Como habrás podido observar en muchas películas, el perfil psicológico del inversor en bolsa se muestra como el de una persona avariciosa, deshumanizada y que sólo actúa por el interés propio… Aunque este suele ser el estereotipo, nada más lejos de la realidad.

En la vida real, observamos que los inversores pueden tener cualidades psicológicas muy distintas, las cuales contribuyen de una forma más importante de la que nos pensamos en la toma de decisiones de inversión.

En el siguiente artículo podrás descubrir cuál es la relación entre la psicología y la inversión a través del análisis de la principales cualidades psicológicas que caracterizan a los inversores en bolsa.

La relación entre la economía y la psicología

La bolsa va de economía, pero tiene un vínculo muy estrecho con la psicología. El mercado es el reflejo de las interacciones entre millones de personas, las cuales toman decisiones de inversión en base a sus sentimientos y emociones.

Aquellos inversores más expertos saben que los mercados suben cuando los inversores están envueltos en un sentimiento de euforia, y bajan de forma brusca cuando los inversores están presos por el miedo y el pánico. Estos factores hacen que el buen inversor no solo sea un especialista en temas técnicos relacionados con el presente y el futuro de las empresas, sino también un agudo analista sobre el clima psicológico en cada momento. Y es que este clima incide muy directamente en la revaloración o la depreciación de ciertas empresas y mercados.

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Cualidades personales y psicológicas implicadas en la inversión

Para entender todo este proceso, a continuación hablaremos sobre las características psicológicas que más influyen en la inversión a largo plazo, con el objetivo de comprender cuáles son las variables que más afectan al inversor cuando se trata de gestionar su propio dinero.

1. Ambición

La ambición es una de las cualidades fundamentales del inversor en bolsa. Cuando invertimos lo hacemos con el objetivo de maximizar la rentabilidad de nuestros ahorros ya sea en el corto, en el medio o en el largo plazo.

Esta misma cualidad es la que se encarga de que investiguemos y analicemos distintos mercados y empresas para detectar aquellos negocios excelentes que cotizan a precios bajos. Para ser un inversor hay que saber optimizar el tiempo y los recursos. Gracias a la ambición seremos capaces de plantearnos objetivos cuantificables para ir mejorando nuestros resultados de forma progresiva.

2. Planificación

La planificación nos sirve para elaborar nuestra propia estrategia de inversión nos resultará de gran utilidad para saber cómo debemos actuar en cada momento en los mercados financieros.

En el plan de inversión se encuentran descritas todas aquellas reglas que van a seguir nuestras inversiones, desde el mercado en el que operamos, el riesgo que asumimos por operación, los indicadores que utilizamos, o el porcentaje de dinero que invertimos en cada empresa.

3. Adaptabilidad

Ante un entorno tan cambiante como el actual, el inversor debe tener una gran capacidad de adaptación para detectar nuevas tendencias, mercados en crecimiento, o bien posibles burbujas que pueden acabar afectando a sus inversiones, como en la crisis financiera e inmobiliaria del año 2007.

La capacidad de adaptación es algo que podemos aprender con nuestra propia experiencia a través de las diferentes situaciones que hayamos vivido en los mercados. Pero también podemos aprender a través de la lectura, analizando los hechos históricos que han cambiado el rumbo de los mercados, como el crack del 29, la crisis del petróleo de los años 80, o la burbuja de las puntocom en el año 2000.

4. Disciplina

La disciplina del inversor depende de varios factores, entre los que encontramos la disciplina en nuestra estrategia de inversión y la disciplina en el ahorro. La disciplina en nuestra estrategia consiste en cumplir las reglas y las directrices fijadas en nuestro plan de inversión.

Por otro lado, la disciplina del ahorro consiste en apartar un determinado porcentaje de nuestro sueldo cada mes para destinarlo a la inversión. Gracias a la disciplina en estas dos áreas, conseguiremos generar un buen patrimonio a lo largo del tiempo.

5. Paciencia

La paciencia no es sólo la madre de la ciencia, también es la madre de la inversión a largo plazo. En la sociedad actual estamos acostumbrados a exigir resultados inmediatos para satisfacer nuestras expectativas de forma rápida.

No obstante, en la inversión las cosas funcionan algo distinto. La inversión a largo plazo no es como la carrera de los 100 metros lisos, es más bien como una maratón en la que debes ser paciente, soportar las inclemencias del tiempo y el agotamiento para poder cruzar la línea de meta.

6. Resiliencia

La resiliencia es la capacidad que tenemos las personas para afrontar situaciones de estrés y presión. En los mercados nos encontramos con este tipo de situaciones cada día, y es imprescindible contar con un buen equilibrio emocional para levantarnos cada vez que nuestras emociones e inseguridades nos golpean.

Durante los momentos de crisis es cuando más resilientes debemos ser. Aunque nuestras inversiones estén experimentando fuertes pérdidas, en este tipo de situaciones es cuando el mercado nos ofrece unas mayores oportunidades de inversión, las cuales nos van a ofrecer unas rentabilidades excelentes cuando la tormenta haya pasado.

7. Mejora continua

La mejora continua es una cualidad que nos permite potenciar día tras día las seis cualidades anteriores, por eso es importante trabajar nuestros puntos débiles para que nuestras cualidades psicológicas sean más robustas.

Siempre hay margen de mejora en todo, y si conseguimos mejorar cada día en la forma de planificarnos más eficientemente, en la disciplina de nuestro plan de inversión, en la adaptabilidad a los nuevos entornos, o a ser más pacientes ante determinadas situaciones de mercado, conseguiremos mejorar notablemente como inversores. Más aún cuando el sistema económico, la tecnología y los agentes que influyen en las tendencias son factores cuya complejidad aumenta velozmente.

El equilibrio entre las habilidades técnicas y psicológicas

Para poder obtener buenos resultados en las inversiones que llevemos a cabo, es imprescindible combinar adecuadamente nuestras habilidades técnicas con nuestra preparación psicológica.

Una persona que tenga una preparación técnica excelente pero no sepa controlar sus emociones en el momento de invertir, va a perder dinero en bolsa de forma consistente, dado que tomará decisiones de inversión influidas por la avaricia, el miedo, el pánico o la euforia.

Para que este problema no nos afecte negativamente, es muy recomendable formarse, en primer lugar, en todas aquellas técnicas de inversión que nos permita operar de forma segura y razonada, y trabajar la parte psicológica a partir del momento en el que empecemos a invertir con dinero real.

Referencias bibliográficas:

  • Massé, Pierre (1963). La elección de las inversiones. Sagitario.
  • Thorp, Edward (2010). Kelly Capital Growth Investment Criterion. World Scientific.