Hay personas que hacen de la crítica un hábito. Unsplash

Uno de los aspectos de la sociedad actual es que ahora tenemos más medios para observarnos los unos a los otros. Internet y las redes sociales han hecho que exista mucha información publicada sobre cada persona y que sea muy fácil conocer pedazos de ida de gente a la que ni siquiera hemos hablado nunca.

La mayoría de las personas han aprendido a adaptarse a este cambio tratando de utilizarlo a su favor: es decir, viéndolo como una oportunidad de llegar a más personas, expandir amistades o buscar opciones laborales y empresariales. Independientemente de si queremos hacer uso de esta clase de herramientas, la opción está ahí, y en todo caso, no se busca hacerle daño a nadie: tan solo mejorar uno mismo en algún aspecto a través del modo de relacionarnos con los demás.

Sin embargo, hay quien ve las relaciones sociales desde una perspectiva opuesta. En vez de aprovechar las múltiples maneras de conectar con los demás que nos ofrece el presente, prefieren dedicar buena parte de su tiempo libre en expresar actitudes negativas sobre la gente que les rodea. Se trata de las personas que juzgan y critican a los demás de manera constante y sistemática. En este artículo hablaremos sobre por qué actúan de este modo y cómo podemos aprender de ellas sobre cómo no enfocar nuestras relaciones personales.

Así son las personas que juzgan a los demás

Empecemos por lo básico: ¿cómo reconocer en el día a día a las personas que andan siempre criticando a las demás? Entre las características y hábitos que las definen, las más típicas son las siguientes (no se dan todas a la vez en todos los casos, evidentemente).

1. Quieren seducir a los demás mediante la crítica

Puede sonar contradictorio, pero el hábito de ir siempre juzgando a los demás puede servir para establecer vínculos informales entre personas. Vínculos que son similares a la amistad.

¿Cómo ocurre esto? Por un lado, ir siempre contra los demás pero a la vez tener trato con una persona da a entender la idea de que esa persona es mejor que la gran mayoría. Por omisión, el hecho de que alguien que siempre critica a otros tolere nuestra presencia e incluso parezca disfrutar con ella puede llegar a hacernos sentir bien.

Por el otro, el hecho de sentido juzgado por alguien cercano a nosotros, sumado a lo anterior, hace que creamos que esa persona que siempre critica puede ayudarnos a detectar nuestras debilidades, con lo cual será más fácil vencerlas. El razonamiento es el siguiente: los demás no tienen la oportunidad de tener cerca a alguien que las esté corrigiendo, pero nosotros sí, así que debemos de ser unos privilegiados.

Algo que indica que esto es una forma sutil de manipulación es el hecho de que aunque los comentarios vejatorios o los intentos de ridiculización son frecuentes (lo que se supone que nos tendría que ayudar a reconocer nuestros propios fallos), resulta inimaginable la idea de que la persona que nos lanza esos puñales también nos ayudase a superar esas supuestas imperfecciones.

2. Son incapaces de centrar una discusión en los argumentos

Cuando toca discutir constructivamente acerca de un tema, las personas habituadas a juzgar tienden a dirigir sus comentarios hacia las características negativas que supuestamente presenta el contrario como persona: la falacia ad hominem es su perdición, incluso aunque en un principio estuviesen defendiendo la opción correcta.

3. Utilizan cualquier excusa para ridiculizar

Un estilismo arriesgado, una acción que se desvíe ligeramente de las convenciones sociales o una opinión que simplemente no coincide con la propia son motivos de mofa o de ser usados para “leer la mente” de esa persona y atribuirle todo tipo de imperfecciones de inteligencia o personalidad.

Estos comentarios pueden resultar más o menos ingeniosos dependiendo del caso, pero lo que está claro es que no vienen al caso y hablan sobre características o hechos muy poco relevantes.

4. En las redes sociales, poca sutileza criticando

En Internet, las personas que juzgan a los demás habitualmente sienten que cuantan con la protección extra del anonimato, por lo que aprovechan para dar rienda suelta a su crueldad. Eso significa que dejan toda clase de comentarios despectivos, a la vista de todo el mundo, sabiendo que el impacto negativo de esta clase de publicaciones es más notoria: todo el mundo puede saber quién es el blanco de las críticas, pero no queda muy claro quién las emite.

Además, como Internet suele ser un lugar en el que evitar una discusión o debate racional no tiene un alto coste (a diferencia de un diálogo cara a cara, en el que siempre queda claro quién quiere dejar de intervenir) estas críticas son simples y poco sofisticada, dado que no tienen por qué dar pie a un intercambio de opiniones. Son poco más que insultos que se alargan a través de varias palabras colocadas formando una frase.

¿Por qué critican tanto?

Hay muchos motivos que pueden llevar a una persona a criticar constantemente a los demás, pero varios de ellos son especialmente frecuentes. El principal de ellos es que juzgar a otro de un modo superficial es una manera fácil y sencilla de sentirse superior a alguien y, por comparación, sentirse mejor con uno mismo.

Cuando una de estas personas formula un pensamiento dirigido a hundir a otra persona (ya sea pronunciándolo en voz alta o guardándoselo para sí), en realidad está tratando de evadirse temporalmente de la ruina que es su propia autoestima.

Lo más negativo de estas personas no es lo que ocurre cuando piensan en términos negativos o denigrantes acerca de alguien más, ya que esta clase de ideas son tan simples y poco elaboradas que nadie tiene por qué tomárselas en serio. Lo más negativo es lo que está ocurriendo durante el resto del tiempo en su propia mente, es decir, el reinado de un resentimiento que somete totalmente a la autoestima.

Del mismo modo en el que quienes piensan obsesivamente en una idea que les causa ansiedad tratan de buscar distracciones de manera desesperada, como atracones de comida, el consumo de drogas o incluso los cortes en la piel, hay quien trata de rescatar su autoimagen por un breve instante creando la ficción de que se está muy por encima de alguien más.

Es por eso que, en una época en la que la lucha de egos está a la orden del día, concierne no tomar como normal esos arranques de desprecio hacia otros con los que algunas personas tratan de hacerse notar ante otros y ante sí mismos. Quien necesita arrojar dardo a los demás para mantenerse a flote está mostrando claramente que no tiene nada que ofrecer y que solo le queda pedir ayuda.