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El amor de pareja, ese espacio de nuestras vidas que decidimos compartir con otra persona creando lazos afectivos, es algo que puede adoptar muchas formas y que varía mucho dependiendo del momento y el lugar.

Sin embargo, en nuestra vida amorosa existe algo que es constante y que siempre está ahí, afectando al modo en el que percibimos nuestra relación con la otra persona y la manera en la que interactuamos con ella. Se trata de nuestra personalidad o, más concretamente, de aquellos rasgos de personalidad que nos definen.

Nuestra personalidad aplicada al amor

Y es que si es cierto que nuestra personalidad nos afecta en todos los ámbitos de nuestra vida, no es menos cierto que nuestras relaciones amorosas son uno de los aspectos más importantes de nuestra existencia. Por lo tanto, todo lo que sabemos acerca de los rasgos de personalidad, sacado a la luz a partir de décadas de investigaciones científicas, puede ser utilizado para saber, de manera aproximada, las características del modo en el que tendemos a vivir el amor.

Es por eso que, si nos interesa intentar establecer predicciones aproximadas sobre cómo va a ser nuestra vida amorosa, es mucho más aconsejable basarse en lo que se sabe sobre los rasgos de personalidad que hacerlo basándonos en pseudociencias como la astrología.

Rasgos de personalidad y relaciones amorosas

A continuación puedes leer cuáles son aquellos aspectos de los rasgos de personalidad que nos ayudan a entender nuestra manera de experimentar las relaciones amorosas

Para ello, tomaremos como referencia el Modelo de los 5 grandes rasgos de la personalidad, también conocido como Big Five, en el que se establecen estas dimensiones de personalidad: extraversión, neuroticismo, apertura a la experiencia, responsabilidad y amabilidad.

1. Extraversión

Esta dimensión de la personalidad sirve para establecer en qué medida tendemos a ser personas asertivas y que buscan la interacción social en el presente. Por lo tanto, sirve para medir si somos más o menos activos socialmente o, por el contrario, introvertidos y de difícil acceso.

Las personas extrovertidas están más expuestas a la interacción y al diálogo con otras personas, ya que van al encuentro de este tipo de situaciones. Por eso que pueden pulir más fácilmente sus habilidades sociales y llegar a ser personas carismáticas, con una relativa facilidad para encontrar pareja y gestionar el trato con la persona en la que se tiene un interés romántico.

Sin embargo, este rasgo de personalidad también está relacionado con la tendencia a buscar relaciones de corta duración y buscar la novedad en la vida amorosa, buscando nuevas parejas y no valorando tanto como los demás la vida monógama (algo que recuerda al efecto Coolidge).

Así, las personas introvertidas podrían tener más dificultades para encontrar pareja, pero, en caso de aprender a comunicarse bien con su pareja, tienen más posibilidades de dedicar esfuerzos a hacer que la relación sea estable y duradera.

2. Neuroticismo

El neuroticismo es la dimensión que mide el grado en el que somos estables emocionalmente o por el contrario somos muy sensibles a los cambios de humor y de niveles de ansiedad. Así, las personas que presentan un alto nivel de neuroticismo son volátiles y presentan más dificultades para realizar un autocontrol de sus estados emocionales.

En lo que respecta a la vida amorosa, una alta puntuación en el rasgo del neuroticismo significa una mayor probabilidad de desarrollar insatisfacción en la relación de pareja o el matrimonio, y de divorciarse.

Esto puede deberse a que las personas con mayor grado de neuroticismo son especialmente sensibles al estrés y, además, les cuesta gestionar sus acciones para que esto no sea un problema en sus relaciones con los demás. Por lo tanto, tendrán más posibilidades de generar conflictos con cierta frecuencia y les costará solucionarlos estableciendo vías de comunicación efectivas con su pareja, ya que para ello deberían adoptar una actitud calmada y ver el problema con una perspectiva más fría.

Las personas que, por el contrario, se caractericen por su estabilidad emocional, lo tendrán más fácil a la hora de hacer que estos problemas aparezcan y se reproduzcan a sí mismos a lo largo del tiempo.

3. Apertura a la experiencia

Este rasgo de personalidad señala nuestra propensión hacia la curiosidad y el modo en el que valoramos vivir experiencias novedosas o, por el contrario, el grado en el que nos gusta basar nuestra vida en normas rígidas y estables. Además, es el rasgo del modelo Big Five que tiene menos repercusiones en nuestra vida amorosa. al contrario de lo que ocurre con el neuroticismo, que es la que permite predecir mejor cómo serán nuestras relaciones.

Si hay que señalar un hecho en el que la apertura a la experiencia es significativa en nuestros vínculos románticos, es en nuestras relaciones íntimas. Un estudio señala que las mujeres con mayores puntuaciones en este rasgo tienen relaciones de este tipo con mayor frecuencia, mientras que este efecto no estaba presente en los hombres. Esto puede significar que, en los matrimonios, son las mujeres las que deciden lo que ocurre en su dormitorio y con qué tipo de periodicidad, ya que los hombres están dispuestos a intimar con más asiduidad.

4. Responsabilidad

La responsabilidad es el rasgo que señala nuestra tendencia a seguir los pasos necesarios para conseguir objetivos a medio y largo plazo y a mostrarnos disciplinados. En las relaciones románticas, una alta puntuación en este rasgo indica una mayor probabilidad a evitar las infidelidades y a generar bienestar en la vida en pareja. Del mismo modo, las personas que tienen este rasgo de personalidad más marcado muestran propensión a evitar los riesgos de embarazo y de transmisión de enfermedades venéreas.

5. Amabilidad

La amabilidad señala el grado en el que nos mostramos receptivos al trato amistoso o bien tendemos hacia la hostilidad. Al igual de lo que ocurre con el rasgo responsabilidad, correlaciona positivamente con la satisfacción en el matrimonio, posiblemente porque facilita la comunicación y hace más difícil la aparición de enfrentamientos directos.