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Normalmente, cuando queremos cambiar el comportamiento molesto de los demás utilizamos el castigo (hostilidad, malas formas…), pero debes saber que no es ésta la mejor forma de conseguir que los demás cambien. 

Recientemente se ha demostrado que recompensar o reforzar las conductas deseadas es mucho más eficaz que castigar las que queremos eliminar. Por eso es conveniente que nos mostremos contentos y elogiemos a la otra persona cada vez que dicha persona se comporte de forma deseada (o incluso, cuando se aproxime a ello).

¿Cómo gestionar el comportamiento irracional de los demás?

Pero no basta con elogiar al otro cuando el otro se aproxime o alcance la conducta deseada, es necesario que también utilicemos otra técnica combinada con ésta. Dicha técnica es la extinción, que consiste en no responder ni prestar atención a los comportamientos irracionales de la otra persona. Por tanto, para intentar reducir o aumentar cualquier comportamiento es necesario intercalar el refuerzo de conductas deseadas y la utilización de la extinción con las conductas no deseables del otro.

Puede tener efectividad que atendamos o ignoremos selectivamente lo que nos comunica el otro: por ejemplo, no dar ningún tipo de respuesta (ni siquiera no-verbal) a sus manifestaciones injustas desagradables u ofensivas, y responder con interés y amabilidad sólo a sus expresiones razonables o constructivas.

1. Técnica desarmante

Cuando interactuamos con alguien irracional en ocasiones es necesario mostrar actitud empática, para ello seguiremos algunos pasos:

Primer paso: Frenar la tendencia a enfadarte tú también: En esos momentos debes cuidar lo que te dices a ti mismo. Piensa que aunque el otro esté muy irracional, tiene derecho a decir alguna tontería como la que acaba de decir. Y que ello no te obliga a ti a alterarte también , sino que puedes elegir lo que piensas y lo que haces…(si es necesario cuenta hasta mil para tener buena disposición de diálogo).

Segundo paso: Tratar de comprender su punto de vista: Deja que hable, escúchale y que explique su punto de vista si lo desea. Si no entiendes bien el contenido de lo que te manifiesta sigue haciendo preguntas pero hazlas de forma empática pidiendo detalles y preguntándole si lo has entendido bien. Hacer preguntas y pedir detalles ayuda a no cometer el error de “adivinar lo que piensa el otro” con el consiguiente riesgo de equivocarnos.

Tercer paso: Mostrarte de acuerdo en lo posible: Para calmar a una persona muy alterada conviene mostrarnos de acuerdo con ella en lo posible: en todo, en parte, en su derecho a ver las cosas así, o en que es lógico que esté irritada, dada su percepción de las cosas.

Cuarto paso: Cuando esté calmado explicar tu punto de vista e intentar buscar soluciones a los problemas. Para poder pensar en cosas para solventar el problema creado hay que estar relajado, entonces es el momento de exponerle las cosas como tú las ves (sin dejar de mostrarte empático con sus opiniones y sentimientos), y cuando exista un problema real, así podrás ayudarle y buscar soluciones para minimizar la probabilidad de que esta conducta se repita en el futuro.

2. Ignorar su enfado 

Si ves a la otra persona muy enfadada y verbalmente agresiva con nosotros es bueno manifestar que “solo hablaremos con él/ella cuando se calme (o nos calmemos)”. Si la otra persona no hace caso utilizamos el disco rayado, repitiéndolo todas las veces que sea necesario, con esto evitamos entrar en una cadena de agresividad y violencia, por parte de ambos.

3. Tiempo muerto

Se trata de decirle al otro “ya hablaremos en otro momento, cuando estés (o estemos) más tranquilos” (con tono de voz y lenguaje corporal sereno y firme) e irte a otro lugar, hasta que pase tu enfado o el de la otra persona y podáis hablar tranquilamente.

4. Separar los temas que crean confusión

Cuando nuestro interlocutor intenta defender una actitud irracional o manipuladora entremezclando cuestiones que no vienen a cuento y que pueden confundirnos, es útil decirle que no queremos entremezclar las cosas. Por ejemplo si nos piden que hagamos un trabajo que no queremos hacer y mezclan esa petición con el hecho de que no somos buenos amigos, podemos decirle que una cosa es nuestra amistad, que podemos apreciar de muchas maneras, y otra el hecho de que le hagamos el trabajo que nos pide.

5. Escribir lo que quieres decirle

Esta forma tiene las siguientes ventajas:

  • Podemos ordenar los argumentos, repasarlos y que queden claramente expresados y destacar las ideas que consideres más importantes, sin que la otra persona pueda interrumpirnos.
  • Se reduce la probabilidad de que aparezcan ambigüedades y malos entendidos (propios del lenguaje no verbal).
  • Nos ayuda a evitar situaciones tensas, cuando creemos que la otra persona reaccionará mal en un primer momento, pero después reflexionará y atenderá a razones.

Este tipo de escritos tienen que tener un tono positivo, tener en cuenta a la otra persona, ser claros, y no demasiado extensos.

6. Defenderte con firmeza si es necesario

Ser asertivo significa también que tenemos que defendernos con firmeza de personas que pueden hacernos daño. Esto puede implicar desde alejarnos de ellas o ponerles límites hasta exigir que se respeten nuestros derechos.

Para ser firme sin ser agresivo debes seguir la máxima de defenderte utilizando “guantes de seda y puños de acero”, es decir, defenderte firmemente de ellos, pero sin alterarnos más de los conveniente, sin perder las formas y sin mostrar más aspereza de la que sea necesaria para conseguir nuestros objetivos.

Todos estos ejemplos deben seguir la siguiente máxima: "Nadie respetará mis derechos si no lo hago yo mismo"