Nuestra media naranja, nuestra otra mitad... son expresiones populares cuando hablamos sobre amor y relaciones de pareja, y aunque no faltan motivos para criticar este tipo de conceptos, mucha gente entiende las relaciones afectivas como un encaje perfecto entre dos personas. Desde que empezamos a sentir atracción por alguien, es posible que aparezca una duda. ¿es esta la persona ideal para mí? 

Muchas veces, además, a esta duda se le añade otra: ¿estoy preparado o preparada para empezar la relación definitiva? ¿Es demasiado pronto? En definitiva, resulta de interés saber, de media, qué edad tienen la mayoría de las personas cuando empiezan a salir con la pareja con la que se van a quedar durante la mayor parte de su vida.

A continuación veremos qué dicen las investigaciones científicas sobre un tema bien interesante: ¿a qué edad encontramos nuestra media naranja?

Definiendo a nuestra “media naranja”

No existe ninguna concepción ni terminología exacta para determinar qué es la media naranja, esa pareja ideal con la que compartiremos (o nos gustaría compartir) nuestros viajes, la vivienda, los amigos...en definitiva, el resto de nuestra vida.

Por otra parte, en términos generales y después de un apañado consenso entre expertos en psicología social y relaciones sentimentales, nuestra media naranja es aquella persona que nos hace sentir de manera especial, única, que nos transmite amor a la buenas y a las maduras o que nos aporten un valor añadido a nuestra vida cotidiana, y con la que formamos una relación afectiva basada en ciertos compromisos. Es decir, es alguien a quien, en nuestra vida preferente, damos un trato privilegiado simplemente por el hecho de ser quien es y por aceptar formar parte de la relación.

¿Cuáles son las condiciones que la definen?

Los expertos apuntan a que las condiciones para que se produzca el encuentro del amor estable son varios y de distinta naturaleza. Las experiencias previas, las expectativas que nos creamos (éstas son muy influyentes) y el momento vital determinado en el que nos encontremos constituyen algunas de las bases que facilitarán el encuentro con la media naranja.

Otros condicionantes que determinan el fenómeno suelen ser las condiciones socioculturales o laborales. Es decir, en el entorno en el que nos encontremos puede ser más o menos propicio para relacionarnos con personas en las que vemos interés romántico. Imaginemos a un individuo cualquiera trabajando laborables, fines de semana y festividades y que apenas tiene dinero para sustentarse; a este sujeto le costará un poco más socializar con el resto de personas, entre otras cosas por falta de tiempo.

¿A qué edad solemos encontrar a nuestra pareja definitiva?

Como hemos visto anteriormente, y teniendo en cuenta lo caprichoso que es el amor y su destino, es difícil de decidir a ciencia exacta cuál es la edad última para encontrar nuestra media naranja. En algunos casos llega a muy temprana edad, donde la primera pareja sea la que acabemos compartiendo nuestra vida. En otros suele ser a una avanzada edad y después de haber perdido la esperanza incluso. Sin embargo, es posible detectar patrones estadísticos generales, más allá de los casos extraordinarios.

Recientemente se hizo una muestra importante entre un grupo de personas de ambos sexos en el portal de citas Match, desde donde se impulsó un estudio en el que se recopilaron datos sobre la vida amorosa de aproximadamente unas 6.000 personas.

En el experimento se concluyó que la media de edad para encontrar nuestra media naranja se sitúa más o menos en los 27 años. Al parecer pues, este es el momento más idóneo para encontrar el amor de nuestra vida.

No obstante, el mismo estudio encontró diferencias entre hombres y mujeres. Teniendo en cuenta a los primeros, estos suelen estabilizar su vida amorosa a los 28 años, por contra de las mujeres que lo hacen a una sorprendente y temprana edad de 25 años.

La importancia de los desengaños amorosos

Así pues, existen algunos indicios para pensar que, estadísticamente, la media naranja la encontramos a una edad adentrada en la adultez, al haber adquirido una madurez mental y física. Concretamente, entre los 27 o 28 años de edad y, sobre todo, después de haber fracasado en varias relaciones anteriores. 

Estos fracasos pasados hacen que "filtremos" mejor en el amor y que no dediquemos mucho tiempo y esfuerzo a estar con personas que en poco tiempo demuestran no ser compatibles con nosotros por su personalidad o por sus hábitos.

La infidelidad como precedente

Otro portal experto en la materia, Dating, asegura que las mujeres habrán mantenido al menos 3 relaciones serias antes de encontrar su amor definitivo. Los hombres, por contra, habrán consumado no menos de 6 relaciones serias para poder emparejarse para siempre.

Además, y aquí llega lo interesante, en los dos grupos se habrá padecido o vivido una mala experiencia provocada mayormente por un caso de infidelidad. Ninguno de los dos sexos presenta diferencias ante tal peculiaridad. De ahí se explica el número de relaciones que mantendrán unos y otros antes del amor duradero.

El amor no se busca, se encuentra

Aunque existan patrones, perfiles y demás características que definan a nuestra media naranja, no hay que caer en el error de fiarse de los datos estadísticos y puramente científicos, ya que el amor no es ninguna ecuación exacta.

Por esta razón, y teniendo como referencia otro estudio realizado por la cadena Discovery Channel, se ha determinado que las parejas que se han comprometido a casarse o compartir el resto de su vida con su verdadero amor, éstos lo han hecho cuando menos lo esperaban.

Tres de cada cinco hombres asegura que su actual pareja no cuenta con el prototipo de mujer con el que soñaban en su adolescencia o pubertad. En el caso de las mujeres ocurre lo mismo: se han enlazado en el momento menos esperado y con la persona en la que menos se habrían fijado según sus estándares físicos