Nadie es perfecto, a pesar de que nos cueste asumirlo. A veces metemos la pata o no conseguimos hacer bien las cosas, algo totalmente normal naturalmente, pero que cuesta mucho de asumir.

En muchas ocasiones, lejos de aceptar que quizás no le pusimos todo el esfuerzo que podríamos haber invertido o que no disponíamos de las habilidades necesarias, preferimos decir que fue o bien por culpa de otras personas o que hemos tenido mala suerte... ¡y nos lo creemos!

Buscar explicaciones lógicas aunque no verdaderas a nuestros actos y a los de los demás tiene nombre: racionalización. A continuación veremos en qué consiste este curioso y común mecanismo de defensa.

¿Qué es la racionalización?

Muchas veces lidiar con nuestra vida cotidiana puede causarnos tensión e, incluso, encajar ciertas realidades pueden desbordar nuestros recursos psicológicos. Estas situaciones pueden resultar especialmente amenazantes para nuestro “ego” y, para evitarlo, ponemos en juego varios mecanismos de defensa con la intención de mantener nuestro equilibrio psicológico y evitar cualquier tipo de perturbación. Entre estos mecanismos, uno de los más extendidos es el de la racionalización.

En el psicoanálisis, la racionalización, también conocida como intelectualización, es el mecanismo de defensa que consiste en emplear explicaciones racionales, válidas o no, para ocultar a sí mismo y a los demás los motivos detrás de un comportamiento. Es decir, consiste en justificar acciones tanto nuestras como ajenas de tal manera que eviten la censura, darle una explicación lógica a nuestros sentimientos, pensamientos o comportamientos. Si tuviéramos que darle un lema a este mecanismo sería “eso no es mi culpa porque...”

Los seres humanos no somos perfectos y dentro de esta imperfección no somos capaces de aceptar esta realidad. Es por ello que las personas nos brindamos de razones, aparentemente lógicas, con el fin de justificar nuestras contrariedades y defectos. Racionalizamos cuando intentamos defendernos del efecto frustrante de nuestras acciones y nos tratamos autoconvencer de que o bien ha sido por algo ajeno a nosotros o bien, en caso de haber intentado conseguir algo pero no haber sido exitosos en nuestra tarea, nos convencemos de que en realidad no lo queríamos tanto.

Ejemplos de racionalización

Un ejemplo de racionalización lo podemos encontrar en la fábula de la zorra y la uva. La zorra ve un racimo de uvas en una vid muy alta y se le antojan, con lo que decir saltar para ver si las alcanzas. Lamentablemente para ella, no consigue saltar lo suficientemente alto como para alcanzar el dulce fruto y exclama “¡Ah, están verdes!” y deja de saltar. Sí, es cierto, están verdes y esta apreciación es cierta, sin embargo el motivo real por el que desiste en su intento es porque no consigue saltar lo suficientemente alto, pero de aceptar esta debilidad sentiría frustración por no poder conseguir lo que se ha propuesto.

Otro ejemplo, en este caso más aplicable a la vida misma, es la situación en la que muchos trabajadores y estudiantes viven de tener que entregar un trabajo pero no conseguirlo a tiempo. Lejos de reconocer que fue porque no le dedicaron el suficiente tiempo o no fueron constantes empiezan a ocurrírseles todo tipo de argumentos para justificar que no cumpliran con los plazos. Cognitivamente es mucho más fácil aceptar que no entregaron las cosas a tiempo porque justamente un día el ordenador les fue lento o porque no pudieron hacer su parte porque los demás miembros del equipo de trabajo no hicieron sus partes a tiempo.

También podríamos poner como ejemplo el de una persona que se ha propuesto ir a correr cada mañana pero no lo está cumpliendo. Lejos de reconocer que es porque se duerme o que le da pereza, busca argumentos lógicos pero que no dejan de ser excusas como que no tiene el calzado adecuado, por las mañanas hace demasiado frío y si suda se va a resfriar o que si le pasa algo no va a poder recibir la ayuda de nadie porque a esas horas no hay casi nadie paseando.

Racionalización y psicopatología

La racionalización es un concepto psicodinámico y, como tal, es inevitable relacionarlo con la psicopatología desde esa perspectiva. Esto no quiere decir que las personas sin trastornos psicológicos no racionalicemos o intelectualicemos nuestros actos o que, de hacerlo, tenemos un problema. Es totalmente normal que cuando hacemos algo mal o no logramos aquello que queríamos es lógico y hasta sano echar balones fuera, diciendo que en realidad hemos tenido mala suerte o que es por culpa de lo que han hecho los demás, aunque lo ideal es reconocer en qué hemos fallado para poder mejorar y conseguirlo la próxima vez.

Desde el psicoanálisis freudiano se considera que la racionalización es algo propio de personalidades neuróticas. También es relacionado con personas con egos muy sensibles, en el sentido que no encajan bien sus debilidades y que en caso de que así fuera sentirían una elevadísima frustración y una gran pérdida de autoestima. En ambos casos, inventar excusas racionales les resulta tan fácil que ni se dan cuenta de que lo están haciendo.

Como decíamos, es normal racionalizar nuestras conductas. Sin embargo, esto será un motivo de preocupación cuando estemos constantemente aplicando este mecanismo, buscando explicaciones “racionales” pero no reales a aquello que no nos haya salido bien en vez de ir directos a la raíz del problema, nuestros posibles fallos, y tratar de mejorar. Lo que determina que este mecanismo sea un signo de trastorno es la rigidez con que este se manifieste y su duración en el tiempo.

La racionalización es un mecanismo ciertamente curioso, dado que cuando nos lo aplicamos a nosotros mismos no somos conscientes de que lo estamos aplicando. Es decir, las personas no nos autoengañamos de forma consciente, sino que lo que pasa es que un conjunto de percepciones sesgadas de la realidad actúan haciendo que nos creamos nuestro propio cuento. Por este motivo cuando un terapeuta u otra persona trata de enfrentar a los pacientes que aplican constantemente este mecanismo a la realidad de sus actos, en muchas ocasiones éstos suelen negarlos.

Como aclaración final en este punto no debemos confundir racionalizar con razonar sobre nuestra conducta. La racionalización no tiene por qué restringir nuestro autoconocimiento ni nuestro potencial, esto es, ser conscientes de cuáles son nuestros puntos fuertes y cuáles son nuestras debilidades.

A menudo razonar es el paso que viene después de racionalizar, puesto que una vez le hemos buscado una explicación “lógica” a nuestra conducta y pasa un tiempo, nos damos cuenta de que en realidad se debe a que hicimos las cosas mal o nos faltaba un poco de habilidad. Igualmente, para evitar racionalizar se requiere hacer un ejercicio de aceptación profunda, reconocer que no somos seres humanos perfectos por lo que cualquier error o desconocimiento solo indica que nos debemos esforzar un poco más.

Referencias bibliográficas:

  • McLeod, S. A. (2019). Defense mechanisms. Simply Psychology. https://www.simplypsychology.org/defense-mechanisms.html
  • McLaughlin, Brian P.; Rorty, Amélie, eds. (1988). Perspectives on Self-deception. University of California Press. ISBN 9780520061231.