No tengo ganas de hacer nada: consejos para recuperar la motivación

Muchas personas se preguntan... ¿por qué no tengo ganas de hacer nada? Veamos las posibles causas.

No tengo ganas de hacer nada
¿Cómo salir de este estancamiento?Unsplash
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Hay días en los que simplemente no puedes con nada: ni las tareas pendientes, ni las llamadas por devolver, ni siquiera las cosas que antes te gustaban. La mente parece haberse quedado sin batería, y cualquier plan, por pequeño que sea, se siente como una montaña. Si te reconoces en esto, no estás solo. Esa sensación de "no tengo ganas de nada" es mucho más común de lo que parece, y no siempre significa lo mismo.

No es solo una cosa: distintas causas, distintas experiencias

Solemos meter en el mismo saco cosas que en realidad son diferentes. Vale la pena distinguirlas, porque entender qué te está pasando es el primer paso para saber qué puede ayudarte.

  • Falta de motivación: es la dificultad para encontrarle sentido a plantearte metas u objetivos, ya sean pequeños o grandes. No es que no puedas físicamente hacer las cosas, es que no encuentras un motivo suficiente para empezar.
  • Fatiga o cansancio: es un agotamiento físico o mental que tiene una causa más identificable —falta de sueño, exceso de trabajo, una etapa especialmente demandante— y que normalmente mejora con descanso.
  • Pérdida de disfrute (anhedonia): es la dificultad para sentir placer en actividades que antes resultaban agradables. Aunque tengas la energía para hacer algo, ya no te produce la satisfacción de antes.

Estas tres experiencias pueden aparecer solas o combinadas, y no son intercambiables: alguien puede estar muy cansado pero seguir disfrutando de las cosas, o tener energía de sobra pero ninguna motivación. Reconocer cuál —o cuáles— estás viviendo ayuda a no tratarte con la misma receta genérica para problemas distintos.

Cuando la falta de ganas se vuelve muy intensa y constante, y se combina con una desconexión casi total del disfrute, a veces se habla de abulia, un estado que puede aparecer asociado a la depresión, aunque no siempre es así.

Señales que pueden indicar que algo no va del todo bien

La falta de ganas para hacer cualquier cosa es algo totalmente diferente a la holgazanería o el cansancio. Se trata de una disposición psicológica por la cual la persona siente que no tiene sentido plantearse metas u objetivos a corto o a largo plazo.

No hay una lista cerrada, pero algunas señales frecuentes son:

  • Llevar una vida muy sedentaria, sin buscarlo activamente.
  • Aislarte o reducir mucho el contacto social.
  • Dejar de avanzar en proyectos que antes te importaban.
  • Sentir que no tienes rumbo ni objetivos que te ilusionen.
  • Que dormir —o intentarlo— sea prácticamente lo único que te apetece hacer.

Estas señales, por sí solas, no dicen nada definitivo sobre lo que te ocurre. Son simplemente una invitación a prestarte un poco más de atención.

La abulia

En los casos más extremos de este fenómeno, esto pasa a llamarse abulia, y es uno de los síntomas típicos de la depresión. La abulia es la ausencia cai total de ganas de vivir o de hacer cualquier actividad. Por otro lado, la abulia aparece frecuentemente junto a la anhedonia, la incapacidad por experimentar placer, con la que se retroalimenta fomentando una vida extremadamente sedentaria.

En estos casos, es muy importante asistir cuanto antes a la ayuda de profesionales de la salud mental, dado que el problema es lo suficientemente grave como para desgaste seriamente la calidad de vida e incluso incremente las posibilidades de que aparezcan pensamientos de suicidio.

Qué puedes probar, sin presionarte

La falta de motivación no se resuelve exigiéndote más. De hecho, la exigencia suele empeorar las cosas cuando ya te sientes sin fuerzas. Estas son algunas ideas para probar, adaptándolas a lo que puedas en cada momento:

Empieza más pequeño de lo que crees necesario. Si una tarea te resulta demasiado difícil, prueba con una parte pequeña de ella. No hace falta terminarla entera para que cuente como un paso.

Divide lo grande en pasos manejables. Cuando algo parece inabarcable, suele ser porque lo estás viendo como un solo bloque enorme. Partirlo en piezas pequeñas hace que el primer paso sea mucho menos intimidante.

Muévete un poco, a tu ritmo. No se trata de "hacer ejercicio" en el sentido exigente de la palabra, sino de introducir algo de movimiento —una caminata corta, estirar el cuerpo— cuando y como puedas.

Busca compañía, aunque sea mínima. El contacto con otras personas, incluso breve, puede abrir espacio a perspectivas y estímulos distintos. No tiene que ser una gran quedada: un mensaje, una llamada corta, también cuenta.

Cuida lo básico sin obsesionarte. Dormir lo suficiente (ni de más ni de menos) y no pasar horas en la cama sin dormir puede ayudar a sostener algo de energía.

Pide apoyo si lo necesitas. No tienes que resolverlo solo. Hablar con alguien de confianza, o con un profesional, es una opción válida en cualquier momento del proceso, no solo cuando "ya no puedes más".

Estas ideas no garantizan que la motivación vuelva de un día para otro; cada proceso es distinto y lleva su tiempo. Lo importante es avanzar de una forma que puedas sostener, sin convertirlo en una nueva fuente de exigencia.

¿Cuándo tiene sentido buscar ayuda profesional?

No hace falta tener un diagnóstico, ni estar seguro de "qué es lo que tienes", para buscar ayuda. Algunas situaciones en las que puede ser especialmente útil consultar con un profesional de la salud mental son:

  • Cuando esta sensación se mantiene durante semanas, sin mejorar.
  • Cuando interfiere de forma notable con tu día a día: trabajo, estudios, relaciones o cuidado personal.
  • Cuando se combina con una pérdida importante de disfrute en casi todo.
  • Cuando aparece un malestar emocional intenso que no logras entender o gestionar por tu cuenta.
  • Cuando notas pensamientos de que no vale la pena seguir, o de hacerte daño.

Buscar ayuda no requiere esperar a estar "lo suficientemente mal". Consultar antes, incluso solo para entender mejor lo que te pasa, es una decisión igual de válida.

¿Qué te gustaría entender mejor?

  • Pantoni, L., Basile, A. M., Romanelli, M., Piccini, C., Sarti, C., Nencini, P., et al. (2001). Abulia and cognitive impairment in two patients with capsular genu infarct. [Article]. Acta Neurologica Scandinavica, 104(3), 185-190.
  • Schuch, FB; Vancampfort, D; Firth, J; Rosenbaum, S; Ward, PB; Silva, ES; Hallgren, M; Ponce De Leon, A; Dunn, AL; Deslandes, AC; Fleck, MP; Carvalho, AF; Stubbs, B (1 July 2018). "Physical Activity and Incident Depression: A Meta-Analysis of Prospective Cohort Studies". The American Journal of Psychiatry. 175 (7): 631–648.

Preguntas frecuentes

La falta de motivación consiste en no encontrar un motivo suficiente para empezar una actividad o plantearse metas, aunque físicamente se pueda hacer. La fatiga es un agotamiento físico o mental con una causa más identificable, como falta de sueño o exceso de trabajo, y normalmente mejora con descanso. La pérdida de disfrute o anhedonia es la dificultad para sentir placer en actividades que antes resultaban agradables, incluso si se tiene energía para realizarlas.

Algunas señales frecuentes son llevar una vida muy sedentaria sin buscarlo, aislarse o reducir mucho el contacto social y dejar de avanzar en proyectos que antes importaban. También pueden aparecer la sensación de no tener rumbo u objetivos que ilusionen, o que dormir —o intentarlo— sea prácticamente lo único que apetece hacer. Por sí solas, estas señales no indican nada definitivo, pero pueden ser una invitación a prestar más atención a lo que ocurre.

La abulia es un estado de ausencia casi total de ganas de vivir o de realizar cualquier actividad, y aparece en los casos más extremos de este fenómeno. Es uno de los síntomas típicos de la depresión, aunque una falta de ganas intensa y constante puede asociarse a la depresión sin que siempre sea así. La abulia aparece frecuentemente junto a la anhedonia, la incapacidad para experimentar placer, y ambas pueden retroalimentarse fomentando una vida extremadamente sedentaria.

Puedes empezar con una parte más pequeña de la tarea, sin necesidad de terminarla entera para que cuente como un paso. También puede ayudar dividir aquello que parece inabarcable en pasos manejables, de modo que el primer paso resulte menos intimidante. La idea es adaptarlo a lo que puedas hacer en ese momento, sin presionarte.

La falta de motivación no se resuelve exigiéndose más, y la exigencia suele empeorar las cosas cuando ya se siente que faltan fuerzas. El artículo propone avanzar de una forma sostenible, sin convertir los intentos de mejora en una nueva fuente de exigencia. Además, estas ideas no garantizan que la motivación vuelva de un día para otro, porque cada proceso es distinto y lleva su tiempo.

Puede ser especialmente útil consultar cuando la sensación se mantiene durante semanas sin mejorar o interfiere notablemente con el trabajo, los estudios, las relaciones o el cuidado personal. También cuando se combina con una pérdida importante de disfrute, hay malestar emocional intenso difícil de entender o gestionar, o aparecen pensamientos de que no vale la pena seguir o de hacerse daño. No hace falta tener un diagnóstico ni esperar a estar “lo suficientemente mal” para pedir apoyo.

El artículo señala que es una situación en la que puede ser especialmente útil consultar con un profesional de la salud mental. En casos de abulia, recomienda asistir cuanto antes a profesionales, ya que el problema puede deteriorar seriamente la calidad de vida e incrementar las posibilidades de pensamientos de suicidio. También plantea hablar con alguien de confianza o con un profesional como una opción válida en cualquier momento.

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Arturo Torres. (2019, enero 10). No tengo ganas de hacer nada: consejos para recuperar la motivación. Portal Psicología y Mente. https://psicologiaymente.com/psicologia/no-tengo-ganas-de-hacer-nada

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