Uno de los procesos psicológicos que nos ayudan a conocernos. Unsplash.

Los seres humanos tenemos la capacidad de sentir una cantidad inmensa de emociones que nos embargan y condicionan a la hora de tomar cualquier tipo de decisión. Cuando estas emociones suceden en el pasado, estas pueden quedar tan intensamente grabadas que podemos recordarlas por mucho que pase el tiempo. Pero, ¿qué ocurre con las emociones futuras?

Algunos estudios han intentado estudiar nuestra capacidad para determinar las emociones futuras, otorgándole el concepto de predicción afectiva. En este artículo hablaremos sobre esta habilidad, así como de los factores específicos y las posibles aplicaciones.

¿Qué es la predicción afectiva?

La predicción afectiva o pronóstico afectivo es un término que se utiliza dentro de la psicología para definir la capacidad de las personas para realizar predicciones acerca de su afecto o estado emocional futuro y de las consecuencias de estas.

El término fue acuñado por los psicólogos Timothy Wilson y Daniel Gilbert a raíz de sus investigación acerca de esta capacidad. Mientras que las primeras investigaciones se centraban solamente en la medición de las predicciones emocionales, estudios posteriores comenzaron a examinar la exactitud y predicción de estos pronósticos.

Una habilidad mental limitada

Los resultados revelaron que las personas somos tremendamente torpes a la hora de intentar predecir nuestros estados emocionales. Debido a la gran cantidad de sesgos cognitivos tenemos, tales como la focalización, la brecha de empatía y el sesgo de impacto, somos prácticamente incapaces de determinar con exactitud cómo, cuándo y con qué intensidad vamos a experimentar nuestras emociones en el futuro.

El motivo es que los sentimientos experimentados en el presente interfieren y nos ciegan a la hora de tomar decisiones en el futuro, momento en el podríamos sentirnos muy diferentes a como pensamos que lo haremos.

Un ejemplo lo encontramos a la hora de preguntar a las personas cómo creen que se sentirían si les tocara la lotería. Lo más probable es que las personas sobreestimen los sentimientos positivos futuros, ignorando una gran cantidad de factores que pueden influir en su estado emocional fuera del hecho de que les haya tocado la lotería.

Sin embargo, los estudios revelaron que las personas sí eran capaces de predecir la valencia afectiva de sus emociones futuras. Es decir, sabemos si una acción o evento futuro será positivo o no. También somos bastante hábiles para identificar las emociones que tendremos; por ejemplo, al saber que nos sentiremos felices tras un cumplido.

No obstante, estas predicciones no siempre son correctas. Es decir, las personas no aciertan sobre sus emociones futuras en el 100% de los casos. De la misma manera, somos mucho menos precisos a la hora de intentar predecir la intensidad y duración de nuestras emociones futuras.

¿Qué aspectos de la emoción podemos predecir?

La predicción afectiva puede dividirse en cuatro componentes o factores para los cuales las personas tenemos mayor o menor capacidad de predicción. Estos factores son:

  • La valencia afectiva.
  • La emoción específica experimentada.
  • La intensidad de las emociones.
  • La duración de las emociones.

1. Valencia afectiva

En psicología se conoce por valencia afectiva el valor emocional que le damos a una persona, objeto o situación. En el caso concreto de la predicción afectiva, se manifiesta en la capacidad de saber si una persona o evento nos reportará emociones positivas o negativas. Sean las que sean.

Los estudios revelan que las personas somos muy hábiles a la hora de predecir este factor, lo que significa que tenemos bastante claro qué cosas generan emociones positivas y las valoramos como tal, y qué otras cosas provocan emociones negativas y nos producen sentimientos de aversión.

2. Emociones específicas

Predecir la valencia no es suficiente. Además de esto, las personas sentimos las necesidad de saber exactamente qué emociones específicas experimentamos con ciertas situaciones o personas.

Generalmente, tenemos la capacidad de predecir nuestras emociones específicas la mayor parte del tiempo. Somos conscientes de qué circunstancias nos hacen felices y qué otras nos generan sentimientos angustia, miedo o ansiedad.

No obstante, esto no siempre resulta sencillo puesto que en muchas ocasiones podemos experimentar una mezcla de emociones que no siempre parecen resultar compatibles. Por ejemplo, si encontramos una buena oferta de trabajo, pero esta es en el extranjero, nos podemos sentir felices y emocionados por empezar una nueva vida y tener un buen trabajo, pero por otra parte podemos sentir un poco de tristeza al tener que dejar a nuestros familiares y amigos.

3. Intensidad y duración de las emociones

Finalmente, el tercer factor estudiado en las investigaciones de Wilson y Gilbert era la capacidad de las personas para predecir la intensidad de las emociones, así como la duración de estas.

Los resultados determinaron que podemos predecir con bastante precisión tanto la valencia afectiva como las emociones específicas que experimentaremos en el futuro. Sin embargo, en cuanto a la capacidad de predicción de la intensidad y la duración de las emociones, los datos revelan que no somo tan diestros.

La investigación demostró que las personas tendemos a sobreestimar la duración de nuestras reacciones emocionales futuras, fenómeno que se conoce como sesgo de durabilidad. De la misma manera, cuando intentamos predecir cómo de intensas serán nuestras emociones, también caemos en el error de sobreestimar esta intensidad. En este caso el error es debido a un sesgo de impacto.

¿Qué aplicaciones puede tener?

Si bien el pronóstico afectivo ha sido estudiado mayoritariamente dentro del campo de psicología, existen otros muchos ámbitos como el económico, el legal, el campo de la atención médica o la investigación en felicidad

Un ejemplo de la aplicación de los estudios de la predicción afectiva, en un campo ajeno al de la psicología, lo encontramos en el interés que muestran los teóricos del derecho en la tendencia que manifestamos a subestimar nuestra capacidad de adaptación a acontecimientos que suponen un cambio en nuestra vida , puesto que esto les hace cuestionar las suposiciones que existen detrás de las compensaciones por daños y perjuicios.

De la misma manera, esta capacidad también está siendo actualmente estudiada por los teóricos o analistas de la salud, ya que la mayoría de las decisiones cruciales que se toman en torno a la salud dependen de la percepción del paciente sobre su futura calidad de vida.