En muchos artículos de Psicología y Mente hemos recalcado la importancia de hacer de la vida un lugar apasionante por el que transitar en base a objetivos y metas que nos hagan mantenernos despiertos y activos. No es que seamos unos fanáticos de la psicología positiva, pero tenemos muy claro que una de las claves de la felicidad es, precisamente, tener la capacidad para seguir mejorando día tras día.

Mejorar como persona: es posible… y necesario

No nos engañemos: vivir es intentar superarse día tras día. De hecho, se suele decir que la felicidad no es otra cosa que la antesala de la misma, es decir, somos felices cuando estamos cerca de lograr ciertos objetivos y metas que nos hemos propuesto. La felicidad no es, en sí misma, un objetivo que debamos marcarnos, porque -la felicidad- es más bien un estado de ánimo que nos acompaña cuando nos sentimos motivados haciendo cosas que nos gustan, pasando tiempo con personas que nos hacen sentir bien, y un largo etcétera.

El problema es que muchas personas tenemos cargas y responsabilidades que nos anclan a una cotidianeidad gris que no nos motiva lo suficiente como para querer mejorar como personas. Además, vivimos muy influenciados por todo aquello que nos han inculcado, y en muchas ocasiones actuamos inconscientemente en perjuicio de otras personas, y nos autoengañamos para creer que, por alguna razón, estamos actuando correctamente.

¿Obligados a ser felices?

En un artículo muy interesante, el psicólogo valenciano Álvaro Saval hablaba sobre una especie de imperativo social que ha tomado cuerpo en la última década: la obligación de ser (o parecer) personas felices. Por supuesto, la sociedad traza una noción de felicidad muy estrechamente relacionada con el éxito material. Este éxito material (tener un buen trabajo, un buen coche, viajes caros…) puede hacernos un flaco favor a la hora de procurar tener una vida que nos permita mejorar como seres humanos y abordar nuestros intereses más genuinos.

La felicidad no debe ser una obligación sino una consecuencia natural de vivir en consonancia con aquello que queremos hacer y ser, descubrir nuestras verdaderas pasiones y dedicarnos en cuerpo y alma a ellas. Para ser mejores personas, y por tanto más conectados con nuestro entorno, es necesario practicar y entrenar.

5 claves para mejorar como persona (y ser más feliz)

Te propongo cinco claves para ir desarrollando las habilidades necesarias para mejorar como persona, poco a poco y sin pausa. ¿Te atreves a intentarlo?

1. Sé agradecido y generoso

Existen una serie de valores que tienen un efecto instantáneo en las personas que nos rodean. Tal vez, los dos más importantes son la generosidad y la gratitud. Cuando somos generosos, amables y agradecidos con alguien que nos cruzamos por la calle o con un familiar cercano, creamos una buena sintonía que no solo repercute en cómo los demás nos valoran, sino también en cómo nos percibimos a nosotros mismos. Nos hace sentir bien ser amables con otras personas porque, al fin y al cabo, somos seres empáticos.

Además, la gratitud nos marca el camino para superar ciertos traumas, ansiedad y estrés, nos ayuda a eliminar los pensamientos negativos de nuestra mente y robustece nuestro autoconcepto.

Una buena forma de desarrollar la gratitud y la amabilidad es hacer actos altruistas, es decir, obrar bien sin esperar recibir nada como contrapartida. Esto puede resultar chocante en un sistema cultural basado en la transacción comercial e interesada, pero son muchas las investigaciones en psicología que señalan que ser solidario está vinculado con el bienestar, la salud y una mayor esperanza de vida. No se trata de convertirnos en María Teresa de Calcuta de la noche a la mañana, pero si empezamos a dar importancia a los actos altruistas es muy probable que nos sintamos más realizados y tengamos un equilibrio emocional mayor. Para canalizar este consejo podemos optar por realizar algún voluntariado… o, simplemente, por ser amable y desprendido en nuestro día a día, con las personas con las que convivimos o nos cruzamos por la calle.

2. Quien tiene un amigo tiene un tesoro

Quien tiene un amigo, no sabe lo que tiene. En una sociedad donde cada vez nos hacemos menos caso los unos a los otros, tener una o varias personas de confianza con las que poder compartir momentos únicos es un gran valor para nuestra felicidad y para lograr ser mejores personas. Por supuesto, no hago referencia a los "amigos" que podamos tener en redes sociales como Facebook o similares, sino a amigos de verdad, de esos que se cuentan con los dedos de una mano y sobran dedos.

Los amigos de verdad surgen en las más inimaginables situaciones y contextos. Es necesario que seamos concientes de la importancia de cuidar las amistades para generar ese dinamismo que nos aporta los planes en común con un colega, o esas charlas interminables donde hablamos sobre cualquier cosa.

Una de las principales causas de la depresión es la soledad. Vivir alejado del trato humano nos sumerge en una realidad gris y monótona, y por tanto nos aleja de la felicidad y la motivación. Si crees que no necesitas a nadie para ser feliz, es probable que estés intentando autoengañarte, porque no es eso lo que la ciencia (y el sentido común) nos dice. Mantener las amistades también requiere de esfuerzo y altruismo en muchas ocasiones, pero vale la pena.

3. Vive la vida con optimismo

Sí, un tópico. Pero no deja de ser cierto. Las personas que no son optimistas no son mejores ni peores que nadie, pero inconscientemente se van fraguando una realidad aburrida, estática y poco dada a las alegrías. ¿Por qué? No hay nada que incite más a la desmotivación que el no tener una visión positiva sobre las posibilidades que, como persona, tenemos en la vida.

Ser pesimista no solo es una forma de autoboicotearse a uno mismo, sino una autopista sin peaje hacia la mediocridad. Por eso hay que decir no al pesimismo y cargarnos las pilas con una buena dosis de optimismo, aunque al principio no estemos 100% convencidos. Si la psicología positiva tiene un cierto reconocimiento es, precisamente, por haber estudiado a fondo los magníficos efectos de ser una persona optimista y entusiasta.

El optimismo debe ser una filosofía de vida para poder avanzar y contagiar a los que nos rodean de buenas vibraciones. Hemos de ser capaces de dedicar nuestras energías a todo aquello sobre lo que tengamos control, y si vemos que algo se nos escapa de las manos, siempre podremos recurrir a personas que nos ayuden y nos echen una mano. Si nos enfrentamos a un acontecimiento complicado o incluso fatal, como la muerte de un familiar, es normal que nos derrumbemos pero siempre hay que pensar que vendrán tiempos mejores donde ese momento malo solo será un recuerdo de una contingencia de la vida.

4. Relativiza la importancia de los bienes materiales

En otro texto publicado en esta web, nos hicimos eco de un estudio que señala que el dinero no da la felicidad. Puede parecer algo obvio, pero hay personas que siguen creyendo que si acumulan más dinero y riquezas, como coches o casas, serán más felices. Pues todo indica que se equivocan. La ciencia ha demostrado que, superado un umbral en el que vivimos de forma acomodada, ganar más dinero ya no guarda ninguna relación con el grado de felicidad.

Confiar nuestro bienestar y felicidad a las cosas materiales es una forma de conseguir el efecto contrario, una infelicidad permanente, puesto que vamos a seguir queriendo acumular más y más y nunca estaremos satisfechos con lo que tenemos. Y esto se da porque, al fin y al cabo, los buenos momentos de la vida no son los que compartes con un coche descapotable o con un smartphone último modelo, sino con otras personas que te hacen sentir especial.

Cuando nos hacemos la pregunta de qué es lo que realmente nos motiva en esta vida, casi todos solemos responder confiriendo una importancia muy pequeña a los aspectos materiales. No nos motiva ser ricos o tener el mejor reloj o gadget tecnológico. Nos motiva sentirnos bien con nosotros mismos, viajar, rodearnos de personas sinceras y que nos hagan sentir únicos.

Así pues, ¿por qué nos empeñamos en perseguir lo material? La ambición humana tiene este defecto, que prioriza las recompensas tangibles por encima de las cosas intangibles del día a día. Pero debemos recordarnos constantemente qué es lo que queremos conseguir en la vida y qué es lo que valoramos realmente. Solo así estaremos dando un paso al frente y siendo personas mejores de lo que solíamos ser.

5. Dedica tiempo a las cosas que te gusta hacer

Ya hemos ido dando pinceladas a lo largo del post acerca de la importancia de dedicar tiempo y esfuerzo a aquellas actividades y personas que realmente nos hacen sentir bien. Es bastante difícil lograr ser feliz si no dedicamos tiempo a las cosas que nos motivan, ¿no?

Obviamente, no todos tenemos la suerte de trabajar en algo que nos apasione o de disfrutar de las suficientes horas libres como para compensar esta necesidad, que sin duda nos convierte en mejores personas. Para ello, es importante organizarse bien y tender puentes hacia la autoeficacia. Es decir, debemos ponernos pequeños objetivos con los que ir mejorando poco a poco, y así seguir motivados y enganchados a ese hobby que tanto nos gusta.

Por supuesto, a veces es difícil llegar a ser muy bueno en lo que uno practica. Por ejemplo, yo soy aficionado al ajedrez y juego cada día unas cuantas partidas, pero sé que sería muy poco realista pensar que en 5 o 10 años voy a ser tan bueno como Gari Kaspárov. Las pequeñas metas que nos ponemos (como por ejemplo, en mi caso, podría ser jugar un mínimo de dos partidas diarias) nos deben servir para avanzar y seguir activados, motivados con el proceso y no con el resultado. Al final, jugar al ajedrez, así como cualquier otra afición, es un goce por sí misma y no deja de serlo porque pierda unas cuantas partidas contra jugadores mejores que yo. Debemos anteponer el goce del aprendizaje por encima de cuestiones finalistas.

En el campo laboral, la mayoría de personas se muestran un tanto inconformes con las tareas que realizan o el trato que reciben por parte de sus superiores. Esto es natural y no está mal que nos quejemos de vez en cuando, pero hay cosas que podemos hacer para hacer que la rutina se vuelva mucho más agradable. Empezando, por ejemplo, por dispensar un trato amable y jovial con los compañeros de trabajo, para crear un clima de cercanía y cooperación.

En resumen, para ser felices y ser mejores personas debemos caminar hacia unos hábitos que nos motiven y nos mantengan activados. Si somos felices con lo que hacemos los demás lo notan.