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El término positivismo deriva de August Comte. Por su labor crítica, sin embargo, se puede considerar a Hume como el primer gran positivista. Puso de manifiesto la imposibilidad de que el razonamiento deductivo produjera aserciones de hecho, ya que la deducción tiene lugar y afecta a un segundo nivel, el de los conceptos.

Positivismo y Empirismo Lógico

El desarrollo del término positivismo ha sido, sin embargo, incesante. Las afirmaciones básicas del positivismo son:

1) Que todo conocimiento de los hechos está basado en datos “positivos” de la experiencia. -que la realidad existe, la creencia contraria se denomina solipsismo-.

2) Que más allá del reino de los hechos están la lógica y las matemáticas puras, reconocidas por el empirismo escocés y especialmente por Hume como pertenecientes a “la relación de ideas”.

En una etapa posterior del positivismo las ciencias así definidas adquieren un carácter puramente formal.

Mach (1838-1916)

Afirma que todos los conocimientos factuales consisten en la organización conceptual y la elaboración de los datos de la experiencia inmediata. Las teorías y las concepciones teóricas, son sólo instrumentos de predicción.

Además, las teorías pueden cambiar, mientras los hechos de observación mantienen regularidades empíricas y constituyen un terreno firme (inmutable) para que el razonamiento científico pueda cimentarse. Los filósofos positivistas radicalizaron el antiintelectualismo empirista, manteniendo una radical visión utilitaria de las teorías.

Avenarius (1843-1896)

Elaboró una teoría del conocimiento orientada biológicamente que influyó en gran parte del pragmatismo americano. Así como las necesidades de adaptación desarrollan órganos en los organismos -Lamarckismo-, así el conocimiento desarrolla teorías para la predicción de las condiciones futuras.

El concepto de causa es explicado en función de la regularidad observada en la sucesión de los hechos, o como dependencia funcional entre las variables observables. Las relaciones causales no son necesarias lógicamente, son sólo contingentes y determinadas por la observación y especialmente por la experimentación y la generalización inductiva -Hume-.

Muchos científicos del siglo XX, siguiendo el camino abierto por Mach, a lo que se añadió la influencia de algunos “filósofos de las matemáticas’ como Whithead, Russell, Wittgenstein, Frege, etc, se aglutinaron más o menos unánimemente en torno al problema positivista de la legitimidad de las teorías científicas.

Afirma Russell: “O bien, sabemos algo independientemente de la experiencia, o bien la ciencia es una quimera”.

Algunos filósofos de la ciencia, conocidos como el grupo del Círculo de Viena, establecieron los principios del empirismo lógico:

1. En primer lugar creían que la estructura lógica de algunas ciencias podía ser especificada sin tener en cuenta sus contenidos.

2. En segundo lugar establecieron el principio de verificabilidad, según el cual el significado de una proposición debe establecerse mediante la experiencia y la observación. De esta manera la ética, la metafísica, la religión y la estética quedaban fuera de toda consideración científica.

3. En tercer lugar, propusieron una doctrina unificada de la ciencia, considerando que no existían diferencias fundamentales entre la física y las ciencias biológicas, o entre las ciencias naturales y las ciencias sociales. El Círculo de Viena alcanzó su máxima actividad durante el período anterior a la segunda guerra.

Convencionalistas

Otro grupo de inductivistas, de distinta orientación -entre ellos aquéllos de influencia marxista, a los que se conoce como escuela de Franckfurt– son los Convencionalistas, que sostienen que los principales descubrimientos de la ciencia son, fundamentalmente, invenciones de sistemas de clasificación nuevos y más simples.

Los rasgos fundamentales del convencionalismo clásico ‑Poincaré- son, por tanto, decisión y simplicidad. Son también, por supuesto, anti-realistas. En términos de Karl Popper (1959, pg. 79):

“La fuente de la filosofía convencionalista parece ser el asombro ante la simplicidad austera y hermosa del mundo según se revela en las leyes de la física. Los convencionalistas (…) tratan esta simplicidad como una creación propia nuestra… (la Naturaleza no es simple), solamente lo son las “leyes de la Naturaleza”; y éstas, sostienen los convencionalistas, son creaciones e invenciones nuestras, decisiones y convenciones arbitrarias nuestras”.

Wittgenstein y Popper

A esta forma de Empirismo Lógico se opusieron pronto otras formas de pensamiento: Wittgenstein, también positivista, se enfrenta, sin embargo, a las posiciones verificacionistas del Círculo de Viena.

Wittgenstein sostiene que la verificación es inútil. Lo que el lenguaje puede comunicar lo “muestra”, es una imagen del mundo. Para el positivismo lógico heredero de Wittgenstein las fórmulas lógicas no dicen nada sobre los significados de las proposiciones, sino que se limitan a mostrar la conexión entre los significados de las proposiciones.

La contestación fundamental provendrá de la teoría falsacionista de Popper, que sostiene la imposibilidad de una probabilidad inductiva con el siguiente argumento:

“En un universo que contiene una cantidad infinita de cosas distinguibles o regiones espacio-temporales, la probabilidad de cualquier ley universal (no tautológica) será igual a cero”. Esto quiere decir que con el aumento de contenido de una afirmación decrece su probabilidad, y viceversa. (+ contenido = – probabilidad).

Para solucionar este dilema propone que se debe intentar falsar la teoría, buscando la demostración de la refutación o el contraejemplo. Además, propone una metodología puramente deductivista, en realidad Hipotético-deductiva negativa o falsacionista.

Como reacción a este planteamiento surgen una serie de teóricos que critican el positivismo lógico -Kuhn, Toulmin, Lakatos e incluso Feyerabend-, aunque difieren acerca de la naturaleza de la racionalidad exhibida por el cambio científico. Defienden nociones como revolución científica, por oposición a progreso -Kuhn-, o la intervención de procesos irracionales en la ciencia -el enfoque anarquista de Feyerabend-.

Los herederos de Popper se aglutinan ahora bajo el Racionalismo Crítico, en un último empeño por salvar la ciencia, la teoría y la noción de “progreso científico”, lo que hacen no sin cierta dificultad, planteando como alternativas, entre otras, el establecimiento de Programas de Investigación rivales, definidos por su heurística, y que compitan entre sí.

Las dificultades de los modelos lógicos aplicados a la metodología de la Ciencia, por tanto, podrían resumirse así:

La inducción de la teoría, a partir de datos particulares, estaba ya claramente no justificada. Una teoría deductivista no logrará nada porque no hay principios generales seguros de los que se pueda derivar la deducción. Una visión falsacionista es inadecuada porque no refleja la práctica científica -los científicos no operan así, abandonando las teorías, cuando presentan anomalías-.

El resultado parece ser un escepticismo generalizado en cuanto a la posibilidad de distinguir entre teorías válidas y teorías ad hoc, por lo que se suele acabar apelando a la historia, es decir, al paso del tiempo como único método seguro, o al menos con ciertas garantías, para juzgar la adecuación de los modelos -otra forma de convencionalismo-.