El espectro emocional humano es muy amplio. Hay emociones que las vivimos como positivas, mientras que otras las sentimos como negativas, pero todas tienen una función adaptativa. Sirven para algo.

Aunque siempre se nos ha dicho que es mejor estar alegres que tristes, lo cierto es que la tristeza es también útil cuando se presenta en según qué situaciones.

Aquí vamos a ver más a fondo para qué sirve la tristeza, probablemente la emoción negativa peor vista de todas.

¿Para qué sirve la tristeza en los seres humanos?

Muchos nos hemos criado en un la idea de que debemos vivir felices 24/7, idea que sigue estando muy viva hoy en día. Tradicionalmente, toda emoción negativa ha sido vista como algo intrínsecamente malo, algo a evitar a toda costa, y se ha promovido la idea de que siempre debemos mostrar nuestra cara. Esto es fácil de ver echando un vistazo a las redes sociales: fiestas, viajes, grandes comidas… no son pocas las muestras de que en ese artificial mundo como lo es el virtual todos tienen vidas perfectamente felices.

Pero la felicidad es algo poco común. Todos la queremos sentir, y es normal que sea así, pero no podemos pretender estar felices todo el tiempo ni tampoco pensar que nuestras vidas son terriblemente desgraciadas por no estar alegres todo el rato. Las personas tenemos muchas emociones, cada cual útil para diferentes situaciones y todas ellas adaptativas en caso de mostrarse en los contextos adecuados, y la tristeza no es una excepción.

Si le preguntamos a alguien para qué sirve la tristeza bien seguro es que nos respondería con un rotundo y tajante “para nada”. En parte tiene razón. La tristeza nos sirve para hacer nada durante un tiempo. Nos hace parar para pensar en qué ha pasado, qué es lo que nos ha hecho sentirnos así, cómo podríamos haber evitado la situación desagradable que acabamos de vivir y, en caso de que no haya sido posible evitarla, al menos nos permite reflexionar y aprender de ella.

Para comprender mejor para qué sirve la tristeza debemos reflexionar sobre cuándo aparece. Esta es una emoción que suele surgir cuando se da un proceso de pérdida significativo. En esta vida podemos perder muchas cosas, habiendo algunas que son irrecuperables y que su desaparición nos dejará un gran vacío, sobre todo la pérdida de una relación. Perder a alguien, sea porque ha fallecido o porque se ha apartado de nuestro lado, es siempre algo doloroso, algo que nos aporta tristeza.

Curiosamente, la tristeza que aparece cuando perdemos a alguien también sirve para atraer a otras personas que nos den consuelo. Esta emoción tiene una función relacional, sirviendo para que otras personas nos acompañen en los momentos duros al ver que necesitamos apoyo emocional. En los momentos difíciles las personas nos unimos, tratando de animar a quien vemos triste y demostrándole que no está solo, que queremos que esté mejor. Su tristeza le ha servido para fortalecer sus relaciones interpersonales.

Las funciones de la tristeza

Si bien con estos primeros párrafos hemos ido comprendiendo un poco para qué sirve la tristeza, no está de más mencionar funciones, todas ellas relacionadas tanto con el bienestar psicológico de quien la siente como sus interacciones sociales.

1. Permite elaborar la pérdida

En muchas ocasiones la tristeza aparece en un contexto de duelo por la pérdida de algo o alguien. Esta pérdida, de ser mal gestionada, puede traer consigo consecuencias emocionales a largo plazo.

Sentir tristeza después de haber vivido, por ejemplo, la muerte de un familiar nos permite elaborar la pérdida, en el sentido de que nos hace pararnos y pensar en aquella persona que ya no está a nuestro lado, recordando buenos momentos y ayudándonos a hacernos la idea de que no volverá, pero que su recuerdo siempre estará.

2. Facilita la introspección

Relacionado con el punto anterior, la tristeza nos permite reflexionar sobre lo que ha sucedido. Esto es, facilita la introspección, analizar la situación y sacar algún punto positivo de lo que ha pasado. Nos ayuda a crecer como personas tras vivir algo que hemos sentido como que nos ha quitado o privado de algo.

La vida son aprendizajes y las emociones nos aportan muchos de ellos. Es difícil encontrar en la vida algo que no nos sirva para crecer y mejorar como personas, con lo cual, por muy triste que sea un acontecimiento, siempre podremos adquirir una nueva experiencia a partir de él.

Tristeza

3. Ayuda a sentirnos mejor

Puede que suene hasta contraintuitivo decir que la tristeza nos ayuda a sentirnos mejor, pero realmente todos lo hemos vivido en nuestras carnes. En esta vida, siempre y cuando tengamos una emocionalidad sana, hay altibajos. Después de una caída siempre viene una subida, un incremento emocional que es más apreciado después de haberse sentido triste.

Además, si bien es cierto que estar tristes nos duele es también la emoción que nos permite liberar ese dolor. Una vez liberada esa emoción negativa, nos sentimos muy calmados, desahogados, y con ello es como si hubiéramos recuperado todas las energías para poder seguir adelante.

En cambio, reprimir la tristeza, a pesar de que muchos es lo que intentan hacer, supone una pérdida de bienestar. Con esa represión lo único que conseguimos es gastar energías y sentir un dolor que no podemos evitar sentir, pero que no estamos liberando y que tarde o temprano nos dolerá todavía más.

4. Fomenta el apoyo social

Si bien cada cultura gestiona la tristeza de forma distinta, sí que es común encontrar en todas ellas rituales colectivos para ayudar a una persona que acaba de vivir una experiencia negativa tan importante como lo es el fallecimiento de un ser querido o una ruptura sentimental.

La tristeza sirve para unir a la comunidad, fomentando el apoyo social. Ya seamos familiar, amigo o pareja, cuando vemos a otra persona que muestra signos de estar triste es inevitable que nos acerquemos a ella, le tratemos de dar consuelo y queramos animarla. Queremos demostrarle que nos tiene para lo que necesite.

La empatía es una capacidad que cobra sentido sobre todo cuando aparece la tristeza. Como animales sociales que somos los seres humanos, no tendría sentido que dispusiéramos de esta habilidad para que después ignoráramos la tristeza de los demás o consideráramos que es algo malo sentirla.

La evolución nos predispone a prestar atención y aceptar la tristeza, no ignorarla ni reprimirla. Hacerlo nos aleja de los demás, tanto si somos nosotros quienes estamos tristes como si lo está una persona a la que queremos.

Referencias bibliográficas:

  • Turner, J. (2007). The Evolution of Emotions in Humans: A Darwinian–Durkheimian Analysis. Journal for the Theory of Social Behaviour. 26. 1 - 33. 10.1111/j.1468-5914.1996.tb00283.x.
  • Ekman, P. (1993). Facial Expression and Emotion. American Psychologist, 48(4): pp. 384 - 392.