¡Ups!

Se ha producido un error inesperado. Por favor, inténtalo otra vez o contacta con nosotros.

¡Ups!

Se ha producido un error inesperado. Por favor, inténtalo otra vez o contacta con nosotros.

¡Ups!

Se ha producido un error inesperado. Por favor, inténtalo otra vez o contacta con nosotros.

Antes de que nos digamos adiós

Dignificar el acto de despedirnos como nuestro último acto de amor.

Antes de que nos digamos adiós
¿Eres psicólogo/a?

Destaca entre toda tu competencia profesional.

Registrarse

En tiempos de otoño se viven festividades sociales que conmemoran a aquellos que ya no están, a nuestros muertos, y en tales tiempos muchos de los recuerdos que se activan retoman dilemas y cuestionamientos que tal vez dejaron una huella dolorosa y, al revivirse, continuamos preguntándonos: ¿qué nos faltó por decir? ¿Pude haber hecho las cosas mejor?

Y es que hay un instante exacto entre el recuerdo de una experiencia dolorosa por aquellos eventos vividos y la conciencia de una realidad que ahora nos alcanza. Puede ser el silencio abrumador en un consultorio médico tras escuchar un diagnóstico irreversible, la mirada de esa persona que tanto amas confirmando sin palabras que sus caminos ya no se sostienen juntos, ya sea por una muerte inminente, por ejemplo, una enfermedad que no frena, o en relaciones donde no muere alguien, pero sí muere un vínculo, donde ambos se aman, pero sus proyectos de vida ya no son compatibles; o esa punzada frente al espejo cuando te das cuenta de que la versión de ti mismo que conocías ya no tiene cabida en tu futuro, es decir, despedirse de una versión de ti mismo. Y, ante tales escenarios, surge la pregunta: ¿qué es eso que no te atreves a decir hoy y que, si el tiempo se acabara mañana, no te perdonarías haber callado?

Enfrentar que un final se acerca es, probablemente, la experiencia más angustiante y dolorosa, con justa razón, que podemos vivir. Nuestro instinto más primitivo nos grita que miremos hacia otro lado. Queremos evadir la incomodidad, posponer las pláticas difíciles y refugiarnos en la fantasía de que, de algún modo, el tiempo se va a detener o lo podemos prolongar. Es natural: nadie quiere mirar de frente al vacío. Sin embargo, es justo ahí, en el borde de ese caos emocional que se avecina, donde tenemos nuestra oportunidad más grande, la característica fundamental del ser humano: no podemos cambiar nuestra finitud ni el sufrimiento ineludible, pero tenemos la libertad absoluta de elegir cómo vamos a caminar hacia él y elegir nuestro destino.

Lewis Alcántara

Lewis Alcántara

Psicólogo Especialista en Duelo y Diálogo Existencial | Descubre el sentido de tu sufrimiento

Profesional verificado
Ciudad de México
Terapia online

El peso de lo que no dijimos

Si lo pensamos bien, el sufrimiento más desgarrador de una pérdida rara vez viene del adiós en sí mismo; viene de todo lo que se ha elegido callar. Nos aterra la muerte, nos duele la separación, pero lo que verdaderamente nos persigue y nos rompe por dentro a largo plazo es el peso de las omisiones. Es el eco ensordecedor de los «nunca le dije cuánto lo amaba», «nunca tuve el valor de pedirle perdón», «nunca le dije que lo perdonaba» o «nunca me permití mostrarle lo que realmente sentía».

Con base en mis años de experiencia como psicólogo y terapeuta, puedo decir que saber que el final se acerca nos da un poder inmenso: el poder de desarmar esa culpa antes de que nazca. Sentarte frente a esa abuelita que se apaga, frente a esos papás que envejecen o frente a la pareja que está haciendo las maletas y poner en palabras la historia que compartieron lo cambia todo. Articular el perdón y el afecto en el tiempo de salida tal vez no va a evitar que se vayan, pero va a reconfigurar por completo la manera en que tú, que te quedas y continúas, logres seguir viviendo sin que el remordimiento y los recuerdos te consuman.

Aprender a soltar también puede ser un acto de amor

A veces, el mayor acto de amor que podemos ofrecer no es aferrarnos, sino aprender a soltar. Nos enseñaron a creer que las separaciones son sinónimo de fracaso y que el amor verdadero implica sacrificarse hasta las últimas consecuencias o retener y controlar a los demás como si ello implicara no perderlos. Pero la realidad es distinta.

Reconocer que una relación ha dado todo lo que tenía que dar, o aceptar que los proyectos de vida de ambos ya no son compatibles y elegir marcharse antes de lastimarse, es proteger lo que fueron. Es honrar la libertad del otro y la propia; es decidir que la historia termine con dignidad en lugar de forzarla hasta asfixiarla. Si el dolor que sientes al imaginar su ausencia es simplemente el precio del amor que compartieron, ¿estás dispuesto a huir para no sentirlo o vas a elegir quedarte y sostener ese vínculo hasta el último instante?

Despedirnos también de nosotros mismos

Lo mismo ocurre cuando nos toca despedirnos de nosotros mismos. Dejar atrás una profesión, un rol familiar que nos daba seguridad o una manera de ser que nos protegió en el pasado exige atravesar un duelo profundo y solitario. Hay que tener un valor inmenso para soltar lo conocido y permitir que esa versión nuestra termine, sabiendo que esa renuncia es el único puente para tener la oportunidad de reinventarnos. ¿A qué versión de ti mismo te estás aferrando por miedo al vacío, robándote la oportunidad de descubrir lo que viene después?

Es completamente normal sentir que la ansiedad te devora, que no duermes y que el miedo a lo que viene es insoportable. Todo ese caos emocional no es un «defecto» en ti ni es un síntoma que debas suprimir apresuradamente. Es una respuesta coherente. El dolor y el amor están hechos exactamente de lo mismo; no puedes arrancar el miedo a perder a alguien sin arrancarte también la capacidad de amarlo.

Permanecer presentes ante el adiós

Por eso, la tarea no es anestesiarse o intentar «ser fuerte» tragándose las lágrimas. El verdadero desafío es ser lo suficientemente flexible y valiente para quedarte presente a pesar del adiós que se aproxima. Es sostener la mano de quien se va, sentir cómo te rompes por dentro y elegir no salir corriendo de la habitación emocional solo por ello.

Te quedas porque esa persona y esa historia valen la incomodidad extrema que estás sintiendo. Sostenerte ahí, hasta el último segundo, sin evadir la mirada, es una de las maneras más honestas y auténticas de decir y demostrar un «te amo».

Prepararnos para decir adiós es rebelarnos contra la pasividad. No se trata de angustiarnos por el día después, sino de hacernos cargo de nuestra vida hoy. Es renunciar a las excusas y al autoengaño por evitación para entonces propiciar esa última plática existencial, cruda y dolorosa en su honestidad, pero inmensamente sanadora, al descubrir que expresar y afrontar esa realidad dignifica y fortalece ese vínculo por lo que fue, a pesar de que hoy cambia de rumbo.

Cuando no pudimos despedirnos como queríamos

Ahora bien, sabemos que, por probabilidades, no en todas nuestras experiencias nos fue posible despedirnos como hubiéramos querido, y puedo decirte que es comprensible. Muchas situaciones, entre el caos emocional de una crisis o cambio súbito, implicaron tomar decisiones y elegir, tal vez de manera improvisada. Así que comprendemos que, si así ha sucedido, la realidad de un cierre de ciclos no tiene caducidad, sino que este se decide y puede aprenderse a afrontarlo. ¿Cómo estás relacionándote con aquellos que dejaron de estar, pero con quienes hoy sigues vinculado afectivamente incluso más que cuando estaban contigo?

Sé que esta perspectiva puede resultar un escenario fácil y casi poético para quien aún no lo experimenta y, a quienes ya han padecido tales experiencias dolorosas, podría resultarles casi un ideal y llevarles a preguntarse: ¿qué recursos necesitan para lograr expresar lo que sienten para no repetir las improvisaciones dolorosas que hoy les aquejan? Aprender a transitar un cierre es un proceso estructurado, y reconocer esta incertidumbre es la invitación directa para iniciar tu propio diálogo existencial ante un duelo anticipado.

Mirar de frente nuestras despedidas

Y mientras lees esto y llegamos al final de estas reflexiones, justo en el punto en el que te encuentras hoy, reconociendo y mirando de frente a tus propios desafíos, recordando tus pérdidas y a tus seres queridos que dejaron de estar como lo hacían, así como tus próximas despedidas o ciclos finales, vale la pena detenerse a mirar de frente eso que quizá has estado evadiendo.

Si tuvieras ahora la última oportunidad para despedirte, ya sea de ese ser tan querido o de alguien que fue importante en tu historia y ahora se va, así como de aceptar el inevitable fin de una relación, ¿con qué actitud afrontarías ese cierre de una relación que fue tan valiosa en tu historia? ¿Qué situaciones hoy se ponen al frente y te confrontan con el inevitable adiós?

Lewis Alcántara

Lewis Alcántara

Psicólogo Especialista en Duelo y Diálogo Existencial | Descubre el sentido de tu sufrimiento

Profesional verificado
Ciudad de México
Terapia online

Al citar, reconoces el trabajo original, evitas problemas de plagio y permites a tus lectores acceder a las fuentes originales para obtener más información o verificar datos. Asegúrate siempre de dar crédito a los autores y de citar de forma adecuada.

Lewis Alcántara. (2026, octubre 27). Antes de que nos digamos adiós. Portal Psicología y Mente. https://psicologiaymente.com/psicologia/antes-de-que-nos-digamos-adios

Psicólogo

Ciudad de México
Terapia online

Lewis Alcántara es psicólogo especializado en Psicología Clínica, y atiende a adultos y personas de la tercera edad tanto en su consulta de Ciudad de México como de manera online. Está formado además en Psicogerontología, Logoterapia, Tanatología y Duelo, y Filosofía Existencial.

Artículos relacionados

Artículos nuevos

Quizás te interese

Consulta a nuestros especialistas