Probablemente todos o casi todos nosotros hayamos sentido en alguna ocasión agotados y sin fuerzas. Ese estado de falta de energía resulta altamente desagradable y conducirnos a perder oportunidades e incluso sernos invalidante.

Pero no tener energía ni motivación no implica que a nivel cognitivo no podamos preocuparnos por lo que nos está pasando y preguntarnos su causa. **¿Por qué estoy tan cansado y sin ganas de hacer nada? **

A lo largo de este artículo vamos a intentar establecer algunas de las posibles causas que nos pueden llevar a dichas sensaciones.

Apatía y astenia: conceptos básicos

Antes de entrar a valorar qué causas nos pueden llevar al cansancio extremo y a la falta de ganas y motivación para hacer cosas, puede resultar útil hacer una breve mención a qué implica este cansancio y sensación de apatía. Para empezar, hay que tener en cuenta que ambas sensaciones se encuentran profundamente vinculadas a nuestro estado de energía, además de poder estar influidas por el estado de ánimo, la biología o el conjunto de vivencias que hayamos tenido.

En lo que respecta al cansancio, se trata de un estado de malestar y debilidad que aunque generalmente poco apetecible es natural, y que en situaciones normativas tiene un significado y función adaptativa. Y es que cuando nuestro cuerpo o nuestra mente utilizan grandes cantidades de energía el organismo avisa de que nuestros recursos están cercanos a agotarse. Ello nos lleva en condiciones normales a intentar recuperar fuerzas, sea durmiendo, comiendo o alejándonos de lo que nos provoca malestar. Este cansancio puede llegar a volverse astenia, en la cual nos sentimos extremadamente fatigados y se nos imposibilita la acción (incluso en aquellas actividades que antes no nos costaban).

Las ganas de no hacer nada se corresponden con el síndrome conocido como apatía: se trata de un estado de pérdida parcial o total de interés y motivación en el que la persona termina por ser incapaz de actuar de manera espontánea y con iniciativa. Este estado suele llevar de la mano no solo falta de motivación sino una disminución de la capacidad de concentración y atención (la cual generalmente se encuentra entorpecida por rumiaciones) y una pérdida de capacidad para tomar decisiones y razonar de manera objetiva.

Aunque no implica necesariamente tristeza o sensación de sufrimiento, resulta habitual que se dé junto a estados de ánimo decaídos y desesperanza. En un grado máximo podríamos estar hablando de abulia.

Causas habituales de apatía y astenia

Es posible que algunas veces nos hayamos hecho la pregunta que da título a este artículo, dudando de los motivos que podemos tener para estar tan ausentes de energía y motivación para actuar.

Lo cierto es que las causas serán diferentes para cada caso, además de que es posible que se deba a una interacción entre diversos elementos. Sin embargo, a grandes rasgos algunos de los principales motivos que nos pueden llevar a una situación o cuadro de apatía y astenia pueden ser los siguientes.

1. Falta de sueño

Una posible causa de que aparezcan estas sensaciones es la ausencia de un período de descanso suficientemente largo y de calidad. Nuestro cuerpo y nuestra mente gastan energía de manera continuada, con lo que necesitan descansar con el fin de repararse y coger fuerzas para actuar.

Si no dormimos lo suficiente nos veremos incapaces de rendir y acabaremos llegando a un estado de falta de motivación para la acción.

2. Agotamiento físico

Aunque parecida a la anterior, lo cierto es que una segunda posible causa de que aparezcan apatía y astenia es llegar a un estado de agotamiento, sea mental o físico.

El agotar nuestras reservas energéticas va a provocar ambas sensaciones. Ahora bien, es también posible que aunque nuestra energía sea baja si que existan ganas y voluntad para actuar.

3. Anemia

La tercera de las posibles causas de cansancio y falta de ganas se encuentra en la alimentación. Ya hemos dicho que necesitamos descansar, pero nuestro cuerpo no es un móvil perpetuo que por sí mismo pueda mantenerse funcionando: necesita nutrientes y oxígeno para que nuestras células (incluyendo las asociadas a la motivación y al control de nuestra energía) puedan funcionar.

Así, estados de carencia alimentaria o falta de determinados nutrientes pueden llevar a un estado de agotamiento y amotivación total.

4. Falta de actividad

Otro de los posibles motivos por los cuales podemos llegar a sentir poca motivación y ganas de hacer cosas tiene que ver, precisamente, con la falta de actividad. El hecho de no hacer nada suele llevar a una gran cantidad de personas a un estado de frustración o de cansancio.

Además, si estamos acostumbrados a una vida poco activa, la idea de reactivarse y ponerse a hacer actividades, deporte, trabajo o incluso salir a disfrutar de tiempo de ocio se hace mucho más difícil y cuesta arriba.

5. Enfermedades médicas

Además de la anemia antes citada, diferentes tipos de enfermedades pueden llegar a causar cuadros de apatía y astenia.

Entre ellas podemos encontrar aquellas vinculadas al sistema endocrino, como el hiper/hipotiroidismo o la diabetes (tanto si hay hiperglucemia como si hay hipoglucemia). Otras se vinculan con el dolor o el nivel de energía física, como la fibromialgia, la fatiga crónica o la artritis. Problemas de corazón, pulmones (por ejemplo la EPOC), hígado o riñones también pueden afectar en este sentido.

6. Sensación de falta de control sobre lo que sucede

Una posible causa de cansancio y falta de ganas de hacer cosas puede provenir de nuestra percepción o creencias respecto a la propia capacidad para influir en el entorno.

Personas que consideren que sus actos no tienen un sentido o un efecto sobre una determinada realidad van a tender a reducir sus conductas y a abandonar la acción, adoptando una postura pasiva. Se pierde la motivación y las ganas para actuar (pues se cree que nada va a cambiar o se va a lograr con ello), y la frustración resultante genera un desgaste a nivel energético.

7. Frustración y falta de objetivos

La ausencia de ilusiones, objetivos y metas vitales, o bien la frustración o imposibilidad de llevarlos a cabo (especialmente si estamos ante una meta u objetivo que nos es fundamental o muy deseada), es también una causa habitual de apatía y sensaciones de baja energía y cansancio.

No saber qué hacer o no ser capaz de definir un plan de acción nos lleva a un estado de angustia y insatisfacción, el cual si se mantiene en el tiempo o llega a hacerse habitual y generalizado en diferentes situaciones puede llevar a sensación de impotencia y falta de control sobre la propia vida.

8. Vivencia traumática

Además de los anteriores, entre las diferentes causas que pueden generar cansancio y falta de ganas se encuentra el hecho de vivir situaciones traumáticas. En este caso podemos estar hablando de una situación típica de lo que ocurre en un periodo de duelo, por ejemplo cuando perdemos a un ser querido o cuando percibimos que perdemos capacidades.

También son síntomas que pueden aparecer en trastornos por estrés postraumático, aunque en ellos suele prevalecer la hipervigilancia, la tensión y la reexperimentación.

9. Estrés

En el día a día nos encontramos con una gran cantidad de demandas a nivel social. Debemos ser eficaces y eficientes en nuestro trabajo, proactivos, competitivos…

Todo ello puede llevar a situaciones de gran estrés y angustia, que se mantiene en el tiempo puede terminar por saturar a la persona y desencadenar una pérdida de motivación y una gran fatiga física y mental.

10. Depresión

Además de todos los anteriores, otro motivo por el que puede surgir cansancio y apatía puede estar vinculado con problemas tales como la depresión.

De hecho, algunos de los posibles síntomas son precisamente la fatiga/sensación de cansancio o la apatía, además de otros más característicos aunque también pueden provocar estas sensaciones como serían la tristeza o la pérdida de capacidad para sentir satisfacción y placer con lo que antes nos gustaba.

¿Como aliviar esta sensación?

Hemos visto algunas causas habituales para que aparezcan cansancio y falta de ganas para actuar. Pero más allá de qué la ha generado, lo que probablemente muchos de quienes se hacen esta pregunta quieren saber es cómo solucionarla.

En esta cuestión resulta fundamental en primer lugar intentar identificar la causa concreta: no es lo mismo que nos aparezcan estos síntomas por tener un enfisema pulmonar que por haber pasado por la muerte de un familiar o por padecer una depresión. Para ayudar a esta identificación habrá que valorar si ha ocurrido en la actualidad o en el pasado algo que nos afecte a nivel emocional (o bien algo que nos recuerde a una desgracia o problema anterior). También puede ser necesario realizar análisis de sangre u otras comprobaciones a nivel médico (especialmente en poblaciones vulnerables), pues puede ser un síntoma de alguna enfermedad.

Saber la duración de este estado también es de utilidad: si es esporádico o si se trata de algo continuado a lo largo del tiempo. Por lo general a mayor continuidad mayor necesidad de buscar ayuda o una solución.

Consejos y terapia

Como posibles maneras de solventar esta sensación a nivel general, resulta recomendable establecer o normalizar los períodos de sueño y mantener una ingesta equilibrada de acuerdo a las necesidades de nuestro organismo. La búsqueda de actividades placenteras y agradables y la formulación de horarios realistas y no excesivamente exigentes es también un método útil. También la escritura de los pensamientos puede ayudarnos a aliviar el malestar a la par que nos puede dar pistas de sus posibles causas.

Otra alternativa es la práctica de técnicas de relajación, especialmente si se trata de algo derivado del estrés. También la meditación o el mindfulness puede resultar útil. Por último, cabe hacer una evaluación de nuestras creencias y autoexigencias respecto a lo que debemos hacer, ser o conseguir, y en caso necesario modificarlas por otras más adaptativas y realistas. En este sentido puede ser necesario buscar ayuda psicológica profesional.