El concepto de "pareja feliz" es significativamente controvertido. No podemos hablar en ningún caso de la existencia de parejas con un carácter feliz o problemático de por sí. En su lugar, podríamos referirnos a miembros de una pareja cuyas características personales podrían resultar más semejantes o dispares.

Respecto a esto último, solemos experimentar dos pensamientos erróneos; o bien creemos que los polos opuestos se atraen, o bien, nos empeñamos en buscar un alma gemela

En ambos casos, tenderíamos a pasar por alto que la clave del éxito se enfocaría en el aprendizaje de las habilidades de aceptación y adaptación de aquellas características de nuestra pareja que no nos habíamos planteado que se podrían presentar, pero que igualmente forman parte de la cotidianeidad, como por ejemplo: que no apriete el bote de pasta de dientes por el lugar que lo hacemos nosotros, o que se despierte de mal humor por las mañanas.

Así pues, ¿de qué ingredientes está compuesta la pareja feliz?

La lógica de la relación de pareja problemática

Cuando aparecen los primeros conflictos o diferencias, algunas personas creen no se encuentran delante de su media naranja, o que el amor se ha terminado. Es en este momento cuando resulta imprescindible pararse a analizar que está pasando, evitando tomar decisiones impulsadas por un alto nivel de activación emocional.

En este punto crítico para la relación de pareja, dos factores fundamentales determinarán su destino:

  • Recursos de afrontamiento de problemas: un déficit podría llevar a situaciones conflictivas de pareja.
  • Habilidades de comunicación y de resolución de problemas: que mantendrán o no en el tiempo, las situaciones de conflicto.

Funcionamiento de las parejas no problemáticas

El funcionamiento de las parejas "felices" o no problemáticas constituye un proceso circular que se desarrolla del siguiente modo:

  1. Manifiestas un comportamiento agradable hacia tu pareja.
  2. Tu pareja percibe dicho comportamiento y se siente motivada a comportarse de forma agradable hacia ti.
  3. Como recibes comportamientos agradables de tu pareja, ves recompensados sus comportamientos agradables, y además sientes mayor motivación para volver a comportarte de forma agradable con tu pareja.

Funcionamiento de las parejas problemáticas

Por su parte, el funcionamiento de las parejas conflictivas constituye un proceso en forma de círculo vicioso negativo:

  1. Manifiestas un comportamiento desagradable hacia tu pareja.
  2. Tu pareja percibe dicho comportamiento y se siente motivada a comportarse también de forma desagradable.
  3. Como recibes comportamientos desagradables de tu pareja, te sientes dolido/a, y más motivado/a a volver a comportarte de forma desagradable con tu pareja, y responderle de la misma manera que lo ha hecho.

En este caso, se desarrollaría un círculo vicioso en el que evitas hacer cosas agradables que le gustan a tu pareja, porque tu pareja no hace las cosas que a ti te agradan y viceversa.

Ambos procesos de funcionamiento, tanto el de las parejas felices como el de las parejas conflictivas constituyen una pescadilla que se muerde la cola.

Sin embargo, una vez iniciado el círculo vicioso conflictivo o negativo, el nivel de activación emocional impide que las parejas se detengan a analizar lo que está sucediendo para identificar cuáles son los factores que mantienen el problema en la actualidad y que hacen que éste se prolongue en el tiempo. De este modo, el foco de atención no lo situaríamos en el origen de la problemática, sino en la continuación del problema en la actualidad.

En este punto, detectaremos probablemente un déficit de habilidades para el análisis, el afrontamiento o la resolución de problemas, y/o problemas de comunicación en pareja. En la mayoría de los casos, el origen se sitúa en conflictos sutiles, problemas irrelevantes, detalles anecdóticos, a los que hemos otorgado un gran significado, y sobre los que hemos desarrollado toda una serie de emociones negativas y pensamientos disfuncionales. Son esos detalles insignificantes los que, muchas veces, nos mantienen alejados de ese ideal de pareja feliz.

Comunicar más para resolver conflictos

A partir de lo visto podemos concluir que la empatía y la comunicación son elementos que, en mínimas dosis, son capaces de resolver muchos conflictos. Merece la pena tener en cuenta el valor del diálogo, la comprensión mutua y el análisis razonado de la situación.