Las 12 debilidades del ser humano (lista y ejemplos)

Un repaso a las características psicológicas que nos llevan a caer en problemas innecesarios.

Arturo Torres

Arturo Torres

Debilidades del ser humano
Varias características problemáticas.Unsplash.

Existen características psicológicas que si bien en algunos casos pueden ser de utilidad, en la mayoría de las ocasiones, a la práctica, causan más problemas de los que solucionan.

Estos rasgos pueden ser considerados las principales debilidades del ser humano, puntos desprotegidos de nuestra personalidad que pueden convertirse en espacios por los que se cuelen contratiempos. Es decir, que se trata de características psicológicas que nos llevan a auto-sabotearnos, a caer en dinámicas de comportamiento que nos perjudican a largo y medio plazo, tan solo por ceder ante determinados impulsos y deseos.

¿Cómo identificar esos momentos en los que nuestras debilidades nos ponen en una situación vulnerable? Veamos varias ideas y ejemplos.

Las principales debilidades del ser humano

Este es un listado resumido de debilidades típicas por las que perdemos más energía y esfuerzos de los necesarios. Contribuyen a mantener situaciones que nos producen verdaderos quebraderos de cabeza y en muchos casos también hacen surgir de la nada problemas que creamos nosotros mismos y que de otro modo no deberían existir.

Eso sí, como siempre pasa en estos casos, cada nombre de las debilidades del ser humano es una abstracción, lo que significa que cuando aparecen en nuestro día a día no es evidente que estemos ante ellas. Conocerlas ayuda a detectarlas, pero no es suficiente con esto; hay que pararse a pensar y poner atención en lo que hacemos y lo que sentimos.

1. Impaciencia

La impaciencia es uno de los principales obstáculos que nos mantienen separados de nuestras metas. Los objetivos más ambiciosos requieren invertir muchos esfuerzos, tiempo y recursos, y si la impaciencia toma el control de la situación, cualquier plan o estrategia que se dirijan a esa clase de fines se tambaleará por la relativa falta de compensaciones a corto plazo.

Por ejemplo, la decisión de gastar mucho dinero en un viaje y no es un proyecto personal que habría tenido muchas posibilidades de prosperar es una muestra de cómo la impaciencia puede llegar a hacer que nos estanquemos.

2. Egoísmo

El egoísmo puede llegar a ser positivo en situaciones puntuales, pero en una gran cantidad de situaciones lo único que hace es llevarnos a cortar nuestros vínculos con la sociedad.

Así, nos hace quedarnos solos poco a poco, no solo perjudicando a quienes nos rodean a causa de las veces en las que les decepcionamos, sino además llevándonos a perder capital humano a nuestro alrededor: menos gente dispuesta a ayudarnos y a esforzarse por darnos apoyo cuando lo necesitemos.

Egoísmo

3. Celos

Los celos nos llevan a sentir la necesidad de controlar la vida de otras personas por el miedo a perderlas, lo cual es, paradójicamente, un hecho que daña significativamente cualquier vínculo personal que pudiésemos tener con ella al no reconocer su individualidad y libertad personal.

Por ejemplo, una persona que ve con malos ojos que su pareja quede con amigos o amigas a solas, está cayendo en los celos e intentado que toda la vida social del ser querido gire alrededor de ella.

4. Cobardía

La cobardía nos lleva a no tomar decisiones que, aunque son incómodas y suponen salir de la zona de confort, son necesarias para que nuestras vidas o las de nuestra comunidad o colectivo mejore.

Por ejemplo, no querer cortar con alguien para no exponerse a una situación llena de lloros y frustración suele ser un ejemplo de cobardía que perjudica a al menos dos personas (uno mismo incluido).

Hay que tener en cuenta que la cobardía no consiste en el simple hecho de sentir miedo, sino en dejar que el miedo nos paralice y se interponga entre nosotros y una meta que nos puede beneficiar claramente y que sabemos que tenemos oportunidades de alcanzar, por el simple hecho de evitar una situación estresante a corto plazo.

En las relaciones personales, la cobardía suele plasmarse en una falta de asertividad. Y en los procesos de desarrollo personal, esta forma de debilidad personal se plasma sobre todo en la evitación de nuevos retos a cambio de permanecer en las rutinas del día a día (sin exponernos a nuevos objetivos). Por eso, la cobardía suele dar lugar a problemas de autoestima, ya que nos mantiene lejos de las situaciones que nos permitirían demostrarnos a nosotros mismos de qué somos capaces.

5. Conformismo con la ignorancia

El conformismo no tiene por qué ser malo; a fin de cuentas, no todo el mundo vive en una situación en la que pueda permitirse arriesgar constantemente con tal de aspirar a objetivos diferentes.

Del mismo modo, y aunque esta idea parezca ir en contra del sentido común, la ignorancia tampoco es un elemento negativo de por sí; es un aspecto inevitable que forma parte de nuestras vidas, y tal y como señaló Sócrates hace miles de años, reconocerla en uno mismo puede llegar a ser incluso un requisito para avanzar hacia la sabiduría.

Sin embargo, la combinación del conformismo y la ignorancia sí genera problemas. Y es que el conformismo aplicado específicamente al conocimiento es una de las debilidades humanas; el motivo es que nos hace quedarnos a ciegas en un mundo en el que el conocimiento nos puede ahorrar muchos problemas. Lamentablemente, no son pocas las personas que creen que aprender sobre ciertos temas que van más allá de la satisfacción de necesidades básicas del día a día genera más problemas de los que resuelve.

Por ejemplo, la creencia de que no se necesita saber absolutamente nada de política para crear una sociedad justa y funcional suele perjudicar no solo a la persona, sino a toda la sociedad.

Ignorancia

6. Resentimiento

Concentrarse en las viejas ofensas, ya sean reales o imaginarias, es otra de las debilidades del ser humano que facilita la aparición de hostilidades injustificadas.

A veces, en ocasiones, el resentimiento puede llegar a hacer que toda la sociedad en general cause antipatía por un vago sentimiento de ofensa causado por la idea de que la vida nos ha quitado más de lo que nos ha dado. Pero, a la práctica, solo favorece el aislamiento y las dificultades para crear vínculos sentimentales significativos: a poca gente le gusta tratar con quien sostiene actitudes pasivo-agresivas.

7. Dependencia

Hay personas que se acostumbran a vivir según el modo en el que otros viven, imitando sus valores, su manera de pensar y de actuar, e incluso su estética.

Con el tiempo, esto lleva a situaciones insostenibles, porque no es posible vivir indefinidamente siguiendo un proyecto vital que no es el que uno mismo ha construido. Y, cuando quien ha caído en esta dinámica de dependencia se da cuenta, a este problema se le suma el sentimiento de haber perdido el tiempo durante meses o años. Por eso, esta es una de las debilidades del ser humano con un poder mayor a la hora de generar crisis existenciales.

8. Poca apertura a nuevas experiencias

El ser humano debería siempre enfocarse hacia nuevos retos, nuevas experiencias que le permitan dar pasos adelante en su desarrollo personal. Conocer gente nueva, visitar países y culturas, leer sobre temas interesantes... son hábitos que hacen que un individuo crezca intelectualmente y esté más abierto a cruzar nuevos horizontes.

Las personas que no son capaces de abrirse a nuevas experiencias, a menudo se estancan en realidades anodinas, con hábitos poco edificantes y que les anclan a una realidad aburrida. Para intentar resolver esta situación solo es necesario abrir la mente y estar dispuestos a salir de nuestra zona de confort y buscar cuáles son nuestras inquietudes.

9. Actitud controladora frente a los demás

La tendencia a querer controlar el comportamiento de grupos o individuos da paso a muchas disfunciones en la vida social. De hecho, a veces facilita la aparición de violencia, al usar la fuerza como método para demostrar poder y establecer dominancia.

Incluso si la violencia no se da de manera directa, esta es una de las debilidades humanas que pueden derivar en dinámicas sociales problemáticas si se extienden a todo un conjunto de personas por influencia de un líder: creación de un enemigo externo demonizado y caricaturizado, comportamiento sectario, etc.

Por eso, la actitud controladora es uno de los aspectos en los que la calidad de vida de uno mismo y de los demás puede verse dañada: genera confrontación.

10. Exceso de perfeccionismo ante uno mismo

Del mismo modo en el que la búsqueda del control absoluto de los demás da lugar a problemas serios, la búsqueda del control excesivo sobre el propio comportamiento también nos perjudica.

El perfeccionismo disfuncional hace que, a pesar de que algo se nos pueda dar muy bien, el hecho de estar obsesionados con hacerlo todo de la mejor manera nos produzca inseguridades y una baja autoestima al frustrarnos una y otra vez al no conseguirlo.

11. Exceso de Ego

Las personas que se rigen excesivamente según códigos estrictos de honor y que no son capaces de admitir sus errores a causa del orgullo presentan una de las debilidades del ser humano que más dañan la vida social: el exceso de Ego. Esta puede llevar a generarse enemistades de manera totalmente innecesaria, e incluso facilita que se pierda la salud por la incapacidad de reconocer que se necesita ayuda.

Además, esta es una de las debilidades humanas que nos impiden aprender de nuestros errores, ya que en este caso, el simple hecho de reconocer que nos hemos equivocado produce un malestar que la persona no gestiona adecuadamente, tratando de evitar esta clase de experiencias. Este es un fenómeno muy relacionado con lo que se conoce como disonancia cognitiva.

12. Mala gestión de la ira

Las personas que no son capaces de controlar su ira creen que el mundo es un lugar en el que cualquier afrenta hacia ellos debe ser corregida de inmediato, aunque solo sea expresando el enfado y dañando a alguien con ello. De manera irracional, creen que en el mundo hay un sistema de compensación por el cual si el que ha actuado mal no puede compensar el daño, al menos puede ser el blanco de la furia de quien se siente ofendido.

Esto solo trae problemas, porque por un lado la ira les ciega y ni siquiera les permite detenerse a pensar si la persona a la que atacan es la verdadera responsable de lo que les ha pasado, y por el otro, a veces hacer pagar el plato a alguien es incluso peor que no hacerlo, si con ello uno mismo pierde aún más.

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Arturo Torres

Arturo Torres

Psicólogo

Licenciado en Sociología por la Universitat Autónoma de Barcelona. Graduado en Psicología por la Universitat de Barcelona. Posgrado en comunicación política y Máster en Psicología social.

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