El primer antidepresivo tricíclico de la historia fue la imipramina, que apareció en el año 1951. Aunque éste y otros tricíclicos fueron los fármacos más utilizados para tratar la depresión durante muchas décadas, poco a poco los sustituyeron otros medicamentos más efectivos, si bien la imipramina se sigue usando en determinados trastornos, no sólo de tipo depresivo.

En este artículo analizaremos de forma detallada los usos terapéuticos y los efectos secundarios más importantes de la imipramina. También describiremos las propiedades farmacológicas clave de este medicamento y explicaremos en qué casos está contraindicado su consumo.

¿Qué es la imipramina?

La imipramina es un medicamento antidepresivo de la clase de los tricíclicos, a la que también pertenecen la clomipramina, la amitriptilina, la doxepina, la nortriptilina o la desipramina. La imipramina fue el primero de estos fármacos en ser desarrollado; el propósito inicial era su uso como sedante en casos de esquizofrenia y como antihistamínico.

Los antidepresivos tricíclicos fueron durante mucho tiempo el tratamiento farmacológico de elección en los casos de depresión. No obstante, en la actualidad han quedado relegados a un segundo plano a causa del surgimiento de los inhibidores selectivos de la recaptación de la serotonina (ISRS) y otros medicamentos con mayores grados de especificidad y tolerabilidad.

Los efectos de la imipramina son muy amplios, de modo que actúa sobre distintos neurotransmisores; esto explica tanto sus propiedades terapéuticas como las reacciones adversas asociadas a su consumo. Son especialmente relevantes sus efectos agonistas sobre la serotonina y la noradrenalina, que tienen lugar a través de la inhibición de su recaptación.

Aunque la imipramina ha sido comercializada con distintos nombres genéricos, el más conocido de todos es “Tofranil” puesto que esta marca fue la que popularizó el producto y se sigue vendiendo en muchos países a día de hoy.

Usos terapéuticos de este fármaco

La imipramina, como el resto de medicamentos de la clase de los tricíclicos, se utiliza sobre todo para tratar los síntomas del espectro de la depresión. La investigación sugiere que resulta especialmente útil en casos en que la depresión se asocia a síntomas de tipo ansioso, en particular la agitación psicomotora.

En este sentido, la imipramina se prescribe en ocasiones a personas con trastornos como la depresión mayor, la distimia (depresión crónica y leve con ansiedad marcada), el trastorno bipolar, el trastorno de pánico y la agorafobia. También se ha aplicado en casos de trastorno por déficit de atención con hiperactividad, más conocido por la abreviatura “TDAH”.

También es relativamente habitual el uso de imipramina en el tratamiento de la enuresis nocturna. Su eficacia en este trastorno se debe a que este fármaco reduce la proporción de las fases de sueño de ondas lentas, y es en estas cuando los episodios de micción involuntaria tienen lugar normalmente.

Reacciones adversas y efectos secundarios

Las reacciones adversas asociadas de forma más habitual al tratamiento con imipramina incluyen la somnolencia, las sensaciones de mareo, la taquicardia, la sequedad bucal, la retención urinaria y la hipotensión ortostática (disminución súbita de la presión sanguínea). También se producen cambios en la actividad eléctrica cerebral, como los relativos al sueño.

Otros signos que afectan al sistema nervioso central y que tienen una frecuencia algo inferior son la ansiedad, la agitación, el insomnio, las pesadillas, los dolores de cabeza, la confusión o la aparición de temblores, convulsiones y otros síntomas motores relacionados sobre todo con el sistema extrapiramidal.

La imipramina también causa otros efectos secundarios de carácter fisiológico. Entre estos encontramos alteraciones cardiovasculares (hipertensión, palpitaciones, disritmias…), la visión borrosa, las náuseas, los vómitos, el aumento del apetito, las molestias gastrointestinales (como calambres), el estreñimiento, la ictericia y la dilatación pupilar o midriasis.

La sobredosis de imipramina o de otros antidepresivos tricíclicos provoca la aparición de visión borrosa, midriasis, confusión, somnolencia e incremento de la frecuencia cardiaca. La dosis tóxica es más fácil de alcanzar para los niños, y en ocasiones puede llegar a producirse la muerte por paro cardíaco si las alteraciones no se resuelven con celeridad.

Contraindicaciones y precauciones

Incluso en comparación con otros antidepresivos tricíclicos, la imipramina tiene una potencia farmacológica muy intensa. Debido a esto y a su interacción con los receptores de múltiples tipos de neurotransmisor, la utilización de imipramina debe evitarse en numerosas y variadas circunstancias.

Este fármaco está contraindicado en personas con historia de trastornos como el alcoholismo, el hipertiroidismo, la diabetes, el glaucoma, los problemas en los riñones y en el hígado, la epilepsia y particularmente las alteraciones del sistema cardiaco.

Tampoco se recomienda el consumo de imipramina si se están tomando simultáneamente fármacos de distintos tipos, entre ellos los barbitúricos, los inhibidores de la enzima monoaminooxidasa (IMAO), los ISRS, el litio, el metilfenidato, los anticolinérgicos o la buspirona, el medicamento de elección para el trastorno de ansiedad generalizada.

En la actualidad el uso de imipramina se desaconseja en cierta medida a causa de su perfil farmacológico, difícil de tolerar para muchas personas y muy poco específico en cuanto a sus efectos en neurotransmisores relevantes. No obstante, hay que tener en cuenta también que los ISRS y otros antidepresivos modernos también provocan reacciones adversas importantes.