¿Te viene con frecuencia este pensamiento a la mente: “mi pareja no quiere a mi familia”? ¿Sientes que estás en una guerra constante entre tu familia y tu pareja? No desesperes, en este artículo te traemos algunas ideas clave para mejorar la relación entre tu pareja y tu familia.

Sin embargo, antes comentaremos tres posibles circunstancias (o causas) que podrían estar dándose junto a esta situación, y que quizás pueden ayudarte a entender mejor el por qué de todo.

"Mi pareja no quiere a mi familia": posibles circunstancias

Piensas lo siguiente: “mi pareja no quiere a mi familia”, pero no acabas de entender por qué. Hay muchísimas causas (o circunstancias) que podrían explicarlo, pero aquí encontrarás algunas bastante frecuentes que podrían darse en tu caso.

Así, ¿por qué mi pareja no quiere a mi familia? ¿Qué circunstancias pueden estar acompañado la situación que estás viviendo? Vamos a ver algunas:

1. A tu familia no le gusta tu pareja

Una de las posibles circunstancias que rodeen el hecho de que a tu pareja no le guste tu familia, es que a tu familia tampoco le guste tu pareja.

Esto, evidentemente, muchas veces se nota, y puede ocurrir que tu pareja note que a tu familia no le cae bien, lo que a su vez provoca que se produzca cierto distanciamiento entre ambas partes, o incluso el surgimiento de conflictos. Es decir, puede ser que no exista feeling entre tu familia y tu pareja, y que ese “desagrado” sea mutuo.

2. No tienen nada en común

Otra posible circunstancia que rodee la cuestión es que, sencillamente, tu familia y tu pareja no tengan nada en común.

Esto puede hacer que a tu pareja le de pereza asistir a eventos familiar, o que directamente no sienta simpatía por ellos porque nunca han conectado en ningún sentido. Así, la falta de intereses comunes puede provocar una situación como la que planteamos.

3. Para tu familia tu pareja es insuficiente

También puede ocurrir que tu familia opine que tu pareja no es suficiente para ti (suficientemente buena, inteligente, rica, lo que sea). Es decir, que opinen que tú mereces algo “mejor”.

Las parejas acaban notando esto, lo que puede originar que tu pareja no sienta tampoco simpatía por tu familia, y directamente “no la quiera”, porque estos pensamientos hacia ella lógicamente le hacen sentir mal (sintiéndose, a su vez, “poca cosa” para su hijo).

4. Tu pareja siente que tu familia se entromete demasiado

Hay familias políticas más “invasoras” que otras en el terreno emocional de sus familiares; es decir, padres y madres que se meten mucho en las relaciones de pareja de sus hijo/as, y otros/as que les dan más libertad, más vía libre.

En el primero de los casos, puede ocurrir que tu pareja se sienta abrumada por la intromisión de tu familia en la relación, y que dicho agobio sea el causante de que no quiera estar con tu familia (o directamente “no la quiera”).

¿Cómo mejorar la situación?

Si sientes constantemente esta sensación o pensamiento de que a tu pareja no le termina de gustar tu familia, quizás sea hora de plantearte algunos cambios en tu vida, y de ponerte manos a la obra para cambiar la situación.

Debe quedar claro, eso sí, que para ello resulta esencial que tanto tú, como tu pareja, queráis realmente cambiar esta situación y mejorar la relación de tu pareja con tu familia. Es decir, debe haber una motivación e interés real. Sin este primer paso, es imposible cambiar nada.

Vamos a dividir este apartado en dos: en el primero, hablaremos de pautas o ideas clave que puede poner en práctica tu pareja para mejorar la relación con tu familia (que suelen ser tus padres), y en el segundo, de pautas o ideas clave que puedes poner en práctica tú mismo/a.

1. Pautas para la pareja

Ante el pensamiento de que tu pareja no quiere a tu familia hay que plantearse también lo siguiente: ¿cómo puede ella ayudar a cambiar la situación? (además de ti mismo/a). Siempre en el caso de que ella quiera, y de que este camino esté enfocado a mejorar vuestra relación también, si se ha visto afectada por la situación. Estas son algunas pautas:

1.1. Hablar con tu familia

Una primera idea es que directamente, tu pareja hable con tu familia. Puede sencillamente acercarse a ella poco a poco, para averiguar si existe algún problema o conflicto de base que ella desconozca, o directamente preguntar.

Dependiendo de las circunstancias y de la confianza, puede indagar en estas cuestiones o preguntar directamente si tienen algún problema con ella. También puede ser una buena ocasión para acercar posturas, empatizar con la otra parte, escucharse, comprenderse, limar asperezas, etc.

1.2. Organizar alguna actividad juntos

Otra idea es que tu pareja, o los dos (contigo) organicéis alguna actividad o evento para compartir tiempo juntos. Lo ideal sería desarrollarla en un ambiente cálido, ameno y distendido, para que no surjan conflictos y se pueda hablar con total naturalidad de las cosas.

2. Pautas para uno/a mismo

Si quieres ser tú mismo/a quien coga las riendas de la situación y actúe, aquí te dejamos algunos consejos que pueden servirte:

2.1. Hablar con tu pareja

Un primer paso que puedes hacer es hablar directamente con tu pareja de la situación; sobre cómo te sientes al respecto, qué opinas, cómo te está afectando, cómo lo vive ella, etc. Busca un buen momento para hacerlo, y para poder compartir sensaciones, pensamientos o creencias en torno a la situación actual.

Seguramente tu pareja también necesita “desfogarse” y manifestar sus inquietudes y necesidades en este sentido.

2.2. Hablar con tu familia

Más allá de hablar con tu pareja, también puede ser importante que hables con tu familia, y que les expreses lo que sientes en torno a esta situación. ¿Se sienten incómodos con tu pareja? ¿No les gusta? ¿Sienten que tu pareja les rechaza? ¿Cómo lo viven?

Estas son solo algunas cuestiones que puedes plantearles a tu familia, de forma directa o indirecta. El objetivo es que tu familia entienda que para ti, tanto tu pareja como ella son importantes, y que no quieres que la relación con ella perjudique vuestra relación o dinámica familiar.

¿Escoger entre la familia o la pareja?

Una cosa es sentir “mi pareja no quiere a mi familia”, y la otra, que va mucho más allá, es tener que escoger entre tu pareja o tu familia. Si esto no te lo ha planteado ninguna de las partes, no tienes por qué planteártelo tú, al menos así a priori.

Lo ideal sería que pudieras mantener las dos relaciones y que una no fuera incompatible con la otra. Al final somo humanos, y las personas, hablando, se entienden. Sin embargo, si las cosas se ponen demasiado feas, o si existe una gran tensión entre tu pareja y tu familia (y ya lo has intentado todo), quizás sí sea un buen momento para pensar.

No hace falta ser radicales y decidir entre “una cosa u otra”, pero sí puedes plantearte quizás distribuir tu tiempo entre ambas facetas de tu vida, de forma equitativa, y sin que tu pareja tenga demasiado contacto con tu familia. Hablamos ya de casos extremos, pero a veces ocurren.

Referencias bibliográficas:

  • Albuquerque, J.P. (2017). Familia, conflictos familiares y mediación. Editorial Ubijus. México.
  • Villaluenga, L.G. (2006). Mediación en conflictos familiares: una construcción desde el derecho de familia. Reus Editorial. Madrid.