar un preaviso sobre la decisión de terminar la relación laboral, tanto por parte del empresario como del trabajador

Como mínimo, debemos avisar con 15 días de antelación. En caso de no avisar con la suficiente antelación la empresa está en su derecho de descontar lo que corresponda de la liquidación, además, independientemente de los aspectos legales, no cumplir con el contrato pactado queda verdaderamente como algo muy poco elegante.

3. Escribir una carta de cese voluntario

Puede parecer que escribir una carta de cese voluntario sea algo propio de otros tiempos, en los que la formalidad y el protocolo eran aspectos que seguían teniendo su significado. Sin embargo, es muy recomendable escribir este tipo de documento, sobre todo porque servirá para dejar claros y por escritos los motivos por los que dejamos el empleo, la fecha en la dejaremos de ofrecer nuestros servicios y los agradecimientos por habernos contratado.

Este tipo de documentos son ideales porque nos permiten controlar el tono y evitar que la conversación con nuestro jefe se tuerza. Tarde o temprano tendremos que hablar con él, pero como él ya sabrá que nos vamos no tendremos que enfrentarnos a una situación de sorpresa y tensión.

4. Mantener el tono

Pese a que es muy buena idea escribir una carta de cese voluntario no siempre es posible y, de hecho, es casi más preferible hablar con nuestro jefe en privado para darle la noticia. En este caso corremos el riesgo de caer en la tentación de dedicarle unas cuantas palabras, con un tono muy poco conveniente que, de torcerse la cosa, hará que seguridad nos “facilite” no volver ahí.

Como hemos comentado al principio del artículo, lo ideal es controlar las emociones. Debemos mantener el tono, usando palabras apropiadas y manteniendo la formalidad puesto que, pese a que en un futuro no muy lejano ya no será nuestro jefe, no nos conviene para nada tenerlo como enemigo. Cuando nuestra nueva empresa pida referencias, él puede usar la conversación en nuestra contra y no consigamos trabajar nunca más.

Si le acabamos de informar que dejamos de trabajar para él, como mínimo seguiremos trabajando dos semanas más, por los aspectos legales que hemos comentado anteriormente. En función de lo que le hayamos dicho en la reunión puede aprovechar ese tiempo para que nos llevemos un “agradable” recuerdo antes de irnos.

Es por esto fundamental practicar lo que le diremos antes de reunirnos con él, haciendo varios ensayos y viendo cómo lo estamos diciendo. Por muy bien que nos parezca lo que le vamos a decir, una palabra dicha en el momento inapropiado o un tono ligeramente tenso puede interpretarse como arrogancia o falta de respeto, y no nos conviene.

5. Cómo no anunciarlo

Hasta este punto hemos visto dos formas para decirle a nuestro jefe que nos vamos. Una es la carta de cese y la otra es solicitarle una reunión para darle la noticia. Con la carta, aunque ya le advertimos de nuestra partida, siempre debe haber una reunión a modo de despedida, para demostrarle en persona lo mucho que apreciamos el tiempo que hemos trabajado con él y la experiencia ganada.

Lo que no debemos hacer es enviarle un correo electrónico o un mensaje de Whatsapp, escrito o audio, en el que le digamos que nos vamos y ya. Son formas muy frías de comunicar tan importante decisión y, aunque nos sean muy cómodas, debemos ser formales y educados o, de lo contrario y como hemos ido diciendo, esto se nos puede volver en nuestra contra en el futuro.

Solo podemos recurrir al correo o al móvil cuando no hay forma humana de quedar en persona con nuestro jefe, e incluso si le hemos insistido que queríamos tener una reunión con él. Igualmente, la carta de cese de empleo es la alternativa más preferible en este caso, ya sea enviada por correo como en formato papel.

Pero sea cual sea la forma en cómo decidimos anunciar que nos vamos, la primera persona que se debe enterar que dejamos el trabajo es sin lugar a dudas el jefe. Ni siquiera los compañeros con los que más confianza tengamos tienen que enterarse de nuestra aprtida antes que el jefe puesto que, por sorprendente que pueda parecer, siempre hay algún espía del empresario que le dirá que nos vamos antes incluso de que se lo digamos nosotros.

Esta situación puede ser verdaderamente incómoda, puesto que el jefe puede pedirnos que nos reunamos con él y nos venga con lo de “pues un pajarito me ha dicho que te vas, ¿es cierto?” y se lo tome mal. Algunos jefes se lo toman como una auténtica falta de respeto, traición e, incluso, conspiración el que sus empleados anuncien a los demás que se van antes que a ellos.

6. ¿Y si reacciona mal?

Lo hemos ensayado, tenemos hasta nuestro guión y hasta hemos hecho un poco de yoga antes de entrar en su despacho. Estamos calmados y sabemos lo que tenemos que decir. Se lo decimos y... no reacciona como queríamos. Está hecho una furia, blasfema en todos los idiomas habidos y por haber y hasta se le escapa algún insulto.

No podemos controlar toda la situación, aunque lo hayamos hecho de la mejor manera. Los jefes no dejan de ser personas y, de la misma manera que los hay racionales y bien educados, otros se tomarán cualquier dimisión como una traición. No podemos hacer mucho, salvo mantener la calma y esperar que se le pase el enfado.

Es muy importante que diga lo que diga mantengamos las formas, puesto que, de no hacerlo, se sentirá más legitimado para hacernos más daño después de dejar el trabajo. Es fundamental que en caso de que esto suceda, podamos ver si hay algún testigo ocular para que, cuando esté más calmado, no se atreva a poner en nuestra boca palabras que nunca dijimos. Por muy jefe que sea, las calumnias le pueden salir muy caras.

7. ¿Y si hace una contraoferta?

En otros casos sucede más bien lo contrario. En vez de enfadarse el jefe se medio humilla e intenta conservarnos ofreciéndonos un mejor salario o un cambio de puesto. Esto nos puede pillar por sorpresa, pero igualmente deberemos pensar si nos sale realmente a cuenta.

Quizás los extras de los que disfrutaríamos ahora son pros que superan las contras, pero debemos tener muy claro que si un jefe empieza a valorarnos justo en el momento que le anunciamos que hemos decidido irnos de la empresa, no es muy buena señal.

8. ¿Y después?

Después de anunciar que nos vamos es muy importante seguir trabajando como siempre el tiempo que nos quede en la empresa. No podemos reducir nuestra productividad o despreocuparnos bajo la filosofía del “total, pa’ lo poco que me queda”. No olvidemos que el jefe sigue siendo nuestro jefe y que, ahora más que nunca, se va a fijar en qué hacemos y dejamos de hacer.

El contrato sigue vigente hasta la fecha en que terminen nuestros servicios, así que trabajemos respetando este pacto. Debemos terminar todas las cosas que hayan quedado pendientes y preocuparnos por ofrecer una imagen de alguien trabajador y responsable, incluso a sabiendas que poco nos queda. Mostrar profesionalidad hasta el último momento es la mejor manera de dejar un empleo por la puerta grande.

Referencias bibliográficas:

  • Etkin, J. (2000). Política, Gobierno y gerencia de las organizaciones, Buenos Aires, Editorial Prentice Hall. (Capítulo 3: Los factores de la complejidad).
  • Schultz, D. P. Schultz, Sydney E. (2010). Psychology and work today : an introduction to industrial and organizational psychology. Upper Saddle River, N.J.: Prentice Hall.