Vivir nuevas aventuras puede ser un hábito. Unsplash

Hay quien dice que la vida está para asumir riesgos (o al menos una cantidad sana de ellos) e ir al encuentro de lo novedoso, lo estimulante. Este parece ser el lema de las personas aventureras, individuos caracterizados por intentar que cada día sea diferente y lleno de elementos interesantes (aunque no siempre lo consigan).

En este artículo veremos justamente cuáles son los rasgos y los hábitos que definen a las personas aventureras y el modo en el que es posible reconocerlas a través de ellas.

Así son las personas aventureras

A continuación puedes ver las características definitorias de las personas aventureras.

1. Salen de su zona de confort

La zona de confort es ese conjunto de hábitos y de lugares en los que nos sentimos cómodos y seguros, dado que los asociamos a la tranquilidad, lo predecible y lo que no causa problemas ni da pie a retos que nos puedan estresar.

Las personas aventureras son capaces de apreciar las ventajas de esta “zona de seguridad”, pero no se conforman con quedarse en ella de manera indefinida. Es por ello que se plantean retos que en un primer momento les pueden parecer intimidantes, y se lanzan a por ellos. No es solo cuestión de experimentar ese estado de excitación e ilusión por el porvenir; además, lo hacen para aprender y ganar habilidades que les pueden servir en el futuro, algo que no ocurriría si la rutina marcase su día a día.

2. Buscan cualquier excusa para viajar

Cuando hablamos de personas aventureras, es muy posible que pensemos en visitas a parajes exóticos y lejanos, con pocas comodidades y con una actitud basada en la curiosidad y la improvisación.

Esto suele corresponderse con la realidad, ya que aunque en la teoría para vivir aventuras no tenemos por qué movernos de nuestra ciudad, a la larga el cuerpo de las personas aventureras busca moverse a otros ámbitos. Esto es así porque el hecho de estar físicamente en lugares nuevos, con elementos desconocidos, nos estimula tanto sensorial como cognitivamente, y esto es algo que este perfil psicológico anhela.

3. No piensan en fronteras

Al contrario de lo que ocurre con las personas conservadoras, que ligan su identidad a su concepto de identidad grupal de su etnia o nación, las personas aventureras no se comprometen con entidades territoriales concretas: el mundo entero es su patio de juego.

Es por eso que rechazan la idea de vivir irremediablemente separadas de esos lugares que se guían por otras lógicas y normas, y que se muestran relativamente abiertas con gente que viene de otras culturas.

4. No rechazan sistemáticamente los riesgos

La idea de exponerse a ciertos peligros a cambio de vivir una experiencia estimulante no es rechazada totalmente por este tipo de personas. El motivo es que se intenta hacer un balance de los costes y los beneficios, en vez de rechazar de entrada la situación, porque desde el principio se asume que cualquier situación estimulante viene de la mano de una dosis saludable de estrés y de incertidumbre.

La emoción que produce adaptarse al cambio, en definitiva, hace que los posibles inconvenientes queden minimizados o, por lo menos, no se sobredimensione su importancia.

5. Tienen baja tolerancia a la monotonía

No todos los aspectos de la personalidad de los aventureros son positivos. Por ejemplo, esto se ve en su resistencia a adaptarse a contextos y actividades que terminan por caracterizarse por su monotonía.

A la práctica, esto significa que no se quedan mucho tiempo en el mismo lugar si este ofrece poca variedad de estímulos y de actividades. Sin embargo, esto también puede ocurrir en las relaciones de pareja, ya que están relacionadas con el tipo de hábitos que se adoptan al vivir juntos.

6. No buscan la satisfacción en las fantasías: las hacen realidad

Hay quienes se pasan el día imaginando situaciones ideales como manera para obtener satisfacción. Esto no es visto con buenos ojos por las personas aventureras, ya que puede ser interpretado como una manera de evadir la realidad. Es decir, un engaño que uno mismo utiliza consigo mismo para no salir de la zona de confort.

Así, cuando una persona aventurera se plantea una situación ideal, trata de cumplirla en la práctica, no en la imaginación. Si no lo consigue, tras una breve etapa de frustración, pasan a otro objetivo, para no quedar “bloqueadas” y perder la oportunidad de vivir otras experiencias.

7. Aprenden por su cuenta

El modo de aprendizaje de las personas aventureras no es pasiva, y no siempre depende de la actividad de educadores. Eso significa que el aprendizaje autodidacta es una constante en su desarrollo personal. Se trata de objetivos y metas basadas en habilidades a conseguir tanto a corto como a largo plazo.

Ahora bien, aprender por propia cuenta es en sí un reto. Por eso, tratan de conocer los mejores medios a través de los cuales pueden obtener la información que necesitan o el entrenamiento preciso para llegar a ese punto al que se opta.